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Amazon Prime se pasa al NO-DO: vasallo documental sobre Leonor de Borbón

Una plataforma que, supuestamente, vino a competir con la televisión convencional, ha acabado produciendo pura propaganda, como es el caso de Leonor: 18 años en 18 momentos, documental que blanquea nuevamente a los borbones


Toda institución no democrática, como la monarquía, asentada en algo tan medieval como el poder hereditario, necesita propaganda para perpetuarse en el poder. Franco, el dictador fascista que colocó en la Jefatura del Estado a Juan Carlos I, abuelo de Leonor, conoció la importancia del NO-DO, el “informativo” (muchas veces narrado con fervor patriótico por Matías Prats Cañete, padre y abuelo de conocidos presentadores de Antena 3 y Telecinco) que se proyectaba en los cines para ensalzar su figura y legitimar su régimen.

En el 18 cumpleaños de la princesa Leonor hemos comprobado que hoy la propaganda no es tan tosca, aunque es igualmente servil. Para demostrarlo está toda esa colección de columnas, artículos y reportajes que nos repitieron machaconamente que Leonor es una joven preparadísima y a su vez una muchacha que en nada se diferencia a otros jóvenes españoles. Por supuesto, el pack mediático incluyó la repetición del mensaje principal (y falso): las sociedades modernas son monarquías parlamentarias y los reyes son garantía de unidad, cohesión y convivencia.

En este blanqueamiento de los borbones, a los columnistas lamebotas y a las revistas de peluquería se les une el audiovisual, fundamental para normalizar la Corona. Para eso están los “expertos en Casa Real” de las cadenas privadas y los reportajes reales de TVE, muy ligada a la institución. Tan ligada que la reina Letizia fue presentadora de sus informativos y el amor entre los padres de Leonor fue televisivo y televisado.

Como una cursi historia digna de tv movie de sobremesa de Antena 3, el padre de Leonor, y a pesar de que su abuelo, asquerosamente clasista, le ordenase casarse con alguna heredera europea, se enamoró de la muchacha del informativo de las tres y le pidió a Luis María Anson que le preparase un dossier para saber todo lo que era necesario sobre ella. Pocos días después, le organizaron al príncipe una cena-cebo a la que acudieron, con Letizia, unos cuantos periodistas de la corte, entre ellos Julia Navarro, Pedro Erquicia y Fermín Bocos.

Otra cortesana fundamental en el relato y el blanqueamiento de los borbones fue la realizadora Pilar Miró, que se encargó de la retransmisión de las bodas de la infanta Elena de Borbón y Jaime de Marichalar y de Cristina de Borbón y el golfante Iñaki Urdangarin. Miró, cumplidora felipista (por Felipe González acabó con el espacio de libertad La bola de cristal), directora general de cinematografía y directora general de Radiotelevisión Española, siempre fue muy bien vista, y muy bien pagada, por la Casa Real.

La retrasmisión de la boda de Felipe y Letizia, a la que fue invitada Carmen Franco Polo, duquesa de Franco, y Emilio Botín, Juan Abelló, Alfonso Cortina, Juan March, Florentino Pérez, Miguel Bosé y Arturo Pérez Reverte, fue un éxito de la propaganda oficial. El carísimo casamiento, para cuya retransmisión se usaron 25 unidades móviles y 160 cámaras, fue visto por más de 25 millones de españoles.

Pero han pasado 19 años de aquel fervor monárquico y en este tiempo a los borbones les ha pasado de todo: los divorcios, las golferías de Urdangarin, Botsuana y Corinna Larsen, la amante destechada del campechano, el rey que se llevó mejor con el felipismo que con el aznarismo. Por eso ahora, con un rey más cercano a la derecha y hasta a la ultraderecha, toca legitimar, y con urgencia, a la joven heredera al trono.

Y por eso hace tres años Amazon Prime se apuntó a la propaganda con Leonor. El futuro de la monarquía renovada. En este pésimo documental Ana Rosa Quintana y Anson, pura derecha mediática, entre otros famosos súbditos, nos descubrían a una niña de 15 años que, lógicamente, no ha destacado en nada, ni ha hecho nada relevante por lo que merezca ser retratada en una película de 69 minutos que se hacen eternos.

Solo tres años después, y para celebrar la mayoría de edad de la muchacha, que sigue sin haber hecho nada digno de ser recordado y admirado, nos llega Leonor: 18 años en 18 momentos, un documental-cumpleaños ¡para celebrar que ha cumplido la mayoría de edad! Los primero que escuchamos en él es: “¡Viva la princesa de Asturias!”, apasionado berrido que se enriquece con las palabras de Nieves Herrero, que nos recuerda que no es nada fácil ser princesa porque “te lo tienes que ganar a pulso”. La acompaña Carmen Calvo, socialista, obrera, española y furibunda monárquica que confiesa, emocionada, que se vio en el deber de estar en el primer acto oficial de Leonor, en el Instituto Cervantes.

Lo más fascinante e intrigante de Leonor: 18 años en 18 momentos es cómo se salta, de forma descarada, la figura del abuelo de Leonor, que trabajó por España, pero amasó una fortuna que guarda en Suiza. Juan Carlos, el coleccionista de amantes e hijos ilegítimos que nunca aceptó la relación de la madre de Leonor (nieta de un taxista y a la que los aristócratas españoles llamaban “la jolines” porque repetía mucho la palabra “jolín”) con su padre.

En Leonor: 18 años en 18 momentos, que tiene el acabado de un mal vídeo corporativo, también conocemos los días de Leonor en el colegio Santa María de los Rosales, el mismo en el que estudió su papá y por el que han pasado aristócratas como Gregorio Marañón y Bertrán de Lis, marqués de Marañón, o Carlos Fitz-James Stuart, duque de Alba. Sobre esto, por supuesto, ni una palabra en el documental. Leonor parece que acude, sencillamente, a un buen colegio, no al colegio de la élite. Y, por supuesto, en el documental no falta la farsa militar, la durísima instrucción de la joven, esos tres cuartelarios años por tierra mar y aire. De risa.

Es deprimente que Amazon Prime (una de esas plataformas que, supuestamente, vinieron a competir con la televisión convencional) produzca estos insultantes documentales de propaganda. Por desgracia, no serán los últimos que veamos, la monarquía los necesita para legitimarse y perpetuarse.  


Madrid –

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