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El Teatro de la Abadía defiende la obra ‘Altsasu’ frente a la petición de cancelación de VOX

La obra “habla de la necesidad de cicatrizar heridas, pero también del papel desinformativo que juegan en los últimos años los medios de comunicación», ha informado en nota de prensa el teatro madrileño que dirige Juan Mayorga, académico de la lengua y Premio Princesa de Asturias de las Letras en 2022


Vox abre un nuevo frente en la cruzada cultural que viene alimentando desde que ha tocado poder en ayuntamientos y comunidades autónomas, con un largo listado ya de cancelaciones casi siempre con la complicidad del Partido Popular, las últimas el festival Periferias de Huesca o los premios Berlanga del cine valenciano, que están en peligro al serle retirada toda la asignación económica a la Academia Valenciana del Audiovisual por parte del gobierno de la Generalitat. Ahora han puesto el punto de mira en Altsasu, una ficción teatral de la compañía vasca La Dramática Errante creada a partir del caso homónimo sobre los hechos sucedidos en esta localidad navarra el 15 de octubre de 2016, a partir de los que ocho personas fueron condenadas por la Audiencia Nacional a penas de entre 2 y 13 años de cárcel por las agresiones a dos guardias civiles, aunque luego el Tribunal Supremo rebajó las penas y desde 2020 están en tercer grado.

Está previsto que la obra escrita y dirigida por María Goiricelaya, autoproducida junto a la otra integrante de la compañía, Ane Pikaza, que forma parte como actriz del elenco, haga 11 funciones en el Teatro de La Abadía a partir del 18 de enero de 2024. La Abadía es una fundación privada sin ánimo de lucro en cuyo patronato están representados el Ayuntamiento de Madrid, con un aporte en el último ejercicio de 50.000 euros, el Ministerio de Cultura, cuyo aporte asciende a algo más de 409.000 euros, y la Comunidad de Madrid, que pone la mayor participación económica: 1.750.000 euros, todo a través de subvenciones de asignación directa. El director artístico de este centro de exhibición y producción teatral desde 2022 es Juan Mayorga, dramaturgo, director, académico de la lengua y Premio Princesa de Asturias de las Letras en 2022. Es, probablemente, el autor teatral español vivo más conocido, estudiado, representado y traducido en España y en el mundo.

En la mañana del miércoles 13 de diciembre, el Teatro de La Abadía ha lanzado a los medios una nota de prensa con información sobre los tres montajes que tiene programados en enero: además de Altsasu, se podrá ver Moríos, la obra sobre la vejez de la plataforma catalana Cultura i Conflicte, y el Proyecto ‘36 ‘39 de La Joven, que explora la relación de las nuevas generaciones actuales con las guerras europeas del siglo XX. Tres montajes que, dice la nota de prensa, tienen “el deseo de agitar y desafiar al público. Despertar preguntas en espectadoras y espectadores para generar un espacio de diálogo, asamblea y también de empatía o entendimiento desde el teatro”. En palabras de Juan Mayorga, es importante tener este tipo de propuestas en La Abadía porque “necesitamos un teatro que nos ayude, en asamblea, a examinar nuestro tiempo y sus contradicciones. Un teatro que apele a construir una sociedad fuerte, para la cual es fundamental la circulación de las ideas y las preguntas”.

La nota reflejaba así mismo que Altsasu es “un montaje que habla de la necesidad de cicatrizar heridas, pero también del papel desinformativo que juegan en los últimos años los medios de comunicación”. La Dramática Errante ha mantenido siempre que “aunque Altsasu es una aproximación rigurosa y honesta al mediático caso, estamos ante una obra de ficción y, como tal, ha precisado de una labor de adaptación al género dramático. No obstante, se ha incorporado fielmente a la trama transcripciones de algunos testimonios del juicio, así como recortes de prensa, medios de comunicación y contenidos de redes sociales”.

La Abadía señala que entre los objetivos de la compañía está “la creación de proyectos que quieren dialogar con su entorno social y humano, apostando por las nuevas dramaturgias y lenguajes y con una poética propia”, y entendiendo el teatro “como un arte vivo capaz de generar reflexión”. Finalmente, Altsasu quiere despertar en el espectador un pensamiento en torno a “la necesidad de perdón, reparación y reconciliación y de las vías sociales, políticas y mediáticas para conseguirlo”, según sus creadoras.

Consultadas por Diario Red, fuentes del Teatro de La Abadía aseguran que Mayorga no quiere dar más foco a este asunto. Cuando se presentó la temporada 2023-24 el pasado mes de junio, con la presencia de los titulares de cultura de cada una de las tres administraciones, estatal, autonómica y municipal, nadie les transmitió ninguna intranquilidad. Y en la última reunión del patronato de la Fundación Abadía, que tuvo lugar este 11 de diciembre, el teatro pudo trasladar su gratitud por las respuestas ofrecidas a Vox por parte del gobierno de la Comunidad de Madrid y que esa posición firme del consejero de cultura generó tranquilidad al equipo del teatro.

VOX y el «adoctrinamiento nacionalista»

El pasado 7 de diciembre, la diputada de la Asamblea de Madrid por Vox Ana María Velasco, mostró en el pleno su preocupación en una intervención dirigida al consejero Mariano de Paco, del Partido Popular, por la programación de esta obra en un teatro subvencionado por este gobierno, siendo una obra que, en palabras de esta diputada, “justifica los ataques y las agresiones que sufrieron dos guardias civiles y sus novias en Alsasua, y que es puro adoctrinamiento nacionalista, que cuestiona la justicia y que realiza un juicio paralelo de unos hechos que sentenciaron los tribunales”, a lo que el consejero le contestó que no le tuviera miedo a la libertad de expresión.

Estos argumentos para poner en entredicho la obra no son nuevos, sino que se llevan escuchando por parte de la derecha y la ultraderecha casi desde el mismo día del estreno, que se produjo en octubre de 2021 en Bilbao. En noviembre de aquel año el Partido Popular de Vitoria-Gasteiz ya adujo los mismos temores y a pesar de haber visitado más de 50 pueblos y ciudades de España y haberse estrenado en Colombia y Uruguay, los ayuntamientos gobernados por el Partido Popular siempre han rechazado programar esta obra. Y ahora que se acerca el estreno en Madrid comienzan las turbulencias.

El concejal de Vox en el Ayuntamiento de Madrid Fernando Martínez Vidal mostraba este martes 12 de diciembre en el pleno de la Comisión de Cultura su interés por saber qué aportación económica o material recibía por parte del consistorio madrileño el Teatro de La Abadía donde, según sus palabras, “en las actuales circunstancias que vive España, se ha programado la obra Altsasu, que ofrece una visión absolutamente distorsionada, próxima a las tesis proetarras, de la brutal agresión que sufrieron dos agentes de la Guardia Civil y sus parejas en la localidad navarra de Alsasua. En unos tiempos —continuaba Martínez Vidal— en los que gracias a Pedro Sánchez los destinos de España los deciden separatistas y proetarras, no parece que sea momento para que una obra de teatro venga a blanquear la violencia terrorista. La libertad de expresión y creación no obligan a que con el dinero de los madrileños se financie una obra que presente una visión sectaria y que empatice con los postulados de la banda terrorista ETA. Si alguien quiere programar la obra Altsasu está en su perfecto derecho, pero que no lo haga con el dinero de todos los madrileños por respeto sobre todo a las víctimas del terrorismo y a la Guardia Civil”.

Son exactamente los mismos argumentos, cambiando el significante “terrorismo” por el de “sentimientos religiosos”, que el partido de ultraderecha esgrimió el año pasado para pedir la cancelación de la obra de Paco Bezerra Muero porque no muero. La vida doble de Teresa, que se iba a estrenar en los Teatros del Canal, dependientes de la Comunidad de Madrid, y que finalmente fue apartada de su programación.

Rafael Cabrera, director general de programas y actividades culturales del Ayuntamiento de Madrid, respondía en esta comisión de cultura al concejal de Vox, primero que iban a aumentar la dotación a la Fundación Abadía hasta los 75.000 euros en el próximo ejercicio y luego que su postura “es siempre el más absoluto respeto a la programación definida por las direcciones artísticas de los distintos centros y no nos vamos a meter en decirles si se puede programar eso o no”.

¿Alguien ha leído o visto la obra?

A juzgar por las intervenciones de los responsables de cultura de Vox en Ayuntamiento y Comunidad de Madrid, están más preocupados por el tema tratado en la obra que por cómo se trata, dando por hecho que la autora toma partido sin haber visto la función, como ya le pasó a la concejala del PP en Vitoria en 2021. En ningún momento entraron a valorar el trabajo dramatúrgico de Goiricelaya, sino que dieron por hecho que la obra es un juicio paralelo a unos hechos ya juzgados, con lo que demuestran su palpable desconocimiento de la trama y del teatro mismo. Es lógico, por otra parte, ya que no son críticos teatrales, sino políticos, pero políticos que ponen en entredicho la libertad de expresión y creación basándose en una sinopsis.

María Goiricelaya fue nominada por Altsasu a los Premios Max (los máximos galardones teatrales en España) en las categorías de Mejor Espectáculo y Mejor Autoría Teatral en la última edición de este 2023. Terminó llevándose el Max a Mejor Adaptación por otra de sus producciones, Yerma, que adapta el clásico de Lorca. En su otra faceta, la de gestora cultural, ha sido programadora de teatro y danza en la bilbaína Sala BBK y desde 2022 es, junto a su compañera y socia Ane Pikaza, directora artística del Festival de Teatro de Olite. Como directora escénica, este octubre de 2023 ha estrenado en el teatro Arriaga de la capital vizcaína Festen, adaptación de la película de Vinterberg, y en el teatro María Guerrero de Madrid la función familiar Play!, que está en cartel hasta el 20 de diciembre.

El estreno en Bilbao de Altsasu y la reacción del público, tanto allí como en posteriores representaciones, confirmó el rigor con el que se había trabajado para reflejar minuciosamente en el texto las voces de todos los implicados en el caso y generar entre los espectadores, aun con los prejuicios y sus ideas previas de cada cual, un debate y una reflexión. La obra empieza recreando la noche de autos sintéticamente, con su lógica elaboración teatral, tanto desde el punto de vista de los chavales que salieron de fiesta aquel Martes de Carnaval, como es tradición en Alsasua, como desde el de los agentes de la Guardia Civil que estaban en el bar Koxka aquella noche, fuera de servicio. La quinta escena de la obra, cuando apenas lleva 12 minutos, nos traslada ya al 16 de abril de 2018, a la sala de lo penal del juzgado central de instrucción número tres de la sede de la Audiencia Nacional en San Fernando de Henares, Madrid.

“En menos de 24 horas —dice el texto del dossier de prensa de la obra— Altsasu se convierte en un plató de televisión y el caso en un asunto de Estado. El giro de este espectáculo se produce cuando el Colectivo de Víctimas del Terrorismo en el País Vasco denuncia los hechos ante la Audiencia Nacional, a pesar de que la investigación del caso seguía ya su curso en los juzgados de Navarra. Esta organización introduce la acusación de terrorismo y el operativo policial contra ocho jóvenes se pone en marcha el 14 de noviembre. A la vista oral que comienza el 16 de abril de 2018 se llega con peticiones fiscales de entre 62 y 12 años de prisión. El caso, plagado de puntos negros, constituye uno de los procesos judiciales más desconcertantes de los últimos tiempos”.

Ficción a partir de hechos concretos y documento real, un formato escénico que en los últimos años tiene una gran presencia en los escenarios españoles y europeos. Ahí están obras como Shock: el cóndor y el puma, sobre la aplicación de la doctrina del shock neoliberal en las dictaduras de Chile y Argentina; o Rescoldos de paz y violencia, trilogía sobre los procesos de diálogo y restauración en Euskadi; o Antígona en el Amazonas, sobre la lucha de los sin tierra en Brasil. Obras que afrontan realidades con una mezcla de teatralidad y dato objetivo, arte político para ayudar a entender hechos concretos que, de alguna forma, inciden sobre el devenir general de una sociedad. Goiricelaya usa el sumario del juicio o informaciones publicadas en prensa, pero nunca tuvo contacto directo con los implicados porque esto no es un reportaje periodístico, aunque algunos ingredientes sean los mismos; es teatro, y la autora necesitaba distancia precisamente para no tomar parte. De ahí que invente, por ejemplo, un diálogo entre las madres de unos y otros, para humanizar el hecho y, como ella dice, para demostrar que “nadie tiene el monopolio del dolor”.


Madrid –

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