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Varios «periodistas» trataron de ocultar la nominación de Gustavo Petro al Nobel de Paz con un escándalo falso

No obstante, desde la misma Presidencia se aclaró inmediatamente que todo era falso. Petro tuvo que responderle a Blu Radio sentenciando en pocas palabras la mentira


Iniciando el mes de febrero Colombia se levantó con la sorpresiva noticia sobre la nominación del presidente de Colombia, Gustavo Petro, para el premio Nobel de Paz, algo que ni la oposición y los mismos seguidores del mandatario creían que podía suceder por lo menos en el corto plazo teniendo en cuenta la manipulación mediática en su contra que busca posicionarlo como un “desastre”, “impopular”, “mal gobernante” y “aliado de los criminales”, como lo ha planteado el propio fiscal General de la Nación, Francisco Barbosa, y el expresidente Andrés Pastrana, obedeciendo a una narrativa —sin cambiarle una coma al discurso— ampliamente difundida por la extrema derecha, por la cual el jefe de Estado tiene denunciado y asustado al amigo de Jeffrey Epstein.

Sin embargo, Petro se ha posicionado a nivel nacional e internacional como un político que propende por la paz sin importar el territorio, como cuando en la ONU pidió hacer dos conferencias para detener la guerra en Ucrania y Gaza. Esta nominación hecha por el diputado noruego Rasmus Hansson no es gratuita. “Petro promueve una política de paz creadora, moderna e integral. Él muestra en la práctica que el diálogo con los actores armados puede ser un medio eficaz para solucionar conflictos y reducir la violencia”, dijo Hansson, y añadió que las formas de diálogo del Presidente son incluyentes, ya que tiene en cuenta a todos los sectores sociales desde mujeres, jóvenes, indígenas, afros, entre otros. Pero algo que seguramente tuvo peso en esa decisión del diputado es la trayectoria del mandatario, ya que desde su paso por el M-19 promovió siempre el diálogo, impulsó el acuerdo de paz que firmó esa guerrilla y la Constitución de 1991, una de las más garantistas de los derechos humanos del continente y muy avanzada para su época. Desde sus primeros pasos en la política desarrolló obras sociales generadoras de paz y ha apoyado los acuerdos entre el Estado y grupos ilegales que él considera se están haciendo de la mejor forma, como los de Juan Manuel Santos con las antiguas Farc. Ya en el Gobierno arrancó negociaciones con las disidencias; las continuó con el ELN; está sentado en Buenaventura con los Shottas y Espartanos, y en el Valle de Aburrá con diferentes grupos ilegales buscando la paz en Medellín y sus alrededores, una labor ardua e histórica. Millones de colombianos cansados de la violencia le exigen a Petro resultados inmediatos sin comprender la dificultad que es hacer la paz. Aún teniendo todo en contra, el Gobierno ha logrado avanzar salvando decenas de vidas de civiles y militares, algo poco comentado en los medios que se dedican a despotricar de las negociaciones.

Pues bien, en medio del asombro del país por dicha noticia, aparecieron periodistas como Néstor Morales, Vicky Dávila, Ricardo Ospina, entre otros, que inmediatamente amplificaron un chisme sin confirmar para generar un escándalo inexistente que buscaba opacar el tema del Nobel de Paz. Indicaron que el Presidente en medio de un debate candente con todos los ministros y ministras les había pedido a todos la renuncia protocolaria, insinuando un “nuevo” caos en el Gobierno, la “poca capacidad del mandatario para organizar equipos de trabajo” y el “desastre” que se vendría para reorganizar el gabinete. Una locura. No obstante, desde la misma Presidencia se aclaró inmediatamente que todo era falso. Petro tuvo que responderle a Blu Radio sentenciando en pocas palabras la mentira. La desinformación alcanzó a llegar a millones de ciudadanos que seguramente se olvidaron de inmediato de la primera noticia y pasaron a la segunda en medio de críticas y cizaña generada por los medios, algo que no han tenido la “delicadeza” de aclarar y siguen amplificando lo que dijeron inicialmente. Ya después se supo que algunos ministros y ministras fueron los que le plantearon a Petro presentar su renuncia protocolaria, pero él nunca se las pidió. Claro, contar así la noticia no generaría tanto escándalo.

La reacción de la extrema derecha también fue bastante lamentable y a la vez risible, toda vez que evidenciaron la envidia desmedida que les generó llegando al punto de atacar al mismísimo premio Nobel de Paz porque lo consideran “desprestigiado” y casi sin importancia, como lo dijo el exjefe de prensa de Iván Duque o la senadora María Fernanda Cabal, que trajo a colación las cifras de la violencia impulsada por ellos mismos en Colombia.

En este artículo no puede pasar desapercibida la carta de Gustavo Petro al Primer Ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, quien le había pedido que ayudara a interceder ante Hamás para que se liberen los secuestrados, entre esos un nacionalizado colombiano. En el texto le manifiesta que considera “prioritario que se avance rápidamente hacia un cese inmediato de hostilidades e iniciar conversaciones para la liberación de todos los rehenes. Asimismo, propongo que avancemos en crear una Comisión de Paz integrada por diversos países para garantizar estas liberaciones y lograr el objetivo mayor de terminar con la violencia desatada entre Israel y Palestina”. Con esto le demostró a Netanyahu que no cae fácilmente en sus presuntas “trampas” con las que trató de vincularlo con Hamás y deslegitimarlo a nivel internacional, y se encontró con una respuesta pacífica pidiendo detener el exterminio sobre Gaza.


Madrid –

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