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“El atentado contra Carrero Blanco focalizó a ETA como la organización opositora más importante al régimen”

El historiador Iñaki Egaña recuerda en La Base cómo se gestó el tiranicidio del que este miércoles se cumplen 50 años


“El régimen echó las campanas al vuelo con el Proceso de Burgos, dijo «ETA está desmantelada, ya son una banda secundaria» y no le dio apenas importancia, pero el atentado contra Carrero Blanco vuelve al primer plano y, como el Proceso de Burgos, el atentado contra Carrero Blanco focalizó a ETA como la organización opositora más importante al régimen, puesto que las noticias circulan muy despacio y sólo estos actos paradigmáticos son los que trascienden las fronteras”.

Así lo ha destacado este miércoles —cuando se cumplen 50 años del atentado de ETA que costó la vida al entonces presidente del Gobierno franquista, almirante Luis Carrero Blanco— en La Base el historiador Iñaki Egaña, que ha insistido en que “en Europa, Estados Unidos y Canadá —lo que llamamos el primer mundo— a ETA y por extensión a Euskal Herria se le conoce en aquella época por el Proceso de Burgos y también por el atentado contra Carrero Blanco”.

Egaña —autor del libro ‘Operación Ogro. Hechos y construcción del mito’, editado este año por Txalaparta— ha recordado que hasta el atentado mortal contra el entonces jefe de la Brigada Político-Social en Gipuzkoa, Melitón Manzanas, en 1968, “la lucha armada de ETA había sido algo no demasiado relevante” y que de los dos centenares de atentados de ETA desde su fundación en 1959 hasta la muerte de Carrero Blanco, “la mitad o un poco más de la mitad fueron contra símbolos franquistas”, y es que “el peso de la derrota frente al fascismo en la Guerra Civil todavía estaba muy presente”. “Incluso en el comunicado de reivindicación del tiranicidio de Carrero Blanco se habla del fascismo”, ha añadido.

Al hilo, Egaña ha recordado que “dos militantes que recibieron un castigo disciplinario por saltarse algunas medidas de seguridad en Bizkaia decidieron que no iban a ir a Iparralde y que iban a quedarse en Madrid, donde había una pequeña infraestructura de solidaridad con los vascos que se había formado año y medio antes con motivo del Proceso de Burgos” y que ese “comité de solidaridad con los procesados en Burgos” estaba “formado por gentes de izquierda, algunos militantes y exmilitantes del Partido Comunista, alguna persona relacionada también con el incipiente movimiento feminista y también algunos sindicalistas de Comisiones Obreras”.

“Esos dos militantes —en especial, Argala; José Miguel Beñaran, que por cierto en 1978 los servicios secretos del Estado lo mataron en un atentado paramilitar en Anglet— no fueron a puerta vacía, fueron con algunas direcciones y alguna gente solidaria con la causa vasca, aunque los primeros meses no tuvieron otro objetivo que mantener la solidaridad y los lazos de fraternidad con la causa vasca”, ha añadido el historiador.

Sin embargo, “a partir de 1972, se recrudece la represión en el País Vasco: hay bastantes militantes, hasta siete militantes, de ETA muertos en un año, la tortura es brutal y sistémica, etcétera”, por lo que “en un momento determinado, la Dirección de ETA decide que van a secuestrar al entonces vicepresidente Carrero Blanco”, ha recordado Egaña. Es entonces cuando “esos contactos que tenían se convierten ya en infraestructura para ETA” y “en poco más de ocho o nueve meses, van a conseguir seis pisos de seguridad, la mayoría de ellos en la periferia de Madrid”.


Puedes ver el episodio completo de La base por Canal Red aquí:

Madrid –

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Editorial

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