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50 años de ‘El exorcista’: ¿la mejor película de terror de la historia?

En todos estos años, la obra maestra de William Friedkin, un exitazo de Warner que nadie esperaba, sigue siendo un hito del cine


Titulo con un interrogante porque no pretendo discutir con los lectores de Diario Red, que también tendrán su película de terror favorita de todos los tiempos. Puede que Psicosis o La matanza de Texas, quizás Alien: el octavo pasajero, igual La cosa. Sea como fuere, El exorcista, que esta semana ha cumplido medio siglo desde su estreno (en España se estrenó casi dos años después, poco antes de la muerte de Franco) tiene unas cuantas razones de peso para ser considerada la mejor película de terror de todos los tiempos. Por ejemplo, estas ocho razones:

1. Nadie esperaba algo así.

El mal en las películas de terror solía ser un vampiro, un zombi, un psicópata, un extraterrestre o un fantasma, pero esta vez era un demonio al que nunca vemos (salvo en subliminales fotogramas) en el cuerpo de una inocente joven de familia bien, como la Rosemary de La semilla del diablo, atacada por el demonio en un edificio fetén de Nueva York y ante la complicidad de su marido, que es actor, igual que la madre de la niña de El exorcista. Tanto en la película de Polanski como en la de Friedkin se nos presenta la pureza e inocencia femenina violada por el demonio.

2. Fue una apuesta valiente.

Aunque posteriormente se convirtió en una franquicia (este mismo año se ha estrenado una nueva entrega con pobres resultados), cuando Warner compró los derechos de la novela El exorcista no esperaba que se convirtiese en un blockbuster porque nunca se había rodado nada parecido. Esta vez no se buscaba un éxito copiado de otro éxito, solo se pretendía hacer buen cine. La novela había sido rechazada por todos los estudios menos Warner, que apostó y ganó antes que Tiburón (de Universal) o Star Wars (de Fox), cuando era impensable que un gran estudio arriesgara con el cine fantástico y que tuviese una respuesta del público tan espectacular. El propio Friedkin dijo que no tenía ni idea de lo que tenía entre manos, puede que una peli desagradable y grotesca que no vería ni dios. Finalmente, Warner apostó por los dos tipos que liderarían el proyecto: el autor de la novela, el guionista William Peter Blatty (apostaron porque formaba parte de la industria) y por William Friedkin (apostaron porque acababa de ganar el Oscar con The French Connection). Y lo más importante: les dieron total libertad para trabajar.

3. El público estaba esperando este cine.

La repercusión cultural de El exorcista fue tan inmensa como sus números. La histórica recaudación del filme demostró que el público estaba esperando que el cine fantástico y de terror pasara de segunda a primera división. Y esa lógica demanda también se reflejó en los Oscar, premios acostumbrados a ningunear a la comedia y al terror. El exorcista optó a 10 estatuillas, entre ellas la de Mejor Película, algo insólito. Con El exorcista el cine de terror pasada, a lo grande, de la serie B a la serie A.

4. Partió de un buen texto.

A diferencia de otros anodinos superventas trasladados al cine, la novela de Blatty era una buena novela negra, pero con un cura (Karras) ocupado en el caso (aunque también hay un poli, el teniente Kinderman). Curiosamente, Bratty, que acabó ganando el Oscar al Mejor guion adaptado, venía de la comedia, de trabajar en películas estúpidas como Una yanqui en el harén u Ojos verdes, rubia y peligrosa. Y estaba en paro, así que pensó en rescatar una vieja historia que le obsesionaba desde hacía años: el exorcismo practicado a un niño y del que se hizo eco el Washington Post, que tituló en portada: “Un sacerdote libra a un joven de las garras del demonio”. No se dio explicación científica a lo que le ocurrió a aquel adolescente de 14 años que Blatty convirtió en su novela en una niña. Además, Blatty, católico, introdujo el conflicto entre la ciencia y lo que no se sabe explicar en una familia nada religiosa, dando al relato un plus de realismo que lo hace más aterrador. En el trailer americano se escuchaba una frase que resumía a la perfección la película: “Entre la ciencia y la superstición, hay otro mundo”.

Blatty dio en la diana. Su libro vendió 13 millones de ejemplares solo en los Estados Unidos y se mantuvo 57 semanas en la lista de best sellers del New York Times. Tras comprar los derechos, Warner tuvo claro que solo Blatty, guionista experimentado, adaptaría su propia novela.

5. La dirigió un genio.

En Warner hablaron con Peter Bogdanovich, Arthur Penn y Mike Nichols, pero el favorito en la lista de posibles directores era Stanley Kubrick, que acababa de estrenar con Warner La naranja mecánica. Kubrick puso una condición: reescribir por completo el guion de Blatty, a lo que el escritor (y también productor de la película) se negó rotundamente. En Warner (que años más tarde dejaron que Kubrick interpretase a su antojo la novela de Stephen King El resplandor ante el pasmo e indignación del escritor) llamaron entonces a Friedkin, apodado “Willie el loco” por su complicado carácter. Aunque también pidió una reescritura del primer guion, que acabó haciendo con Blatty, era perfecto porque venía del cine documental (fue muy elogiado su trabajo en The People vs Paul Crump, sobre la liberación de un joven condenado a muerte) e iba a proporcionar un muy necesario pulso realista a una historia paranormal. Además, no era católico, con lo que rodaría la película sin implicarse religiosamente, con una muy acertada distancia.

6. Un magnífico equipo técnico.

La imagen más icónica de El exorcista es el de la llegada de Merrin con su maletín, plano inspirado en el cuadro “Imperio de la luz”, de Magritte, rodado en el 3600 de Prospect Street de Georgetown y recreado en el legendario cartel de Bill Gold.
El responsable de la luz de aquel plano fue Owen Roizman, soberbio director de fotografía de Los tres días del Cóndor o Network, un mundo implacable. Al trabajo de Roizman se unió el del mago del maquillaje Dick Smith (que fue quien envejeció a Brando en El padrino e hizo la transformación de Megan y el envejecimiento de Max von Sydow como Merrin) y el de otro mago: Marcel Vercoutere. Sus efectos especiales, todos físicos, sin un ordenador de por medio, todavía impresionan. Y el toque final de Friedkin, un toque tan valiente como cabrón, fue rechazar con brutalidad la música de Lalo Schifrin para usar, en su lugar, a Krzysztof Penderecki (cuya obra también utilizó Kubrick en El resplandor) y el Tubular Bells de Mike Oldfield, la música por la que El exorcista es mundialmente recordada.

7. Un fabuloso reparto. Y esa niña.

En Warner querían a Marlon Brando como Karras o como Merrin, pero Friedkin se negó, huía de grandes estrellas para los personajes, buscaba el máximo realismo, no quería un reparto de Hollywood. También rechazó a Paul Newman y a Jack Nicholson como Karras y finalmente eligió a Jason Miller para el papel junto a Ellen Burstyn como la madre (papel que se ofreció a Shirley MacLaine, a Audrey Hepburn, a Anne Bancroft y a Jane Fonda, que tachó el guion de “trozo de mierda”), Lee J. Cobb como el detective Kindelan y Mercedes McCambridge como la voz del demonio. McCambridge insistió en tragar huevos crudos, fumar y beber güisqui para alterar sus vocalizaciones.

Y entre todos ellos destacó el inmenso trabajo de Linda Blair, actriz infantil que solo había hecho algo de publicidad, hizo una interpretación maravillosa y fue estigmatizada de por vida por culpa de El exorcista. Tuvo tan mala suerte, que perdió su Oscar ante otra magnífica niña actriz: la Tatum O’Neal de Luna de papel. El trabajo de Blair era mucho mejor y muchísimo más difícil.

8. Una ejemplar narración alejada de los recursos manidos del terror.

El exorcista, que tuvo un rodaje muy duro, con extraño incendio incluido, es digna de ser estudiada en las escuelas de cine porque es un modelo de creación de atmósferas y del uso del sonido, la música y el montaje. Por eso lo que más terror da en ella es lo menos físico, lo que menos depende de trucos y efectos especiales. Levitaciones, crucifijos ensangrentados, vomitonas verdes… Ya saben. Lo que más terror da en El exorcista tiene que ver con su sonido y, de hecho, el trabajo de Robert Knudson y Christopher Newman ganó el otro Oscar logrado por el filme de sus 10 nominaciones.  Un ejemplo: el padre Karras estás escuchando la cinta en la que ha grabado a Regan. Ese sonido sí que acojona. Los gritos “¡Deja que muera!” o “¡Merrin! ¡Merrin!” son escalofriantes. Igual que el uso del sonido en Al final de la escalera, con esa cinta que rebobina George C. Scott y en la que escucha al niño que fue asesinado en la casa en la que compone su música. O los cánticos satánicos que escucha Rosemary en la pared de su habitación en La semilla del diablo. Ese sonido no deja de cumplir una regla fundamental del terror: no lo muestres todo, deja que el espectador imagine. Porque siempre es mucho más aterrador imaginar que ver. Y por eso, y por todo lo expuesto, El exorcista puede ser la mejor película de terror de la historia.


Madrid –

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