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Protestas en Argentina, diciembre 27 de 2023 — Daniella Fernandez Realin / Zuma Press / ContactoPhoto

Qué le depara el 2024 a América Latina

Lula en términos económicos está haciendo lo contrario de lo que predica Milei: impuestos a las grandes fortunas, impuestos a los superricos que invierten en fondos en el extranjero y subida del salario mínimo por encima de la inflación


Hay tres puntos que a priori van a marcar el 2024 en América Latina. En primer lugar, el año va a estar interesante para ir midiéndole el pulso a la ultraderecha regional. Las políticas de Javier Milei y de su gobierno, tomado por el macrismo, afectarán directamente a los argentinos, desde luego, pero también tendrán un efecto importante tanto en los discursos de los ‘libertarios, liberales, anarcocapitalistas’ regionales de todo tipo, como en la opinión de sus potenciales votantes.

En segundo lugar, Latinoamérica sigue siendo “zona de paz”, tal y como lo estableció la declaración de los líderes de los países de la Celac en 2014. Una de las pocas “zonas de paz” que quizá nos quedan en el mundo. Pero hay algunos puntos en el mapa que tienen un especial interés para los grandes capitales y que ya empiezan a generar tensiones regionales.

Y en tercer lugar, a nivel internacional, América Latina seguirá siendo un continente cuyo dominio se disputarán las potencias planetarias. EEUU, independientemente de quien gane sus elecciones presidenciales, continuará a grandes rasgos la línea que ha marcado el Comando Sur. Su jefa, Laura Richardson, lo viene diciendo desde hace varios años en entrevistas: la prioridad es barrer las influencias de China y de Rusia en la zona y tener acceso privilegiado a los recursos naturales. Javier Milei facilitará bastante la tarea en Argentina, la pregunta es si lograrán avanzar en el resto de países.

Un año de elecciones

Empezaremos el año con la asunción en Guatemala de Bernardo Arévalo. Durante meses hemos podido ser testigos del titánico esfuerzo de la Fiscalía de ese país, profundamente corrompida, por impedir su toma de posesión. Finalmente, y después de una inédita movilización popular con protagonismo de los pueblos indígenas, una firme condena internacional a los intentos de golpe judicial y un fallo de la Corte Constitucional que emitía garantías de asunción, Arévalo asumirá la presidencia de Guatemala después de décadas de gobiernos conservadores y de derecha denominados popularmente como el Pacto de Corruptos. La pregunta que cabe hacerse ante esta situación es si habrá gobernabilidad luego de la asunción con los mismos fiscales y jueces en sus respectivos cargos y con unos presupuestos aprobados apresuradamente hace menos de un mes para dificultarle el ejercicio de poder a Arévalo, cuyo movimiento Semilla, además, no tiene la mayoría en el Congreso. Veremos, pero en cualquier caso, es un punto de inflexión en la historia de ese país que nos muestra un par de detalles importantes. Uno: la fuerza de los territorios y de los pueblos indígenas cuya movilización hizo posible que no se consumara otro golpe de Estado en América Latina. Y dos: la importancia de la voluntad política de la comunidad internacional y de los organismos multilaterales como la OEA, que esta vez fueron decisivos para impedir el golpe, al contrario de lo que sucediera en otras ocasiones como en Bolivia, cuando lo que hicieron fue justo lo contrario: avalarlo.

Cambiando de país pero sin abandonar Centroamérica, en pocas semanas, en febrero concretamente, Nayib Bukele va a ser reelegido presidente de El Salvador. Sobre las maniobras a las que tuvo que recurrir para posibilitar su segundo mandato y sobre cómo se le dio a esas maniobras un aire de constitucionalidad se ha hablado largo y tendido. La figura de Bukele es sumamente importante en América Latina en estos tiempos en los que el relato y el discurso parecen imponerse a la gestión política. Bukele logró bajar los niveles de criminalidad en ese país a mínimos históricos, de eso no cabe duda. Por el medio se cargó gran parte de los derechos humanos, encarceló a decenas de miles de personas, muchas de ellas sin prueba alguna y sin ninguna garantía procesal y ‘limpió’ el país de jueces y de medios independientes, acabando con toda la disidencia. Y el único dato que explota y que le aplauden fuera de El Salvador es haber conseguido reducir la tasa de criminalidad a niveles muy bajos. Todo lo demás parece no importarles a sus numerosísimos seguidores, tanto dentro como fuera del país, y a los que lo toman como ejemplo a seguir. Sin embargo, mientras tanto, la pobreza en ese país centroamericano también está marcando récords. En los años de Bukele subieron las tasas de pobreza y pobreza extrema y aumentó la inseguridad alimentaria a unos niveles que suponen que uno de cada dos ciudadanos no coma lo suficiente. Se recortó el gasto en salud, educación y obra pública, mientras aumentó el de la secretaría de comunicaciones y de prensa. Una extraña jerarquía de prioridades que lleva a darle más importancia a la publicidad y a las relaciones públicas que a la sanidad o la educación. Pero resulta que funciona, porque al centrar absolutamente todo su discurso y toda su política en el tema de la seguridad, en el éxito en la lucha contra las maras (algo que, en aquel país, obviamente, tampoco es un tema menor), ganó la batalla cultural y discursiva. Y el modelo —que ya tiene su propio término, la ‘bukelización’— vende también fuera de sus fronteras. Pero las consecuencias de la bukelización no las vamos a ver a corto plazo, sino en un futuro, y para predecirlas hay que tener en cuenta esos ‘otros’ datos que la secretaría de prensa de Bukele no es muy dada a revelar o difundir.

Las de El Salvador no son las únicas elecciones interesantes que nos esperan este año en Latinoamérica. Las municipales de octubre en Brasil pueden parecernos irrelevantes, pero nada más lejos de la realidad. Se renovarán los alcaldes en más de 5000 municipios y serán una suerte de termómetro de la gestión del gobierno de Lula casi a mitad de su mandato y de cara a las presidenciales de 2026. Bolsonaro, pese a estar inhabilitado por ocho años por, básicamente, animar al golpe de Estado el año pasado, está muy activo haciendo campaña. Él no se presenta a ningún cargo, pero el bolsonarismo sí lo hace. La extrema derecha podría copar las alcaldías, preparando el camino de su regreso a Planalto. En este sentido, los resultados de las políticas de Miléi se van a observar con mucho interés desde Brasil. Por otra parte, los resultados de las políticas de Lula ya los conocemos: la economía brasileña en su primer año de mandato creció por encima de las previsiones de los organismos internacionales convirtiendo al país en la novena economía del planeta, superando a Canadá. Y Lula en términos económicos está haciendo lo contrario de lo que predica Milei: impuestos a las grandes fortunas, impuestos a los superricos que invierten en fondos en el extranjero y subida del salario mínimo por encima de la inflación. En definitiva, unas medidas que Cristalina Georgieva probablemente no aplaudirá desde el FMI.

Para ir acabando con el tema electoral antes de pasar al geopolítico, decir que este año también se celebrarán elecciones en México y lo que sabemos seguro es que por primera vez una mujer presidirá ese país: Xóchitl Gálvez o Claudia Sheinbaum, aunque todo apunta a que será la candidata de Morena.

Parece que, como mínimo, habrá un sexenio más de Cuarta Transformación en México.

Por último, otras elecciones que vale la pena mencionar son las de Venezuela. Están pactadas para el segundo trimestre del año, lo acordaron el Gobierno y la oposición en su mesa de negociaciones en Barbados y el mayor interrogante aquí es qué va a pasar con la candidatura de María Corina Machado, que ganó las primarias de la oposición, pero que está inhabilitada para ejercer cargos públicos.

Venezuela va a estar en las noticias este año no solo por las elecciones que se vienen, sino también por cuestiones geopolíticas, ya que en el territorio en disputa entre Venezuela y Guyana, el Esequibo, apareció petróleo… mucho petróleo. Guyana licitó por su cuenta las explotaciones a empresas como la estadounidense Exxon Mobil y pidió a la Corte Internacional de Justicia que resolviera el diferendo territorial. EEUU y la OEA emitieron una serie de declaraciones a favor de “la libertad” de Guyana a abrirse a las inversiones y Venezuela convocó un referéndum consultivo sobre su soberanía de esa zona. A finales de diciembre, inesperadamente llegó a las costas de Guyana un buque de la Armada Británica. «El HMS Trent visitará Guyana, aliado regional y socio de la Mancomunidad de Naciones, la Commonwealth, como parte de una serie de misiones en la región», declararon desde el Ministerio de Defensa británico como si tal cosa. Da la impresión de que en el Reino Unido se acordaron de este aliado regional y antigua colonia justo cuando ese aliado regional descubrió unas enormes reservas petroleras. Y justo entonces surgieron también unas “misiones” en la región para mandar un buque de guerra a miles de millas de su país. Todo puras coincidencias, no seamos malpensadas. En respuesta Venezuela inició una acción conjunta defensiva -unos ejercicios militares- con la participación de más de 5000 efectivos, aviación y flota naval. Al día siguiente se acabaron las misiones del Reino Unido en la región. El buque de la Armada salió de las costas de Guyana y Maduro ordenó la retirada de los aviones venezolanos. Esta vez no hubo incidentes, pero no parece que vaya a quedar ahí la cosa. El nivel de crispación es alto y cuando hay intereses de grandes capitales por medio, ya sabemos qué suele pasar.

Para finalizar también tendremos la campaña electoral estadounidense que marcará todo el año 2024 y tendrá igualmente su influencia en América Latina, aunque a grandes rasgos el enfoque no va a cambiar, gane quien gane la contienda. El intervencionismo disfrazado de buenas intenciones seguirá, independientemente de  la mejor o peor recepción del mismo por parte de los sujetos intervenidos. La Argentina de Milei y el Perú de Boluarte serán los arietes de las acciones regionales conjuntas dirigidas a minar el avance de las fuerzas progresistas, mientras que países como México, Brasil, Venezuela o Colombia, intentarán tener más soberanía en sus políticas y poner freno a ese avance imperialista. A muchos les va a costar caro: la derecha mediática y política hará todo lo que esté en su mano para regresar y en este sentido, Colombia parece el país más vulnerable en la actualidad.


Puedes ver el episodio completo de La Base por Canal Red aquí:

Madrid –

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Editorial

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