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Jerry Mennenga / Zuma Press / ContactoPhoto

Elecciones en tiempos de guerra

Para la derecha y las élites tanto el derecho como la democracia son instrumentales y prueba de ello es que cuando no les son funcionales los impugnan. Lo hizo Trump con los resultados electorales que dieron la victoria a Biden o Bolsonaro en Brasil tras la victoria de Lula. Para que haya democracia, “hay que saber votar bien”, que diría Vargas Llosa


2024 será un año de urnas y de armas. Más de la mitad de la población mundial reside en alguno de los 70 países en los que se celebrarán elecciones presidenciales o legislativas este año. Entre ellos, varios que son fundamentales para decidir el curso de los principales conflictos bélicos que han dominado 2023: Estados Unidos, Rusia, la Unión Europea y Ucrania. También se celebrarán elecciones en otros países como la India, México, Venezuela, Uruguay, El Salvador, Portugal, Bélgica, Indonesia, Taiwán, Ruanda, Ghana, Irán, Bielorrusia o Senegal. Muchos medios hablan ya de 2024 como un test global de resistencia de la democracia. Todos sabemos que la democracia no se agota en votar cada X años, y que va mucho más allá de la democracia representativa, pero creo que en un momento en el que la extrema derecha está cuestionando algo tan básico como los procesos electorales (negando el derecho a voto a ciudadanos migrantes, planteando la ilegalización de partidos, limitando el derecho de autoorganización o poniendo en duda la legitimidad de los resultados) tiene sentido recordar estas palabras de la socialista alemana Rosa Luxemburgo: “La democracia es quizás inútil, o incluso molesta para la burguesía hoy; pero para la clase obrera, es necesaria, incluso indispensable. Es necesaria, porque crea las formas políticas (autoadministración, derecho de voto, etc.) que servirán al proletariado de trampolín y de apoyo en su lucha por la transformación revolucionaria de la sociedad burguesa. Pero es también indispensable porque es solo luchando por la democracia y ejerciendo sus derechos como el proletariado tomará conciencia de sus intereses de clase y de sus tareas históricas”.

Como sucede con el derecho, la democracia representativa, es el último bastión de defensa de los oprimidos. Para la derecha y las élites tanto el derecho como la democracia son instrumentales y prueba de ello es que cuando no les son funcionales los impugnan. Lo hizo Trump con los resultados electorales que dieron la victoria a Biden o Bolsonaro en Brasil tras la victoria de Lula. Para que haya democracia, “hay que saber votar bien”, que diría Vargas Llosa.

Probablemente las elecciones presidenciales de Estados Unidos, que se celebrarán el próximo mes de noviembre, serán las más trascendentales de 2024. Habrá que esperar a los resultados de las primarias, pero casi todo apunta a que Joe Biden se enfrentará a Donald Trump en las urnas. En este escenario, según apuntan las encuestas, el expresidente republicano tendría muchas papeletas de volver a la Casa Blanca, haciéndose también con la mayoría en el Senado además de la Cámara de Representantes. La media de encuestas nacionales que calcula el agregador Real Clear Politics da a Trump dos puntos y medio de ventaja respecto a Joe Biden.

Pero Trump podría encontrarse algunas piedras en su camino hacia el despacho oval. Hace apenas unos días, el Tribunal Supremo de Colorado dictaminaba que no podría presentarse a las elecciones primarias del Partido Republicano en el estado por su implicación en el asalto al Capitolio. De hecho, Trump volverá a las urnas sin que se hayan depurado sus responsabilidades en sus intentos de subvertir los resultados electorales de 2020 y bajo la amenaza de, de ser elegido, convertirse en “dictador por un día” para sacar adelante algunas de sus medidas más controvertidas. El modelo Milei: aprobar rápidamente y saltándose todos los cauces democráticos, por decreto, las leyes más reaccionarias. Si gana Trump, muchas cosas pueden cambiar en el panorama internacional. Para empezar la implicación de Estados Unidos en la guerra de Ucrania, que Trump ha prometido “resolver de un plumazo” para contentar a algunas voces del partido republicano que piden restringir las ayudas económicas y militares a Kiev. También podría volver la guerra arancelaria con China y Europa.

Otro país en el que se celebran elecciones en 2024 es Rusia. Están previstas para el próximo 17 de marzo y, si no hay sorpresas, Vladimir Putin logrará su quinto mandato presidencial. El actual presidente ruso no tendrá rivales en la carrera presidencial. La candidatura de la periodista Yekaterina Duntsova, que se opone a la guerra de Ucrania fue desestimada por el Comité Ejecutivo Central, por lo que la única candidatura pacifista será la del partido Iniciativa Cívica, fundado en 2013 y liderado por Boris Nadezhdin. Bajo el lema “Paz, libertad y un futuro normal”, el partido ha pasado los filtros de las autoridades electorales e iniciará ahora el proceso de recogida de firmas para poder presentar su candidatura.

Es decir, que sin apenas rivales políticos, las elecciones presidenciales rusas se convertirían en una especie de referéndum sobre la guerra en Ucrania. Y si estos son los parámetros en los que se van a dirimir las elecciones, Putin tiene todas las de salir reforzado de estos comicios. Según sondeos del instituto Levada, un 85% de los rusos aprobaban su gestión en el mes de noviembre. Una popularidad que ha aumentado desde la invasión de Ucrania el pasado febrero de 2022 en casi veinte puntos.

La guerra de Ucrania es central en estas elecciones y buena prueba de ello es que no fue Putin quién anunció su candidatura presidencial, sino Artiom Zhoga, actual portavoz del Parlamento de la República de Donetsk y padre de un jefe del batallón prorruso Sparta fallecido en el campo de batalla. Además, en estas elecciones votarán por primera vez los habitantes de las cuatro regiones ucranianas anexionadas por Rusia en 2022: Donetsk, Lugansk, Zaporiyia y Jersón.

Y al otro lado del frente, en Kiev, también se podrían celebrar elecciones presidenciales. El mandato del actual presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, termina el próximo 31 de marzo y 2024 estaba marcado como año electoral en el calendario (presidenciales en marzo, legislativas en octubre). Sin embargo, mientras siga en vigor la ley marcial, no estaría permitido convocar elecciones, aunque Zelenski ya ha dejado caer que podría legislar para sortear este impedimento legal. De hecho, el ministro de exteriores ucraniano, Dmytro Kuleba, aseguró durante un viaje institucional a Abu Dhabi el pasado mes de noviembre que “el presidente de Ucrania se está planteando convocar elecciones y sopesa las ventajas y los inconvenientes”. Poner las urnas en el campo de batalla. Por mucho que Zelenski quisiera poder servirse de los votos para ganar impulso dentro y fuera de su país, en un momento de repliegue del apoyo internacional a Ucrania, parece complicado poder celebrar elecciones en condiciones de guerra, con parte del país ocupado y millones de ucranianos refugiados en Europa.

Europa también tiene varias fechas marcadas en rojo en el calendario electoral de 2024. Las principales son los días 6, 7, 8 y 9 de junio, fechas en las que más de 400 millones de ciudadanos europeos están llamadas a votar para determinar quiénes serán los 720 eurodiputados que conformarán el hemiciclo y quién será su presidente. Además, se elegirán otros altos cargos clave de las instituciones europeas como las presidencias de la Comisión Europea y el Consejo Europeo – puestos ocupados actualmente por Úrsula Von der Leyen y Charles Michel – o el de la jefatura de la diplomacia europea – actualmente en manos de Josep Borrell-. Con dos guerras a las puertas del “jardín europeo” y la extrema derecha amenazando con irrumpir en el Parlamento Europeo, las elecciones del próximo mes de junio pueden contribuir a dirimir la dirección en la que se dirigirá la política exterior europea este próximo ciclo. Sin embargo, las cosas no son muy halagüeñas. Según una encuesta publicada por The Conversation, las fuerzas de ultraderecha y nacionalistas europeas podrían sumar 180 escaños – frente a los 130 actuales – y pasar a convertirse en la tercera fuerza europea, por detrás de los populares y los socialdemócratas.

Desplegar urnas para legitimar el régimen de guerra. Esta parece ser la tendencia general de 2024.


Puedes ver el episodio completo de La Base aquí:

Madrid –

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Editorial

  • La guerra no es un fenómeno meteorológico

    Aunque la propaganda bélica sea aplastante e incesante, las personas decentes, demócratas y pacifistas tenemos la obligación de alzar la voz y decir alto y claro que por supuesto que el gobierno de España tiene en su mano la posibilidad de reducir el gasto militar