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Reunión de la Junta Directiva Nacional del PP

Reunión de la Junta Directiva del PP tras el 23J

Fernando Sánchez / Europa Press

Díaz Ayuso y Moreno Bonilla miran de reojo la investidura de Feijóo

La presidenta madrileña y el andaluz representan el debate interno que se está dando en este momento en el PP


Feijóo se examina este martes ante los 350 diputados a los que intentará persuadir de que voten su investidura, pero la gran batalla se estará librando fuera del hemiciclo. En el PP ya hay quienes consideran que Feijóo no es la persona idónea para liderar la derecha española y quienes le imputan errores de bulto, como el de no asistir a un debate electoral o la gestión de los pactos territoriales con Vox. 

La propia convocatoria del acto de este domingo en la avenida Felipe II de Madrid, con la participación de los expresidentes José María Aznar y Mariano Rajoy, no fue otra cosa que el intento del presidente del PP de acallar las voces más críticas de los halcones del partido, quienes se siguen referenciando en José María Aznar, quien durante unas jornadas de FAES avivó hace dos semanas el avispero y llamó a rebelarse contra la amnistía. “¡Basta ya!”, dijo el expresidente y fue suficiente para que Cuca Gamarra convocara al día siguiente el acto de reafirmación facha en Madrid. 

No sorprende a nadie que José María Aznar tiene especial predilección por la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, de la misma manera que Ayuso se vincula más con Aznar que con Mariano Rajoy. Ayuso no sólo es la presidenta de una comunidad autónoma, es la presidenta de la región más rica de España donde se concentran los grandes poderes del Estado profundo: judicial, mediático y económico. Ninguna comunidad autónoma financia más a medios de comunicación de derechas que Madrid y controlar los medios es controlar la acción política. 

Bien lo sabe Pablo Casado, que tuvo que dimitir por denunciar las comisiones de Tomás Ayuso, hermanísimo de la presidenta, en los días más duros de la pandemia del coronavirus. Para echar a Pablo Casado sólo hizo falta unas cuantas llamadas del ideólogo del ayusismo, Miguel Ángel Rodríguez, a los medios de comunicación que viven del dinero público de los madrileños. Una portada de El Mundo bastó para matar políticamente a Pablo Casado y una portada será suficiente para matar a Alberto Núñez Feijóo cuando Ayuso considere oportuno intentar dar el salto al liderazgo del PP. 

Preparado para dar el salto está también el presidente andaluz, Juan Manuel Moreno Bonilla, que ha construido un liderazgo mucho más amable que el de Ayuso 

Preparado para dar el salto está también el presidente andaluz, Juan Manuel Moreno Bonilla, que ha construido un liderazgo mucho más amable que el de Ayuso pero que —y no es casualidad— estos días ha mostrado su lado más derechista al llamar al transfuguismo a los diputados socialistas de cara a la investidura de Rajoy. Moreno Bonilla sabe que las elecciones se ganan con sonrisas, abrazando a abuelas en los mercadillos y hasta apelando al feminismo si es necesario, pero una interna en el PP nacional se gana por el lado duro.

Díaz Ayuso y Moreno Bonilla representan el debate interno que se está dando en este momento en el PP. Y si Feijóo no sirve, ¿quién? Ayuso puede atrapar el voto que se ha llevado Vox, pero deja suelto el centro y moviliza al progresismo y a los votantes de la España plurinacional. Como ha comprobado Feijóo, no se ganan unas elecciones teniendo en contra a vascos y catalanes y oponiéndose al feminismo y a los derechos LGTBI. 

Moreno Bonilla, por su parte, puede atrapar el voto centrista, pero dejaría escapar el voto ultra que necesita un liderazgo sin complejos que hable con claridad y que no ceda ni un milímetro a la batalla cultural de la izquierda. El presidente andaluz puede ser tan de derechas como Ayuso, de hecho, lo es, en la gestión de la sanidad, la educación o Canal Sur son indistinguibles, pero no se puede permitir el lujo de mostrarse como una derecha desacomplejada porque Andalucía no es Madrid. Los adversarios de Feijóo este martes no estarán en los escaños del Congreso, sino mirándolo de reojo desde los asientos de invitados del gallinero.  

 


Madrid –

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