Argentina ante un cruce de caminos

Esta elección es vista como la más importante de los últimos 40 años por la centralidad de Milei


La Argentina atraviesa un momento de ansiedad pocas veces visto.  El 19 de noviembre se realizará un balotaje —el segundo de su historia— entre el candidato oficialista Sergio Massa y el opositor Javier Milei cuando se cumplen 40 años del retorno de la democracia.  En realidad, es la primera vez que este país tiene 40 años seguidos de democracia ya que desde su independencia en 1816 los períodos democráticos fueron sucesivamente interrumpidos por golpes militares, lo que no es un detalle menor para la memoria colectiva.

Esta elección es vista como crucial por la aparición de un opositor extravagante de extrema derecha que sostiene ideas asociadas a un pensamiento conservador y reaccionario del siglo XIX que —además— lleva como candidata a la vicepresidencia a una mujer que reivindica la última dictadura militar (1976-1983).

Por el lado del peronismo se presenta Sergio Massa, actual ministro de economía y candidato de un gobierno del que es parte, pero se quiere diferenciar. Para comprender esta elección hay que tomar en cuenta la figura de Cristina Fernández de Kirchner, versión siglo XXI del peronismo.  Y si en el siglo XX la historia del país estuvo atravesada por la antinomia “peronismo vs anti-peronismo” ahora ésta es “kirchnerismo vs anti-kirchnerismo”.  De allí que los medios opositores hace años estigmaticen como “k” a cualquiera que apoye alguna medida del gobierno, como si hoy en la Argentina solo existieran los “k” o “anti-k”.    De hecho, Patricia Bullrich, la candidata presidencial que obtuvo el tercer lugar, hizo campaña planteando que ella era la única que podía “terminar con el kirchnerismo”, consciente de que millones de personas odian al kirchnerismo por encima de cualquier otra cosa. 

En la primera vuelta Sergio Massa obtuvo el 36.7% de los votos, Javier Milei el 29.9 y Patricia Bullrich el 23.8%.  Estos datos se completan con otras fuerzas y los votos en blanco e impugnados, ahora apetecibles para el balotaje que es a todo o nada y se puede ganar por escasa diferencia, como sucedió en la elección presidencial del Perú en 2021, que se definió por 45 mil votos, o en El Salvador en 2014 por menos de 7 mil votos.

Para remontar el resultado Javier Milei fue a buscar rápidamente el apoyo del expresidente Mauricio Macri, padre de la coalición que llevaba como candidata a Patricia Bullrich.  Si bien las matemáticas en política no son exactas, Milei es consciente de que los votos de Bullrich son  indispensables para triunfar en la segunda vuelta. 

Aprovechando la antinomia mencionada, una vez que Milei pasó al balotaje y selló una alianza con Macri, incorporó a su clásica diatriba contra “la casta” la palabra “kirchnerismo”.  Una de las características del candidato que se dice “paleolibertario” o “anarcocapitalista” -definiciones incomprensibles para la mayoría de la población- ha sido su constante ataque a diestra y siniestra de “la casta”, la clase política en su conjunto, incluso por encima del anti-kirchnerismo.   Sin embargo, necesitado de Macri y de Bullrich, no dudó en abrazarse con ellos a pesar de las barbaridades que les dijo en el pasado.  Poco antes de la primera vuelta Milei acusó en público a Patricia Bullrich de haber colocado bombas en jardines de infantes aludiendo a su pasado de militante peronista que luchó contra la dictadura militar, lo que era absolutamente falso.  Ahora es su aliada.

El pacto con Macri le ha provocado fisuras en sus fuerzas ya que su discurso “anticasta” los incluía también a ellos.  Sin embargo, para muchos sectores Macri aparece como “garante” de que la emocionalidad excesiva de Milei no se desborde y siga provocando rechazo en amplias capas de la sociedad de cara a la segunda vuelta.  Ante la falta de partido político, de experiencia y de gobierno en ningún ámbito, Macri le aporta la seriedad de alguien que proviene del mundo empresarial y una gran cantidad de funcionarios propios que le pueden brindar gobernabilidad.

Pero Milei es un personaje difícil de encasillar y absolutamente disruptivo, obsesionado con algunos temas, sea la persecución de los “zurdos” —como se califica despectivamente a quienes adhieren a ideas progresistas y de izquierda en la Argentina— o la eliminación del rol del Estado en casi todos los ámbitos.  El desconcierto respecto de su persona llega al extremo que gran parte de sus seguidores ni siquiera cree que hará todo lo que dice que va a hacer, sea porque suena disparatado o porque es sencillamente inviable.  A su vez, ha dicho tantas barbaridades juntas —como que el papa Francisco “es el representante del maligno sobre la tierra” o que está a favor de la venta de órganos— que nadie sabe qué puede hacer si gana la presidencia.

Esta elección es vista como la más importante de los últimos 40 años por la centralidad de Milei.  Su triunfo puede provocar un descalabro de proporciones en la Argentina, y por eso el mundo mira con atención lo que pueda suceder el próximo 19 de noviembre.


Madrid –

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Editorial

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