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40 años de ‘Los cazafantasmas’, un regalo para los niños que íbamos al cine en los 80

Celebramos este aniversario coincidiendo con el estreno de la nueva entrega de la franquicia, Cazafantasmas: Imperio helado


Tras el renovado y valiente cine de los setenta, el cine norteamericano se infantilizó en los ochenta y también se hizo más conservador (igual que la nación, que llevó al ex actor Ronald Reagan a la Casa Blanca). Aquel cambio fue una desdicha para el cine adulto, pero para lo que éramos niños fue una bendición. Solo hay que pensar que, en 1984, el año de Los cazafantasmas, los niños disfrutamos en las salas de cine de GremlinsTerminatorKarate KidTras el corazón verdeStarmanPesadilla en Elm StreetIndiana Jones y el templo malditoLa historia interminableFootlose.

Acaba de llegar a las salas la nueva entrega de la franquicia: Cazafantasmas: Imperio helado. Sus dos horas se hacen eternas y en ella ni funciona la comedia (timorata y blanca hasta lo insultante), ni las usuales y triviales escenas de acción, ni el empacho de efectos especiales. En fin, que es tan fallida como Ghostbusters: Más allá, Cazafantasmas 2 (secuela de 1989) y la versión con protagonistas femeninas de 2016.

Tras años esperando una nueva entrega, con Ghostbusters: Más allá Jason Reitman, hijo del director original, Ivan Retiman, hizo una película clonada, sin imaginación, con un guion muy previsible. Christian Holub, de Entertainment Weekly, definió muy bien la película y su sentencia sirve para la nueva entrega: “Un lúgubre viaje de nostalgia por las ruinas de la cultura americana, un claro recordatorio de cuánto de la cultura estadounidense moderna consiste en excavar las ruinas de glorias pasadas”.

Pero mejor nos olvidamos de esas ruinas y nos hacemos un viaje nostálgico recordando la original, Los cazafantasmas. La idea nace de Dan Aykroyd, cómico canadiense que empezó a hacerse un nombre cuando fue fichado en el programa de humor Saturday Night Live, cantera de artistas de la talla de Gilda Radner, Bill Murray, John Belushi (con el que creó el dúo musical The Blues Brothers) o Eddie Murphy, que estuvo en el reparto inicial de Los cazafantasmas.

El curioso origen de la película viene de la familia Aykroyd, un clan fascinado por los espectros. Fue su bisabuelo, Samuel Aykroyd, quien inspiró la historia y los personajes del filme. Samuel abrió, en 1894, su propia clínica dental y como en esa época los anestésicos que hoy conocemos aún no se habían inventado, probó la hipnosis para relajar a sus pacientes y llegó a la conclusión de que algunos individuos pueden ser inducidos a un trance que les permite actuar como un canal entre los vivos y los muertos. Casi nada. Así, el bisabuelo de Aykroyd empezó a organizar sesiones de espiritismo en la granja familiar y su abuelo y su padre cogieron el testigo.

Cuando Aykroyd le contó todo esto a su amigo Harold Ramis, quedó fascinado con la posibilidad de escribir una comedia de cazadores de fantasmas con el título de Ghost Smashers (Destruyefantasmas). Finalmente, optaron por The Ghostbusters, título por el que Columbia tuvo que pagar un dineral a la productora Filmation, que había registrado el nombre para la serie The Ghost Busters, de 1975. Además, el famosísimo logotipo de Los Cazafantasmas, uno de los mejores logos de los ochenta, fue diseñado por el productor asociado Michael C. Gross y tras el estreno, Harvey Comics, creadores de Casper, demandaron a los productores alegando que el fantasma en el logo era demasiado parecido a su personaje. El tribunal no les dio la razón.

Aunque les gustaba la idea, el primer de guion no gustó en Columbia, pero finalmente aceptaron producir el filme por la muy elevada cantidad de 25 millones de dólares de la época (solo en la creación del gigantesco muñeco Stay Puft Marshmallow Man se gastaron 20.000 dólares) pero bajo la condición de tener la película lista para ser estrenada en verano. Ivan Reitman (director de El pelotón chiflado, escrita y protagonizada por Harold Ramis) tenía justo un año para producirla, rodarla, montarla, crear los efectos especiales y sonorizarla. Un calendario de pesadilla.

El reparto original iba a estar formado por Dan Aykroyd, Eddie Murphy y John Belushi, pero el 5 de marzo de 1982, Cathy Smith, traficante de heroína, le inyectó a Belushi una dosis letal de Speedball (una mezcla de cocaína y heroína) en un bungalow del Chateau Marmont, en Sunset Boulevard. Muerto Belushi (aunque homenajeado en el fantasma verde y tragón, un guiño a su personaje en Desmadre a la americana), entró Bill Murray a sustituirlo y Eddie Murphy se cayó del proyecto tras firmar para protagonizar Superdetective en Hollywood.

Se completó el reparto con Ernie Hudson, Rick Moranis, Annie Potts, William Atherton (el malo de la función) y Sigourney Weaver, que convenció a Reitman de que valía para la comedia (venía de Alien, el octavo pasajero y El año que vivimos peligrosamente) interpretando, a cuatro patas, a Zuul, Perro del Terror corpóreo. Todos los que vieron su prueba de cámara se partieron de risa.

El rodaje, en su mayor parte desarrollado en los estudios Burbank de Warner Brothers, en Los Ángeles, empezó el 28 de octubre del 83 y acabó el 10 de febrero del 1984. Para la banda sonora, Reitman llamó a Elmer Bernstein e hizo que Ray Parker Jr. cantase el tema de la película, que se convirtió en un enorme hit. Tras su estreno, que millones de críos disfrutamos en todo el planeta, la crítica menospreció a Los cazafantasmas diciendo que era una película tonta de mucho presupuesto, pero en Columbia, eso sí, respiraron tranquilos al ver las cifras de taquilla. Los cazafantasmas recaudó 300 millones de dólares, se convirtió en el de filme de mayor éxito del estudio, en la comedia más taquillera de todos los tiempos hasta el estreno de Solo en casa y en todo un icono de los ochenta.


Madrid –

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