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Escrutinio de votos en Galicia — Adrián Irago / Europa Press / ContactoPhoto

El efecto voto útil en las elecciones gallegas

La izquierda transformadora saca como lección que para construir un proyecto político de largo recorrido es imprescindible una adecuada implantación territorial


Las elecciones gallegas del pasado domingo han demostrado dos cosas, que el Partido Popular de Galicia es una autentica máquina de guerra electoral y que el tripartidismo clásico de la política gallega se reconfigura, con el BNG como única alternativa real a los populares.

Más allá de los análisis meramente cuantitativos, me voy a detener en la importancia en estas elecciones del fenómeno del “voto útil”. Las encuestas cumplieron con su función performativa, movilizando al electorado popular ante el riesgo de un vuelco político, y, sobre todo, aglutinando el voto con pulsión de cambio en torno a Ana Pontón.

En esta “carrera de caballos”, han pesado muy poco las propuestas, los programas o el proyecto de país, el voto ha sido finalista y muy concreto, “para echar al PP” o “para que todo siga igual”. La alta participación, con una importante subida en las ciudades, parecía una buena señal de cara al vuelco, pero en esta ocasión no ha sido así.

Hay que asumir que hay una parte importante de la sociedad gallega que quiere que las cosas se queden como están, como quien se resiste a cambiar de compañía eléctrica o telefónica, aunque sea mucho más cara, porque prefiere seguir “con la de toda la vida”.

En cuanto al bloque con pulsión de cambio, el BNG ha sabido capitalizar mayoritariamente a este electorado, captando muchos sufragios de votantes que no son ni soberanistas, ni nacionalistas e incluso castellano-parlantes. La ciudadanía progresista interiorizó que el único camino para alcanzar el gobierno pasaba por votar a Ana Pontón.

Esta concentración del voto ha convertido al PSOE en un partido mediano electoralmente hablando, y supone un varapalo para el gobierno estatal, ya que los socialistas y Sumar han obtenido en su conjunto un 16% de los votos, cuando tan solo ocho meses antes venían de conseguir un 41% en las elecciones generales. El voto dual en Galicia cobra más fuerza que nunca.

Hacer la lectura de que el varapalo de las fuerzas que sostienen al gobierno estatal viene de la amnistía y su política de alianzas con las fuerzas nacionalistas, tal y como sostiene la derecha política y mediática e incluso el PSOE caoba de García-Page es un sinsentido, teniendo en cuenta que quien se ha apropiado de esos votos es el BNG, una fuerza nacionalista totalmente en sintonía con esas políticas.

El fenómeno del voto útil que se ha dado en estos comicios nos retrotrae a dinámicas pretéritas, más propias de la época del bipartidismo en España. A principios de siglo el voto progresista se agrupó en torno a Zapatero en 2004, con el único objetivo de echar al PP del Prestige, de la guerra de Irak y de las mentiras de los atentados de Atocha, Zapatero consiguió mantener e incluso incrementar este voto útil en 2008, para que no regresara un PP instalado en la teoría de la conspiración del 11M, que promovió un boicot a los productos catalanes y que iba de la mano de los obispos en manifestaciones contra el matrimonio igualitario.

El PSOE se quedó con una mayoría holgada en el Congreso, dejando a IU-ICV con tan solo dos escaños, teniendo vía libre para pactar políticas antisociales con CiU y hasta con el PP. Congelación de pensiones, bajada de sueldo a los funcionarios, supresión del impuesto de patrimonio, abaratamiento del despido o la vergonzante reforma del artículo del 135 de la Constitución para priorizar el pago de la deuda sobre cualquier otra cuestión.

La decepción causada por estas políticas derivó en 2011 en el 15M y el movimiento de los indignados, con un cambio de paradigma, el mantra ya no era “echar al PSOE”, sino darle un vuelco al sistema político español, de una partitocracia de corte aristocrático, sin mecanismos de participación popular, se reclamaba un viraje a una democracia más participativa, en la que la ciudadanía tuviera mecanismos reales para la toma de decisiones. La vieja pulsión entre Montesquieu y Rousseau en el fondo del debate del estallido social.

En 2012 hubo elecciones al parlamento gallego, el PP de Feijóo venía de recuperar el gobierno en 2009 tras casi 4 años de un gobierno PSOE-BNG que decepcionó a muchos. Aquí el marco ya no era solo el de echar al PP, ya que la alternativa clásica no generaba confianza, por eso la gran sorpresa de esas elecciones fue la de Alternativa Galega de Esquerda, la primera manifestación política post 15M, que inauguraba un nuevo lenguaje y una nueva forma de hacer política.

El reflujo pendular de la política nos ha llevado de nuevo a un escenario pre15M, con una vuelta al tripartidismo clásico gallego, con una reconfiguración en torno al BNG como alternativa de gobierno. Frente al escenario más propio de sistemas presidencialistas, que es el de frentes amplios y de límites difusos, con fuerzas políticas incipientes construidas desde la participación popular y que apuestan por la acumulación de fuerzas, se vuelve a un panorama más propio de los sistemas parlamentarios clásicos, con partidos fuertes, reconocibles y de larga tradición.

Está por ver que hará Ana Pontón con el capital político cosechado en estas últimas elecciones. Después de 20 años como diputada deberá plantearse si intenta en 2028 por cuarta vez presidir la Xunta, y lo que es más importante, si es capaz de mantener contenida al alma independentista de la UPG, nave nodriza del BNG. El marco de echar al PP parece haber sido suficiente para liderar el bloque del cambio, pero no para asaltar el gobierno.

En cuanto a la izquierda transformadora, son tiempos para recapacitar. Sumar ha obtenido un resultado muy malo, a pesar de contar con apoyo mediático, con encuestas que le daban opciones de entrar para no desanimar a su electorado potencial y con una campaña en la que se han gastado ingentes cantidades dinero, bastante superiores a lo que se va a gastar el Ministerio de Trabajo en bollería industrial para su personal (68.000 euros en el próximo semestre). El proyecto personalista de Yolanda Díaz queda tocado al poco de nacer y se cobra una nueva víctima para su colección, Marta Lois.

El resultado de Podemos Galicia ha sido todavía peor, aunque con muchos menos recursos y boicot informativo, curiosamente los mismos medios que lo ignoraban ahora abren sus análisis sobre las elecciones hablando del fracaso de los morados. A pesar del durísimo resultado, emerge una figura política como Isabel Faraldo, a la que le auguro tiempos mejores en lo que está por venir.

La izquierda transformadora saca como lección que para construir un proyecto político de largo recorrido es imprescindible una adecuada implantación territorial, y esto empieza desde los municipios. Deberá decidir también si se vuelve a apostar por sujetos políticos amplios o por el fortalecimiento de la propia organización, teniendo ambas opciones sus pros y sus contras. Es tiempo de poner las luces largas y de plantear horizontes a largo plazo, desde un debate sosegado y sereno, con los problemas de la gente en el centro y huyendo de cuestiones umbilicales.


Madrid –

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