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Stanley Kubrick

25 años sin Stanley Kubrick

Repasamos, en este aniversario, 8 claves que hicieron único e irrepetible al director de tantísimas imágenes icónicas


7 de marzo de 1999, casa de Kubrick a las afueras de Londres. Cuatro días después de una proyección privada de Eyes Wide Shut para su familia y actores, el director se fue a dormir y murió de un ataque cardíaco. Tenía 70 años y no gozaba de buena salud (vivía con una bombona de oxígeno). Un médico extendió el certificado de defunción y no hubo autopsia. Sus restos fueron enterrados en su gran jardín y la familia Kubrick invitó a los asistentes a coger una rosa y un puñado de tierra de la parte superior del ataúd del cineasta para arrojarlas a un foso abierto en la base de un árbol.

¿Por qué, tras 25 años sin Kubrick, nuevas generaciones siguen quedándose prendadas de sus imágenes? En conversación con Christian Aguilera (el mayor experto en Kubrick de nuestro país y que acaba de publicar Stanley Kubrick: una odisea creativa) para este reportaje, el escritor incide en que “el hecho de ser considerado un cineasta intergeneracional viene del carácter icónico de su cine. A pesar de haber rodado tan solo 13 largometrajes, Kubrick creó infinidad de imágenes icónicas. Él conocía como pocos el poder de atracción que puede llegar a alcanzar las imágenes servidas en un medio como el cinematográfico. Kubrick fue un cineasta visionario, capaz de explorar en el ser humano y en distintos contextos sociales y temporales, fue moderno y vanguardista cuando el cine denominado clásico languidecía”.

Vamos con las 8 claves que hacen de Kubrick un cineasta único e irrepetible:

1. Su cine es indisociable de sus orígenes: la fotografía y el ajedrez

Kubrick comenzó a trabajar como reportero fotográfico de la revista Look cuando solo tenía 17 años. Sus fotografías (de parejas en el metro, limpiabotas, gente del circo y del teatro, visitante del zoo…) ya anunciaban un control de la luz y un gran talento para la composición. Curiosamente, al pasar al cine, Kubrick abandonó la mirada realista y social (es relevante recordar que sus cortos son documentales) y se pasó a un cine más simbólico, entregado a la simetría, la perfección visual y las perspectivas poco vistas. ¿Quién no recuerda las composiciones geométricas de los fusilamientos de Senderos de gloria, la mesa de la sala de guerra de ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú o prácticamente todas las composiciones de 2001: Una odisea del espacio?

Christian Aguilera también coincide en la importancia de la fotografía, pero también del ajedrez: “Kubrick llegó a ejercer de ajedrecista profesional en sus años de juventud, una circunstancia que marcaría su carácter de estratega, su forma de entender el oficio de cineasta, en que debía adoptar la mejor decisión antes de “mover ficha”. El juego del ajedrez requiere de paciencia, una cualidad que no todos los cineastas parecen tener entre sus virtudes y, en ocasiones, al primer o segundo contratiempo se desesperan. En este sentido, Kubrick mostró una paciencia infinita, anteponiendo la búsqueda del perfeccionismo al factor tiempo que tanto condiciona la producción cinematográfica y la audiovisual en general”.

2. Su obsesión por encontrar la imagen icónica

Hay grandes cineastas que serán recordados por sus historias o su dirección de actores, pero Kubrick tuvo el talento para encontrar la imagen que perduraría, que impactaría para siempre en los espectadores. El plano, la luz, el color, el rostro perfecto. El coronel Dax con su silbato en las trincheras de la Primera Guerra Mundial, Lolita introduciendo un trozo de beicon en la boca de Humbert Humbert, David Bowman desconectando al computador HAL 9000, Jack Torrance destrozando una puerta a hachazos, el recluta Patoso a puto de volarse la tapa de los sesos en un retrete.

3. El control absoluto

Kubrick estuvo inmerso en la producción de todas sus películas salvo Espartaco, un encargo (el único en su carrera) de Kirk Douglas después de que el veterano Anthony Mann fuese despedido de su rodaje. Primero produjo junto a su amigo James B. Harris y luego en solitario. Una vez instalado en Inglaterra, tras el estreno de Lolita, Kubrick se desligó de Los Ángeles y de Hollywood, busco el control de su cine, rechazó todo proyecto que no partiese de una idea suya y se resistió a todo tipo de encargos de los estudios (le propusieron El exorcista y la secuela de 2001, que aborreció), hasta los más lucrativos. El control obsesivo de Kubrick afectó a todos sus equipos, sus repartos, los presupuestos, al montaje final, a las fechas de estreno y hasta a la publicidad en todo el mundo, supervisando cada cartel, cada anuncio en radio y en televisión.

4. El cine es tiempo

Kubrick no sufría los ajustados calendarios de rodaje que soportaban sus colegas. Él siempre logró mucho más tiempo, sobre todo a partir de su odisea espacial, rodada en estudio (hasta las escenas africanas, las de los monos) y durante dos años, algo impensable para cualquier director. Kubrick, que también tardó año y medio en rodar El resplandor y Eyes Wide Shut, se sentía muy a gusto en un estudio, donde podía probar, investigar, repetir. Esta libertad algunos de sus actores lo llevaron bien y otros mal (como Shelley Winters en Lolita, su tocaya Shelley Duvall en El resplandor o Jennifer Jason Leigh, harta de Kubrick y sustituida por otra actriz en Eyes Wide Shut). La cantidad de tomas de un plano de Kubrick podían ser desesperantes y acabar con los nervios de más de uno. ¿Acoso laboral? Es posible. Llegó a repetir una toma hasta 148 veces en El resplandor e hizo que el pobre Tom Cruise traspasase una puerta 95 veces en Eyes Wide Shut.

5. El cine, como la música

“Una película es como la música. Debe ser una progresión de ánimos y sentimiento”, dijo Kubrick. Si por algo se recuerda el cine de Kubrick, además de su fabulosa puesta en escena, es por el genial uso que hizo de la música. Strauss en 2001, Beethoven en La naranja mecánica, Handel en Barry Lyndon. Él mismo dijo que “la música es el arte que más nos afecta a los sentidos, a los recuerdos, a nuestras luces y sombras. Una canción o un tema clásico puede llevarnos, muy rápidamente, a un momento de felicidad o de pérdida”. Kubrick incluso trabajaba con música en el plató. En el rodaje de Lolita preguntó a los actores por la música que podría ayudarlos a encontrar el sentimiento que buscaban para el personaje y en el de 2001 también usó vinilos de música clásica para motivar a los actores.

6. Actuaciones no realistas

Y hablando de actores: Kubrick no les pedía interpretaciones realistas, auténticas. Aunque trabajó con grandísimos actores clásicos como James Mason o Charles Laughton, le encantaba que sus actores se pasaran de frenada y rozaran el histrionismo. No buscaba lo real, sino lo simbólico, y le encantaban los personajes al borde de la locura o directamente locos. Ejemplos de la famosa “mirada kubrickiana”: Sterling Hayden y George C. Scott, en ¿Teléfono rojo?, Keir Dullea en 2001, Malcolm McDowell en La naranja mecánica, Jack Nicholson en El resplandor, Vincent D’Onofrio en La chaqueta metálica o Tom Cruise en Eyes Wide Shut.

7. El individuo oprimido y sus antihéroes

Kubrick se destacó por ser diverso en sus temas y en las épocas que trató (la romana, la Primera Guerra Mundial, la Guerra Fría, la de Vietnam, la era especial…), pero si algo caracteriza a todo personaje kubrickiano es que vive bajo una opresión. El protagonista de Atraco perfecto por la policía, el de Senderos de gloria y el de La chaqueta metálica por un estamento miliar psicópata, Espartaco por los romanos esclavistas, el astronauta de 2001 por el ocultamiento de sus superiores y una inteligencia artificial asesina, el Alex de La naranja mecánica por un Estado que lo usa como cobaya, el de El resplandor por las fuerzas ocultas del hotel Overlook y los de Lolita y Eyes Wide Shut por la fuerza incontrolada del deseo. Además, muchos de sus protagonistas son antihéroes: Humbert Humbert, Alex DeLarge, Barry Lyndon, Jack Torrance, el recluta Bufón…

8. La ausencia es la mejor presencia

Brillante publicista, Kubrick estuvo a la altura de Hitchcock a la hora de promocionar sus películas, su marca. Pero con una gran diferencia: Kubrick no daba la cara como Hitchcock, no promocionaba sus películas personalmente, rara vez concedía entrevistas, ni sesiones fotográficas. En su imprescindible libro, Aguilera analiza también documentales que se han realizado durante estos 25 años sobre Kubrick y que “dejan al descubierto un personaje más amable y humanista de la imagen que se había proyectado de él, sobre todo en el último tercio del siglo pasado y fruto, entre otras cuestiones, de su voluntario aislamiento junto a su familia en la campiña inglesa. Ello alimentó una leyenda negra que, dicho sea de paso, con sus silencios favoreció a que se fuera perpetuando”.

Aunque prefería a sus gatos que a las personas (pero le encantaba hablar horas y horas por teléfono con amigos y colaboradores), quizás Kubrick, como El mago de Oz, no era un eremita asocial, sino un afable vejete detrás de la cortina. Keir Dullea, el astronauta de 2001, dijo de él: “Era tranquilo, nunca alzaba la voz y su personalidad era extremadamente interesante”. Otros no tuvieron tan buena experiencia. Sea como fuere, a Kubrick lo rodeó el misterio hasta su inesperada muerte y logró que el estreno de cada una de sus películas fuese un acontecimiento. Pocos han logrado el interés mediático que logró Kubrick en vida. Y muy pocos una filmografía tan poderosa e inolvidable.


Madrid –

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