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Genocidio TikTok

Nunca las imágenes de una limpieza étnica nos habían llegado de forma tan constante y nítida


Hay imágenes tan poderosas que fueron capaces de cambiar la opinión pública ante una guerra y otras, como el televisado atentado contra las Torres Gemelas, que dieron carta blanca a guerras criminales y absurdas. Una de las fotos más icónicas del siglo XX es la conocida como “Niña del napalm”. Esa famosa instantánea de la Guerra de Vietnam acabó con buena parte de la propaganda estadounidense. Medio mundo quedó horrorizado ante esa niña desnuda, y quemada, junto a otros críos aterrorizados.

No fue la única imagen de la vergüenza en Vietnam. Hubo algunas mucho peores y que sacaron a los estudiantes a las calles, como la del hombre ejecutado con un tiro en la sien en una acera de Saigón o las fotos de la matanza de My Lai, tomadas por un fotógrafo del ejército. Las fotos, filtradas a la prensa, mostraban lo sucedido el 16 de marzo de 1968, cuando tropas dirigidas por el teniente William Laws Calley llegaron a un poblado y durante cuatro espantosas horas violaron, asesinaron y prendieron fuego a la aldea. Según el Museo de My Lai, murieron 504 personas, entre ellas 182 mujeres, 17 de ellas embarazadas, y 73 niños, incluidos 56 bebés.

Décadas más tarde, otra filtración a la prensa dio la vuelta al mundo y cuestionó otra demencial invasión yanqui. Wikileaks difundió un vídeo filtrado por la soldado Chelsea Manning en el que se veía un ataque aéreo en Bagdad. Dos helicópteros estadounidenses abrían fuego contra un grupo de iraquíes, asesinando a doce de ellos, incluidos dos colaboradores de la agencia Reuters. Igual de impactantes fueron las grabaciones, realizadas con teléfonos móviles, del ahorcamiento de Sadam Husein y del asesinato de Muamar el Gadafi.

Hoy, con 8.590 millones de teléfonos inteligentes en circulación (hay más celulares que humanos) y plenamente integrados en la comunicación privada y social, vivimos otra realidad. Lo que ha demostrado TikTok, por ejemplo, es tan revelador como aterrador. Revelador porque nos ha expuesto la cara más espantosa de un genocidio, el que está perpetrando Israel contra el pueblo palestino. Y aterrador porque parece que a nadie le importa. A nadie en el poder, quiero decir. La opinión pública, que vio las consecuencias del ataque de Hamás, no intuía lo que iba a venir después: otro episodio de la salvaje limpieza étnica que Israel lleva perpetrando desde hace décadas.

Unanue / Europa Press

En un primer momento, Israel pensó que, sin prensa en la zona, con un feroz apagón mediático, todos sus horrores podrían esconderse o al menos lograr que no tuviesen un gran impacto. En un ejercicio de repugnante cinismo, la Corte Suprema israelí rechazó un recurso de la Asociación de Prensa Extranjera (FPA) en Jerusalén que demandaba que Israel autorizara acceso a los periodistas a Gaza. El tribunal rechazó la petición con un fallo en el que reconocía “la violación de la libertad de presa” (nada menos) pero argüía que su rechazo estaba justificado por “motivos de seguridad”. Además, y en el colmo del cinismo, decían estar preocupados por “los reporteros en Gaza”, que podrían “correr riesgos en tiempos de guerra”.

Bashar Taleb / Zuma Press / ContactoPhoto

Antes un tirano, un invasor o un genocida, como Israel, sabía que, sin cámaras como testigo, no había testimonio posible de todos sus horrores. Imaginen un smartphone en el gueto de Varsovia o en un campo de los jemeres rojos, por ejemplo. Pero ahora con los móviles inteligentes todo ha cambiado radicalmente. Y el espanto que estamos viviendo es nuevo y cercano, sin filtros. Grabado por un padre, una madre, una enfermera, un periodista.

Nunca habíamos visto ese espanto diario en redes (jamás en la televisión convencional, censurada y manipulada), nunca habíamos sentido esa necesidad de dejar de ver esas espantosas imágenes para poder dormir. No habíamos visto algo parecido a los últimos minutos de vida de Samira, de seis meses y asesinada por Israel. Tampoco a los niños con quemaduras causadas por bombas incendiarias con fósforo blanco, bombas arrojadas por los israelitas contra paupérrimas tiendas de campaña. O el testimonio de mujeres que vieron cómo su marido y su hija eran carbonizados frente a sus ojos.

Hemos visto los testimonios de una niña palestina de 13 años que explicaba que vivía en una casa de chapa, llegaron los sionistas con sus tanques y pasaron por encima de ellos tres o cuatro veces. Su padre y su hermana murieron bajo la chapa. También a un bebé recién nacido palestino rescatado del vientre de su madre después de que fuese asesinada en su casa durante los ataques aéreos. O el dolor de madres palestinas abrazando el cadáver de sus pequeños asesinados.

Material de prensa en el suelo durante una concentración por la muerte de periodistas en la guerra de Israel y Palestina, en la plaza Sant Jaume, a 9 de noviembre de 2023, en Barcelona, Catalunya — David Zorrakino / Europa Press

También, y en un remate nauseabundo, estamos siendo testigos de la pura banalidad del mal israelita. Colonos impidiendo el acceso de camiones con comida para los palestinos mientras bailan, cantan y sonríen. Jóvenes estudiantes sionistas que gritan “hijo de puta” a un profesor de instituto que posteó fotos de palestinos asesinados por el ejército israelita. Un malnacido disfrazado de dinosaurio mientras carga munición en un cañón, soldadas haciendo demenciales bailes y que parecen estar puestas hasta arriba de eme, soldados brindando y riendo mientras vemos, de fondo, cómo hacen demoler un barrio entero. Nunca se ha visto nada igual. Ni de lejos.

Pero Israel siempre tendrá a su eterno coautor en sus crímenes de masas. La respuesta de Estados Unidos antes las imágenes de TikTok que muestran el genocidio ha sido intentar prohibir TikTok. Demócratas y republicanos presentaron varios proyectos de ley destinados a prohibirlo y la razón es sencilla: esta vez la propaganda israelita no funciona y tienen miedo ante la prominencia del contenido pro palestino. Desde TikTok trataron de probar a organizaciones judías que no estaban sembrando un discurso antisemita. El jefe de operaciones de TikTok hasta mantuvo una videollamada con celebridades judías, entre ellos el cómico Sacha Baron Cohen, que tuvo la vomitiva desfachatez de decir: “Lo que está sucediendo en TikTok es que está creando el mayor movimiento antisemita desde los nazis. Qué vergüenza”.

Lo más aterrador de todo es la cobarde respuesta internacional, la comedia de emitir una orden de arresto de la Corte Penal Internacional contra Putin pero no hacer nada ante Netanyahu. Ni embajadores expulsados, ni un cese de relaciones, ni sanciones económicas, ni vetos, ni bloqueos. Quizás con el horror más crudo, el de TikTok, también ha llegado la más terrible de las certezas: el orden internacional es una farsa, no existe tal orden. Existe el desorden y la pura impunidad del mal.


Madrid –

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Editorial

  • Florentino Pérez, ministro de Vivienda

    El problema de la vivienda en España es gravísimo y es urgente en términos sociales y económicos abordarlo de forma valiente. Pero habría que ser muy inocente para llevarse a engaño. Es obvio que el PSOE no va a hacer absolutamente nada significativo en esta materia