García Torres, director general de Derechos de los Animales

Dani Gago / Podemos

«Nos miran como referencia para exportar la ley de protección animal a otros países»

A pesar de las presiones del lobby cinegético y taurino, entra en vigor la Ley de Bienestar Animal que protege a las mascotas del abandono y prohíbe los sacrificios en perreras


Sergio García Torres (Madrid, 1979), director general de Derechos de los Animales, departamento de nueva creación dependiente del Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030 que dirige Ione Belarra, ha sido toda la vida activista por los derechos de los animales. En 2019 fue llamado por Pablo Iglesias, entonces titular del departamento competente, para que se encargara de hacer de España una referencia internacional en protección animal.

Finalmente, después de muchos bulos y de que el PSOE se uniera con el PP, Ciudadanos y VOX durante la tramitación parlamentaria para excluir a los perros de caza y evitar el fin de la financiación pública de la tauromaquia, la norma entra en vigor este viernes, a falta de que el próximo Gobierno desarrolle el reglamento que permitirá su plena implementación. A pesar de todo, García Torres considera que esta norma es una buena base para seguir avanzando en el objetivo que en 2019 le encargó Pablo Iglesias.

¿Qué cambios aporta la entrada en vigor de la ley?

La principal aportación es el sacrificio. Actualmente se abandonan en torno a 300.000 perros y gatos al año y de ellos, la mitad se suelen sacrificar de manera legal en perreras. Esto a partir de ahora va a ser imposible, salvo que el sacrificio sea por un motivo sanitario del propio animal. 

¿Cuáles han sido las piedras en el camino durante su tramitación?

Han existido resistencias por parte de algunos colectivos que prefieren la desregulación para poder hacer ciertas actividades. Luego está la presión del lobby cinegético que, sin lugar a dudas, ha presionado mucho para que no se pudiera avanzar todo lo que nos hubiera gustado avanzar con esta ley. 

Finalmente, los perros de caza se han quedado fuera de la ley. ¿Tanto poder tiene el lobby de la caza?

Efectivamente, se han quedado fuera, pero es importante reseñar que, para que un perro esté excluido, no basta con que sea de caza, además tiene que cumplir una serie de requisitos y normas. Debe estar identificado y asociado a una licencia de caza o al Ministerio del Interior si es un perro policía. 

Una vez que entre en vigor la ley, hace falta que se desarrolle su reglamento vía decreto. ¿Qué pasa si finalmente la cartera de bienestar animal recae en el PSOE?

Todas las leyes requieren un desarrollo reglamentario, esto pasa en todas las legislaciones, sean autonómicas o estatales. Dicho esto, entendemos que, pase lo que pase, el mayor riesgo que existía para que la ley fuera papel mojado es que hubiera un Gobierno de derecha y ultraderecha, porque iban a plantear la derogación de la ley de forma casi total. No tengo ninguna duda de que, esté quien esté en el departamento, esta norma será desarrollada en tiempo y forma. 

La ley ha sido víctima de muchos bulos durante su tramitación. ¿Por qué cree que, a pesar del consenso social que existe sobre la protección animal, han existido estas campañas de desinformación?

Pocas leyes han sufrido una campaña de bulos como esta, ciertamente. Yo creo que se debe a que esos colectivos pequeños, pero ruidosos, no querían que saliera adelante esta ley. También se debe a que muchos medios de comunicación han informado de la ley sin conocerla. El bulo más destacado es el que decía que se iba a prohibir tener cobayas y hámsteres en casa.

¿De dónde procedían los bulos?

Sobre todo, de los colectivos cinegéticos y, también, por parte de criadores de especies tóxicas que, muy probablemente, con esta ley tendrán que modificar su trabajo. Pero la inmensa mayoría de los colectivos y profesionales relacionados con la protección animal o con los animales de compañía aprueban la ley. 

¿Cabe la posibilidad de reformar la ley en esta legislatura para incluir a los perros de caza?

Sería conveniente, pero esta norma, que ya es realidad, es la más importante que se ha aprobado en España con relación al bienestar animal. 

¿En qué se podría haber ido más lejos?

Por ejemplo, en impedir los espectáculos con cetáceos, en zoológicos o en el uso de animales para pieles, lo que popularmente se conoce como cría de visón americano para hacer abrigos.

¿Quiénes se opusieron?

La ley no ha podido ir más lejos porque el PSOE se alió con el PP, VOX y Ciudadanos en la tramitación parlamentaria para evitar que fuera una ley de máximos. No obstante, sobre la base de esta norma, a través de modificaciones legislativas o de reglamentos, se puede ir avanzando.

García Torres considera que esta norma es una buena base para seguir avanzando en el objetivo que en 2019 le encargó Pablo Iglesias

¿En qué situación queda España en relación con el bienestar animal tras la entrada en vigor de la ley?

En una posición muy privilegiada y no lo digo yo, sino que lo dicen los expertos en la materia. Países de la Unión Europea y de América Latina nos miran como referencia para exportar la ley.

Una de las críticas desde sectores ecologistas que se hace al animalismo es que todo se reduce a perros y gatos.

Sin lugar a dudas, esa crítica tiene razón. Lo que pasa es que confundimos el animalismo con el mascotismo. La protección hacia los animales tiene que ir más allá de las mascotas que tenemos en nuestro entorno, pero vamos por el buen camino. La gente reclama, de una forma mayoritaria, mayor protección para los animales y no solo para las mascotas.

¿Ha habido algún intento de incluir la prohibición de financiar con dinero público la tauromaquia?

En un inicio, en los primeros borradores de la ley se planteó la derogación de la Ley 18/2013 para la regulación de la tauromaquia como patrimonio cultural, pero no hubo consenso dentro del Gobierno porque el PSOE se opuso para avanzar en esta cuestión; con lo cual, ha quedado sobre todo una ley de protección de animales de compañía y silvestres en cautividad. Los espectáculos taurinos tienen que ser un eje fundamental sobre el que trabajar en esta legislatura. 

¿Es posible ser animalista sin ser ecologista?

Son cuestiones que están muy relacionadas, aunque es cierto que a veces se plantea el animalismo como la protección de los individuos que están cerca de nosotros y no la protección del ecosistema urbano y social.

¿Y se puede ser animalista sin ser de izquierdas? 

Creo que sí, porque el animalismo se refiere a la empatía con los animales de nuestro entorno. Aunque, desgraciadamente, la derecha en nuestro país se ha posicionado muy alejada de estas cuestiones. Es algo muy llamativo porque en el resto de países de nuestro entorno no es así. Podemos hablar del Reino Unido, donde una ley reciente ha sido impulsada por los conservadores; o de países como Hungría o Rumanía, con Gobiernos muy cercanos a la ultraderecha.

¿Por qué crees que la derecha no termina de empatizar con la causa animalista?

Sobre todo, tiene mucho que ver con la presión de los lobbies cinegéticos y de los espectáculos taurinos, que niegan por completo todo lo que tiene que ver con la protección animal. En Países Bajos son los partidos de derechas los que impulsan medidas de protección animal. La derecha española es una rara avis en Europa en protección animal.


Madrid –

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