Francisco en su casa de la Alameda de Hércules de Sevilla.

Mauri Buhigas

“50 años después sigo teniendo pesadillas con las torturas que sufrí”

Torturado en 1975, recibe esperanzado que un fiscal haya admitido a trámite por primera vez una denuncia contra los crímenes de la dictadura


Francisco Garrido (Sevilla, 1958) tenía 17 años cuando en 1975 lo detuvieron en el instituto donde estudiaba bachillerato. La dictadura había hecho una redada por los centros educativos y se llevó detenido a los delegados de clase por delitos de opinión. Este profesor de Filosofía del Derecho en la Universidad Pablo de Olavide ha recibido con esperanza que la Fiscalía haya admitido a trámite la querella presentada por Carlos Vallejo por torturas y delito de lesa humanidad contra seis miembros de la Brigada Político-Social de Barcelona.

Este profesor, que militaba en las Juventudes Comunistas en 1975, fue portavoz federal de Los Verdes hasta 2007 y, en coalición con el PSOE, diputado en el Congreso entre 2004 y 2008. Cuando su padre pudo pagar la fianza de 50.000 pesetas, después de pedir un préstamo, Garrido se exilió en Bélgica donde vivió hasta que cayó el régimen franquista que, aclara, no era solo la dictadura: “Franco murió, pero el franquismo era un régimen y siguió vivo muchos años, diría que décadas”, matiza.

¿Cómo ha recibido la decisión de la Fiscalía?

Con esperanza. Es una decisión coherente con los convenios internacionales firmados por España, pero es contradictorio con ciertas sentencias de algunos órganos judiciales, como el Tribunal Supremo, que decían que las denuncias contra las torturas no podían ser admitidas por la ley de punto final. Un contrasentido porque todos los convenios internacionales que ha firmado España sobre derechos humanos dicen muy claramente que los delitos de lesa humanidad no prescriben. 

¿Existe alguna posibilidad de que salga adelante esta denuncia?

Está por ver, porque con la atmósfera que hay ahora mismo en el poder judicial, en la cultura dominante, tengo mis dudas. Pero bueno, se ha abierto esta brecha y hay que empujarla. Yo, por mi parte, me voy a unir a las denuncias colectivas que se empiecen a interponer. 

¿Por qué no se ha hecho justicia en España con los crímenes del franquismo?

Porque hay una cultura jurídica muy reaccionaria en el poder judicial, no se ha producido ninguna transición en realidad y ahí quedan todavía, especialmente en las cúpulas y en las élites seleccionadas por los sectores más reaccionarios del Estado, gente que sigue defendiendo la cultura franquista de la impunidad. 

¿Quiénes han evitado que las víctimas de la dictadura hayan encontrado justicia?

El mismo poder judicial que está vinculado con poderes fácticos y también, evidentemente, con Alianza Popular, con el Partido Popular, con UCD e incluso con sectores del PSOE, como Felipe González o Alfonso Guerra. Los mismos que están tratando de que no salga adelante la investidura son los que han evitado que se juzgue los crímenes del franquismo.

Me aplicaron la ruleta rusa, me pusieron un revólver con un tambor y, mientras giraba, yo escuchaba la percusión de la pistola en mi cabeza. 

¿De qué responsabiliza usted a estos sectores?

Toda esta gente ha participado del consenso de punto final. Aquí no pasa nada, decían. Pero luego equiparan, después de 40 años de régimen, el terrorismo de Estado con un grupo armado como ETA, que empezó a actuar como producto de esa propia dictadura.

¿Está diciéndome que no es lo mismo ETA que el terrorismo de Estado? 

Claramente, no son comparables uno con otro. Lo cual no significa que el terrorismo de ETA no haya sido terrible y sea absolutamente oprobioso. Pero evidente no es lo mismo. No se puede equiparar a uno y otro y, desde luego, mucho menos amnistiar a los verdugos que nos torturaron a quienes sólo defendíamos la llegada de la democracia y las libertades. Josu Ternera ha sido condenado a 2.500 años de cárcel, pero los criminales del franquismo no han sido juzgados. No, no son lo mismo. 

Hay sectores de la sociedad que dicen que no se puede juzgar a los autores de los crímenes del franquismo porque ya murieron. 

Se han muerto muchos, pero otros no y, sobre todo, no se han muerto sus herederos. Todas las grandes fortunas españolas se beneficiaron del golpe de Estado y del régimen franquista. 27 de las 35 empresas del IBEX ya existían en el franquismo y muchos de ellas nacieron al calor del régimen. 

¿Habla de reparaciones económicas?

Efectivamente. Como en Alemania, donde se ha indemnizado económicamente a las víctimas y familiares que estuvieron en los campos de concentración y a las víctimas de trabajo esclavo. En España hay fortunas que le deben su patrimonio a los crímenes del franquismo y ahí también hay que entrar para hacer justicia.

¿Cómo explicaría a los jóvenes las torturas que sufrió?

Diciéndole que detuvieron a un bachiller de 17 años, a un chaval que estaba en el instituto. Nos detuvieron a un conjunto de chavales que estábamos en el instituto y nos torturaron con violencia extrema. Les diría que se imaginen que los eligen delegado de primero de bachillerato y los detienen por delito de opinión. Así de bruta era la dictadura, pero también el tardofranquismo, porque a mí me detuvieron después de morir Franco. 

¿A qué torturas le sometieron?

A mí me torturaron durante cinco días seguidos, de noche y de día, pero mis torturas no fueron de las peores. Me dieron golpes continuos durante cinco días y no podía ni acostarme por la noche de lo que me dolía el cuerpo. Me aplicaron la ruleta rusa, me pusieron un revólver con un tambor y, mientras giraba, yo escuchaba la percusión de una pistola en mi cabeza. 

¿Y qué se le pasaba por la cabeza en esos momentos?

Pensaba que, si fallaba el mecanismo y disparaba la pistola, me podían llevar al otro barrio. Yo sigo teniendo pesadillas por las noches con aquel sonido y la pistola clavada en mi cabeza, con ese tambor percutiendo en mi cerebro. 

¿Qué otras torturas peores había en las comisarías franquistas?

Por ejemplo, la picana, que se lo hicieron a un sindicalista de Comisiones Obreras que detuvieron conmigo. Le ponían carga eléctrica en los testículos y en el cielo de la boca. También estaba la bañera, que a mí me amenazaron, pero no me metieron. Llenaban una bañera de agua con escupitajos, orines y heces y te metían la cabeza dentro hasta que te quedabas sin respiración, te sacaban, te reanimaban y te volvían a ahogar. Así toda una noche.

¿Qué pretende usted denunciando 50 años después?

No tengo ninguna intención personal. No le deseo mal a nadie, ni muchísimo menos a los que me torturaron. Si me permites la broma, yo, que soy del Sevilla, defiendo que los derechos humanos son tan importantes que hay que aplicárselos hasta a los del Betis (jajaja).

¿Entonces?

Pretendo que se sepa, que la gente conozca lo que se hizo en este país, incluso hasta ya bien entrada la democracia. Lo que dijeron los periódicos. Por ejemplo, Abc, cuando mi detención, que fue una redada masiva por todos los institutos de Sevilla, publicaba que éramos unos agitadores, terroristas. Eso lo dijo ese periódico que ahora va de baladí del Estado de Derecho. 

¿Qué espera de la denuncia del fiscal de Barcelona?

Lo que abre esa querella es la oportunidad de que se escuche por primera vez a un torturado, después de cincuenta años. Hay que recordar que el juez Baltasar Garzón fue el único que escuchó a las víctimas del franquismo, no reconociendo la ley de amnistía, y por eso lo echaron del poder judicial. Todos los medios progresistas que lo aplaudían cuando abrió la causa contra Pinochet, lo acribillaron cuando intentó abrir una vía judicial para juzgar los crímenes del franquismo. Lo que es triste es que hayamos tenido que esperar 50 años a que prospere una denuncia contra las torturas del franquismo.


Madrid –

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