Dina Boluarte reunida con Joe Biden, presidente de Estados Unidos — Twitter (X) Presidencial del Perú

La sumisión de Boluarte

El (des) gobierno peruano en la escena internacional


La declaratoria de “conflicto armado interno” en Ecuador ante el grave ascenso del narcotráfico y el crimen organizado ha revelado, entre varias graves noticias, que municiones de las fuerzas armadas peruanas llegan al país ilegalmente y sostienen las acciones delictivas. En medio de la profunda crisis que vive Perú, el tráfico de armas en la frontera norte es una expresión más del desgobierno y falta de norte que afecta a un país sin autoridades legítimas ni control del territorio. El deterioro institucional y político peruano, tiene ya consecuencias para la región y para el mismo país, relegado y subordinado en el escenario internacional.

Dina Boluarte, la embajada y el control de la región

Si algo resalta en este momento político, es el renovado papel subordinado del Perú frente a los Estados Unidos, hecho relacionado con la imposición de Dina Boluarte en el gobierno. Justamente, la embajadora de los Estados Unidos y veterana de la CIA, Lisa Kenna, fue especialmente activa en respaldar a los grupos golpistas que maniobraron desde la Fiscalía y el Congreso para concretar el derrocamiento de Pedro Castillo. No sorprende por ello que una de las primeras personalidades internacionales en saludar a Bolaurte fuera justamente Keena, en una visita que incluyó la comunicación telefónica con el secretario de Estado Antony Blinken para anunciar el respaldo norteamericano al régimen que se imponía a sangre y fuego.

Obviamente no era un respaldo gratuito; Estados Unidos necesita recuperar terreno en su tradicional “patio trasero”. En el plano económico, China ya es el primer socio comercial de países como Perú o Chile. En el plano político, el triunfo de Gustavo Petro en Colombia y la vuelta al poder de Lula en Brasil marcan una distancia geopolítica con la tradicional intromisión norteamericana. El alicaído imperio del norte no podía darse el lujo de perder Perú como área de influencia y centro de operaciones. Pedro Castillo no había sido muy dócil frente a los intereses de la embajada; no sólo se negaba a autorizar ejercicios de las tropas norteamericanas en el país, también conversaba con empresas chinas para viabilizar el Tren Inka, proyecto que sumado al Puerto de Chancay incrementaba notablemente la presencia China en áreas estratégicas.

Con Dina Boluarte en Palacio, la presencia estadounidense en Perú recobró dinamismo concretando una serie de “acciones de cooperación” hasta entonces postergadas. En mayo del 2023, el gobierno de Perú finalmente autorizó el ingreso de más de 1200 militares estadounidenses para ejercicios militares y policiales incluyendo “medios aéreos, medios náuticos y personal militar para que realicen actividades de cooperación de entrenamiento con las Fuerzas Armadas peruanas, asociadas con el Ejercicio Militar Internacional Resolute Sentinel 2023” Los ejercicios militares contemplaban entrenamiento en resguardo de “activos estratégicos” en el sur andino, coincidentemente las zonas más movilizadas y cruelmente reprimidas en las protestas contra el régimen usurpador. La colaboración no quedó ahí, en setiembre del 2023, Laura Richardson, jefa del Comando Sur de Estados Unidos, llegó a Lima para una visita de dos días en la que se reunió con el Ejecutivo y los altos mandos del Ejército. Según el portal oficial Richardson abordó “temas de cooperación en seguridad de interés mutuo, incluyendo la colaboración contra las organizaciones criminales y el desarrollo de las capacidades institucionales para fortalecer aún más la cooperación en defensa”. En esa línea, resalta el anuncio de reflotar ocho bases militares norteamericanas que alberga Perú y el único bio laboratorio de los Estados Unidos en Latinoamérica ubicado en la selva de Iquitos.

Aunque discursivamente sectores demócratas del gobierno norteamericano han cuestionado al gobierno de Boluarte por las violaciones de los derechos humanos, el indulto a Fujimori y los trámites para renunciar a la CIDH, en la práctica la relación es fluida. Estados Unidos ha recobrado Perú como bastión en Sudamérica y el desgobierno interno importa poco mientras se mantengan los negocios a flote y la obediencia debida.

En mundo multi polar, donde los países soberanos procuran orientar el comercio, la economía y las políticas al conjunto de bloques emergentes, el accionar del gobierno peruano se muestra sumiso y desorientado. No hay rumbo ni proyecto de nación respecto al rol que podría jugar Perú en el contexto internacional, un país estratégicamente situado y con recursos naturales importantes que podrían ponerse en beneficio de la ciudadanía. Un ejemplo trágico es el tratamiento que el gobierno de Boluarte ha dado a la explotación de litio. El altiplano peruano alberga por lo menos 880,000 toneladas métricas de litio, pero a diferencia de países como Chile, Bolivia o México que también albergan el recurso, no ha aprobado un plan estratégico que ponga por delante los intereses nacionales frente al capital transnacional. Por el contrario, en marzo del 2023, dos meses después del golpe contra Castillo, Alberto Otarola el primer ministro de Dina Boluarte voló a Canadá para tranquilizar a los empresarios mineros, informando que sus negocios estaban seguros y los favorecería con una simplificación administrativa.

Hace 40 años, el general Juan Velasco Alvarado declaró el 9 de octubre el “Día de la dignidad nacional” conmemorando la nacionalización de la industria petrolera. El gobierno de la llamada Revolución Peruana tomó los campos petrolíferos de La Brea y Pariñas y la Refinería de Talara en manos de la International Petroleum company (IPC). Más allá de los devenires y vaivenes de la medida, esta acción marcó un hito respecto al comportamiento del Estado peruano frente a la soberanía sobre los recursos naturales y su relacionamiento en el ámbito internacional como un país soberano que buscaba un proyecto de desarrollo propio. De aquella acción no queda ni el día feriado ni la dignidad nacional. Sucesivas concesiones y privatizaciones y claudicaciones ponen al país en un plano subordinado y, como en los tiempos de la guerra del Pacífico, revelan una clase política y una burguesía sin conciencia de patria. Es un desafío grande para el pueblo peruano revertir esta sumisión y marcar un nuevo rumbo.


Madrid –

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