El referéndum sobre el Esequibo refuerza al Gobierno de Venezuela

Con una participación superior a los 10 millones de votos, el Gobierno de Venezuela sale reforzado nacional e internacionalmente en relación al reclamo histórico por la soberanía del territorio del Esequibo


Venezuela ha celebrado durante el domingo un referéndum en torno a algunas de las posiciones que el país debe tomar en relación al reclamo histórico por la soberanía del territorio de la Guayana Esequiba. La consulta popular tiene lugar en un clima de creciente tensión con la República Cooperativa de Guyana, el otro actor estatal implicado directamente en el conflicto. El territorio en disputa comprende todo el territorio bajo control efectivo guyanés que se halle al oeste del río Esequibo. Se trata de un espacio geográfico más grande que Portugal; representa cerca de dos tercios del total del territorio controlado por Guyana, aunque en él reside menos de un 15% de la población nacional del joven país (aprox. 100.000 habitantes del total de 800.000 guayaneses).

De escaso interés para los españoles durante los primeros siglos de la colonización del continente americano, el territorio al oeste del río Esequibo fue paulatinamente tomado por los holandeses hasta que el Tratado de Münster determinó que dicho río sería la referencia para el establecimiento de una frontera que efectivamente operó entre ambos imperios: al este del Esequibo, la Guayana Neerlandesa (hoy, Guyana y Surinam); al oeste, territorios del Imperio Español que posteriormente crearía la Capitanía General de Venezuela. Bajo el principio legal “uti possidetis iuris”, rector de la mayoría de procesos de independencias latinoamericanas y africanas, la Guayana Esequiba es efectivamente venezolana. “Uti possidetis iuris” certifica que a un territorio descolonizado le pertenece por derecho propio el control de aquellos territorios que pertenecían al imperio del que se liberó.

Con todo, el escaso control de facto que España, primero, y la Venezuela independiente, después, ejercían sobre el territorio, hizo posible la penetración británica, consolidada a posteriori con motivo de la débil diplomacia del joven estado latinoamericano y gracias al Laudo Arbitral de 1899 en el que Venezuela no participó y en el que se determinó que solo el 10% del territorio de la Guayana Esequiba quedaría bajo control venezolano; el resto, lo dominaría Reino Unido. Cincuenta años más tarde, la denuncia de irregularidades y vicios realizada en 1949 por uno de los consejeros estadounidenses que representó a Venezuela en dicho laudo reabrió la causa desde el lado venezolano. En 1966, año de la independencia de la República Cooperativa de Guyana, el Reino Unido reconoció el conflicto y abrió las puertas a posteriores negociaciones que nunca fueron en realidad fructíferas. En 2018, Guyana activó la vía de la Corte Internacional de Justicia pese a la oposición de Venezuela, que solo reconoce el Acuerdo de Ginebra de 1966.

El resultado del referéndum pone sobre la mesa unos números relativamente favorables para el Ejecutivo venezolano en los dos planos de la votación: el nacional y el internacional. La victoria del “sí” por sobre el “no” no es noticia por sí misma: no existía un escenario posible en el que el “no” hubiera sido la opción más elegida por los votantes. El reclamo por la soberanía del Esequibo es uno de los pocos consensos generales que comparte el chavismo y una porción considerable de la oposición -existiendo, no obstante, notables diferencias en cuanto al abordaje del conflicto y en cuanto al grado de relevancia coyuntural que se le otorga. Como en otros “desajustes” por la soberanía que definen el mapa latinoamericano, en el asunto del Esequibo hay un reconocimiento popular, casi indiscutido, de que la región es, de hecho, venezolana, incluso aunque su estatus internacional diste mucho del de ejemplos como el de la ocupación británica de las islas Malvinas y el reclamo de Argentina (a diferencia de la Guayana Esequiba, este último sí es reconocido por Naciones Unidas como un territorio pendiente de descolonización).

El Gobierno de Venezuela se jugaba dos claves este domingo en las urnas: por un lado, una suerte de pre elección nacional anterior a los comicios que están todavía configurándose de cara a 2024; por el otro, un golpe sobre la mesa a escala internacional que fortaleciese sus posiciones en la nueva fase de la disputa. El factor central del referéndum no era el “sí” o el “no” (el “sí” ha superado el 95% en las cinco preguntas planteadas), sino la participación. En este sentido, el proceso se ha saldado con un notable para la administración Maduro. Más de diez millones y medio de venezolanos han participado en el referéndum, según el Consejo Nacional Electoral (CNE).

En perspectiva, son algo más de 4 millones de sufragios más que los que participaron en las elecciones legislativas del año 2020 (poco más de 6 millones de votantes en aquella ocasión) y supera en seis millones los votos que obtuvo el Gran Polo Patriótico Simón Bolívar en los mismos comicios. Tanto la participación como el apoyo a los “cinco síes” se hallan en torno al 50%, porcentaje que supera con contundencia el 30% de participación en aquellas parlamentarias de diciembre del 2020.

En ningún caso puede afirmarse que esos diez millones y medio de electores que han acudido a las urnas conforman el nuevo número de referencia para medir el apoyo al oficialismo venezolano que apenas superó los 4 millones de apoyos hace tres años, aproximadamente el 20% del censo total, ni siquiera los “síes” representan esta realidad. Sin embargo, y aunque la causa de la Guayana Esequibo es históricamente no ideológica, el referéndum es coyunturalmente partidista. El llamado de la líder opositora María Corina Machado a que la consulta sea suspendida, en conjunción con una intensa campaña del presidente Maduro y de todo el aparato político del chavismo, han dotado al referéndum de un cierto peso político que permite leerlo en clave nacional y afirmar que el oficialismo sale reforzado del proceso.

Internacionalmente, este referéndum con estas preguntas y este nivel de participación hace esperables ciertos pasos al frente por parte de Venezuela. La consulta ha certificado el “sí” a “rechazar por todos los medios, conforme al derecho, la línea impuesta fraudulentamente por el Laudo Arbitral de París de 1899”; el “sí” a “apoyar el Acuerdo de Ginebra de 1966 como el único instrumento jurídico válido para alcanzar una solución práctica y satisfactoria para Venezuela y Guyana”; el “sí” a “no reconocer la jurisdicción de la Corte Internacional de Justicia para resolver la controversia territorial sobre la Guyana Esequiba”; el “sí” a “oponerse, por todos los medios, conforme a derecho, a la pretensión de Guyana de disponer unilateralmente de un mar pendiente por delimitar, de manera ilegal y en violación del derecho internacional”; y el “sí” a “la creación del estado Guayana Esequiba”, el desarrollo de “un plan acelerado para la atención integral a la población actual y futura de ese territorio, que incluya entre otros el otorgamiento de la ciudanía y cédula de identidad venezolana, conforme al Acuerdo de Ginebra y el Derecho Internacional” y la incorporación de “dicho estado en el mapa del territorio venezolano”.

Las prospecciones de la empresa estadounidense Exxon y el descubrimiento desde el año 2015 de importantes cantidades de recursos naturales han hecho inevitable el resurgir del conflicto. Guyana reclama la defensa de su territorio nacional vigente, Venezuela alude al principio legal que ha operado en el resto de independencias latinoamericanas y Estados Unidos se aprovecha de la debilidad relativa del pequeño estado guyanés para la defensa de sus propios intereses imperialistas en la disputa internacional por los recursos.

El actual es el punto de mayor tensión en las relaciones bilaterales Venezuela-Guyana desde que la independencia guyanesa, y la situación contrasta en gran medida con las relaciones que se habían abierto durante la presidencia de Hugo Chávez, en la que la República Cooperativa de Guyana se incorporó a la iniciativa venezolana del Petrocaribe. Con la CARICOM como gran aliado de Guyana y una región latinoamericana —incluidos Bolivia, Brasil o Colombia— que priorizará la paz a cualquier otra consideración, Caracas va a encontrar dificultades en el corto plazo para lograr efectivos avances.


Madrid –

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