El director de cine Ken Loach, Cannes 2023

La importancia de Ken Loach: cine militante e insobornable

Repasamos las películas (y te decimos dónde verlas) del veterano cineasta, conocido por retratar a la clase obrera o mostrar los desmanes del capitalismo y que acaba de estrenar ‘El viejo roble


Es complicado no admirar a Ken Loach y su coherencia.

Este viejo director (87 años), heredero del realismo social británico, posee una envidiable estantería de premios internacionales (diez premios en Cannes, cuatro en Venecia, tres en San Sebastián y uno en Berlín) y acaba de estrenar la que, posiblemente, sea su última película. Se llama El viejo roble y en ella nos vuelve a hablar de explotación, precariedad y racismo, esta vez en un pueblo del noreste de Inglaterra. En él la gente abandona su tierra mientras se cierran las minas y refugiados sirios ven el lugar idóneo para rehacer su vida.

El viejo roble’, que es una de sus obras menores,fue presentada en la Seminci vallisoletana, donde a Loach se le trata como a alguien de la familia. Recuerdo bien cómo, en los 90, la década en que Loach rodó sus mejores películas, los cinéfilos esperábamos una nueva de Loach como un acontecimiento que en Madrid se disfrutaba en los cines Renoir. Y fue en España donde Loach se la jugó al atreverse a hablar de nuestra Guerra Civil en Tierra y libertad, premio FIPRESCI en Cannes (podéis verla en FlixOlé). El filme, estupendo, es un fiel retrato de la lucha de la Brigada Internacional del frente de Aragón, la entregada lucha de un grupo de antifascistas de diferentes naciones que descubre que el enemigo también puede estar en su propia trinchera.  

Aunque los festivales ya se fijaron en Loach en 1969 gracias a Kes, la sencilla historia de un niño y el halcón que amaestra en un pueblo minero de condado de Yorkshire, Loach dio el salto internacional gracias Agenda oculta, Premio Especial del Jurado en el Festival de Cannes y que ya mostraba las inconfundibles marcas de autor de Loach: un guion trabajado y nada disperso, sobriedad en la realización, ningún virtuosismo visual, brillante dirección de actores y una postura ideológica sin ambages, cine de denuncia sin rodeos, cine que algunos críticos tacharon de maniqueo y hasta de propaganda.

A pesar de todo, Loach ha conservado un espectador fiel y ha seguido rodando su cine hasta hoy. También ha dejado claro lo que, para él, significa la propaganda: “Son los informativos televisivos los que utilizan ese lenguaje. Todavía escuchamos el término “guerra contra el terrorismo” para referirse a una guerra ilegal o “reforma” y “modernización” cuando lo que realmente queremos decir es privatización y avaricia pública”.

En Agenda oculta (podéis verla en Movistar Plus y en Filmin) Loach ya llamó la atención por esa sobriedad suya, tan carente de marcas de director, tan seca y directa como un buen reportaje. Loach sabía que el texto, un thriller con el terrorismo de Estado de fondo, era tan contundente que no debía destacarse detrás de la cámara. Por eso Agenda oculta fusiona de forma brillante el cine negro y el cine de denuncia.  

Siguió Loach con Riff-Raff, Premio de la Crítica en Cannes con un inmenso Robert Carlyle antes de convertirse en una estrella gracias a Trainpotting y Full Monty. Riff-Raff, filme con ligeros toques de comedia, nos cuenta cómo la infame Margaret Thatcher deja el poder y también una clase obrera devastada. Tras 11 años de gobierno de la Dama de Hierro, no es posible sindicalizarse, la seguridad laboral ha desaparecido, los obreros viven en la pura inestabilidad laboral, sus salarios son pobrísimos y viven en barrios marginales plagados de delincuencia.

Dos años después, llegó una de sus más grandes obras, llena de humanidad, de inmensa sensibilidad y también con necesarios toques de humor: Lloviendo piedras, Premio especial del Jurado en Cannes. En ella un obrero en paro sobrevive en una pésima situación económica, pero como buen católico, tiene que hacer todo lo posible para que su hija lleve un bonito vestido el día de su Primera Comunión.

En Ladybird, Ladybird, Oso de Plata a la mejor actriz en Berlín (enorme Crissy Rock), Loach apostó por un drama con toques de Kafka, aunque todo lo que cuenta está basado en hechos reales, mostrando cómo la burocracia de la asistencia social hace imposible que la protagonista logre la custodia de sus hijos. Siguió Loach con La canción de Carla, nuevamente con Robert Carlyle, y con Mi nombre es Joe, Espiga de Oro en el Festival de Valladolid y con un inmenso Peter Mullan como un parado alcohólico que entrena al peor equipo de fútbol de Glasgow.  

A partir del 2000 Loach entregó su cine menos inspirado y que pasó más desapercibido entre el público, la crítica y los festivales. De esta etapa destacan Pan y rosas, su aventura americana (que no hollywoodiense) rodada en San Diego y Los Ángeles y con Adrien Brody de protagonista, La cuadrilla, sobre las consecuencias humanas de la privatización de una empresa pública (la ferroviaria British Rail) o El viento que agita la cebada, con Cillian Murphy, Palma de Oro en Cannes y sobre el origen del IRA (está en FlixOlé).

Cierra Loach la primera década del siglo XXI con Buscando a Eric, película simpática y futbolera (Loach es forofo del club inglés Bath City). En ella un cartero de Manchester, fanático del fútbol y al que no le va mal en el trabajo, sufre una vida familiar y sentimental caótica y una tarde se presenta en su casa el mismísimo Eric Cantona (está en Amazon Prime y en FlixOlé).

En 2016, Loach volvió a ganar la Palma de Oro con Yo, Daniel Blake y entró en el grupo de elegidos que han ganado el principal galardón de Cannes dos veces, como Emir Kusturica o Francis Ford Coppola. Loach había dicho que a los 80 se retiraba del cine, pero cuando leyó el guion de esta película, de su fiel aliado Paul Laverty, decidió seguir en el cine. Lo que nos dice Yo, Daniel Blake (que está en Amazon Prime, Movistar Plus y Filmin) es que frente a un sistema burocrático que evita la protección al más necesitado, todavía queda gente buena. Tan simple como eso, porque Loach es admirablemente simple, aunque para algunos sea un simplón y su cine de trazo grueso.
Yo, Daniel Blake te deja hecho mierda, pero también con la necesidad de ayudar, solidarizarte, empatizar. Aunque tú mismo estés en el bando de los que necesitan ayuda.

A pesar de su edad, Loach siguió rodando y lo hizo con Sorry We Missed You (está en RTVE Play, Filmin y Movistar Plus), que habla de la perversa mutación del capitalismo, de la “uberización” de trabajadores sin conciencia de clase, sin unión, sin valor, aterrados, anulados. También del fenómeno del falso autónomo y de algo que se expande por todo el planeta: el trabajador al que obligan a ser empresario y acaba siendo más esclavo que antes, cuando tenía contrato, horario, sueldo y derechos. Un plan perfecto de un régimen perverso que Loach definió magistralmente: “Hay quien dice que el capitalismo es un sistema fracasado y se equivoca. Es todo lo contrario, porque ha conseguido su objetivo: la esclavización del hombre con su conciencia de clase anulada, incapaz de rebelarse, creyendo que su sumisión, su absoluta desprotección y su pobreza es por su culpa”. 


Puedes ver el tráiler de El viejo roble aquí:

Madrid –

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