Tractoradas: la hipocresía de la derecha

La derecha no desperdicia la oportunidad de capitalizar el descontento de los agricultores y de instalar el marco mental que les resulta más favorable: el campo contra el ecologismo


Adaptación del análisis de Sara Serrano de La Base. Redactado por Lucía Parro.

Tercera jornada de protestas del sector agrario; miles de tractores provocaron retenciones y cortes de tráfico en carreteras y autovías de 17 provincias. Además, hubo multitud de protestas en distintos puntos del país. En Catalunya, por ejemplo, 1250 tractoristas tomaron el centro de Barcelona. Pero también se produjeron paros en Murcia, Extremadura, Navarra, La Rioja, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Aragón o Andalucía. En total, las fuerzas de Seguridad detuvieron a 12 personas y 2562 recibieron sanciones administrativas. Además, el ministerio del Interior ha dado instrucciones a la Policía Nacional y la Guardia Civil para que impidan las protestas en carreteras o núcleos urbanos en los que no hayan sido autorizadas.

Es importante saber quiénes están detrás de las protestas, pero resulta difícil orientarse en unas protestas que han movilizado tanto a grandes terratenientes como a pequeños productores y trabajadores del campo. Estos días, hemos visto imágenes de marchas de tractores enarbolando la bandera de España o pancartas contra la Agenda 2030 agitando el negacionismo climático, pero también de agricultores vascos y leoneses bloqueando los centros logísticos de grandes cadenas de distribución. Bajo la proclama de “frenar la especulación y la compra de tierra por parte de agentes de fuera del sector agrario y de fondos de inversión”, más de 500 baserritarras alaveses convocados por la Unión Agroganadera de Álava paralizaron los centros logísticos de Eroski y Mercadona en Gasteiz. No es lo mismo a quién se señala como responsable de la crisis del campo: a las políticas medioambientales o a las grandes cadenas de supermercados.

Los convocantes de las movilizaciones también son enormemente heterogéneos. Por un lado, están las convocatorias más o menos descentralizadas, organizadas a través de grupos de mensajería como WhatsApp o Telegram, que están detrás de algunas de las tractoradas organizadas en los primeros momentos de la semana. Pero el principal organizador de estas convocatorias es la recientemente creada “Plataforma 6F” que ha actuado al margen de las grandes organizaciones agrarias. Su objetivo es “paralizar la economía” a través del bloqueo de los principales puntos de suministros, y sus grupos de mensajería superan los 4.000 participantes. En la plataforma destacan dos personajes. Una es Lola Guzmán, una agricultora valenciana de 52 años que se declara apolítica y cuyas intervenciones contra la “burocracia sindical”, el “gobierno de España” y “la Unión Europea” se han viralizado a través de TikTok e Instagram. ¿Apolítica? Lola Guzmán ha reconocido haber estado afiliada a Vox. El otro nombre destacado en la Plataforma 6F es Xaime da Pena, jurista de la organización, que sostiene que la plataforma incluye a miembros “tanto de izquierdas como de derechas”. Pero Xaime Pena es quién estuvo detrás de la instalación de la pancarta que se desplegó en un edificio del centro de Madrid con el lema “Tú a Marruecos. Desokupa a La Moncloa”. Él fue el que gestionó la colocación de la pancarta en nombre de la organización nazi Desokupa. Clara la orientación ideológica conservadora de los organizadores de esta plataforma.

Pero esta no es la única organización que ha estado sacando tractores a las calles. Porque, aunque la Plataforma 6F ha tratado de atribuirse el éxito de las movilizaciones, la Unión de Uniones de Agricultores y Ganaderos, una organización que aglutina a sindicatos que no son de ultraderecha, ha recordado que fueron ellos los primeros en convocar movilizaciones para el 6 de febrero. Sucedió el 11 de enero, y desde el lunes, sus tractores han cortado el tráfico de carreteras y autopistas de Catalunya, Burgos y Araba. Exigen una Política Agraria Común mejor regulada, que no facilite la agricultura y ganadería industrial; que se implemente de una vez por todas la Ley de la Cadena Alimentaria; y que se excluya a las pequeñas y microexplotaciones agrarias de la burocratización del sector, para protegerlas de los sobrecostes que acarrea. Desde la Unión de Uniones han denunciado además la instrumentalización que está haciendo Vox de las protestas del campo.

Y mientras tanto, la derecha no desperdicia la oportunidad de capitalizar el descontento de los agricultores y de instalar el marco mental que les resulta más favorable: el campo contra el ecologismo. Se ha visto a Rocío Monasterio subida a un tractor, cuando lo más cerca que ha estado su familia del campo es explotando cultivos de caña de azúcar con mano de obra esclava en Cuba. Pero la hipocresía de la ultraderecha con los trabajadores del campo va más allá de los gestos. La derecha y la ultraderecha que, durante décadas han maniobrado políticamente para llevar al campo a la situación en la que está, ahora tratan de erigirse como su principal defensor. “Todo por el campo, pero sin el campo”.

Tres ejemplos de la hipocresía de la ultraderecha:

1. Una de las principales demandas de los agricultores movilizados, no sólo aquí en España, sino en toda Europa, es una Política Agraria Común mejor regulada que rebaje las exigencias de producción. Pues bien, la actual Política Agraria Común, fue aprobada por el Parlamento Europeo en 2021 gracias a los votos de la mayoría de los populares europeos y gran parte de los eurodiputados de la extrema derecha europea.

2. La aplicación efectiva de la Ley de Cadena Alimentaria, vulnerada sistemáticamente por las grandes superficies, que impide sobre el papel que las cadenas de supermercado compren a los agricultores sus productos a pérdidas, es otra de las principales demandas de los agricultores. La ultraderecha parece apoyar esta reivindicación, sin embargo, hace 3 años, durante su tramitación parlamentaria, ni PP ni Vox votaron a favor. El partido de ultraderecha dijo entonces que la ley era un “fraude” que ponía “trabas insoportables” al sector y que llevaría a este «a la ruina”.

3. Los tratados de libre comercio de la Unión Europea con terceros países. Los acuerdos comerciales, ahora en el punto de mira de los agricultores por las consecuencias que tiene la competencia desleal sobre los precios de los productos locales, llevan décadas siendo defendidos por la derecha. Sin ir más lejos, el Partido Popular llevó el acuerdo de Mercosur en su programa electoral de 2023 y Feijóo abogó por que España fuera “el puente entre la Unión Europea y Mercosur”.


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