La Mesías: Los Javis divagan y aburren con una serie tan hueca como interminable

La serie de moda, ensalzada por la crítica y a la que le lloverán muchos premios el año que viene, es una de las ficciones más sobrevaloradas y decepcionantes del año


Los Javis, Javier Calvo y Javier Ambrossi, que presentarán los próximos Premios Goya junto a Ana Belén, son una de las parejas más famosas del show business patrio y codiciados tanto por Netflix como por Atresmedia, Mediaset, Prisa o Movistar Plus+. Lo petan. También son hombres orquesta: actores, dramaturgos, guionistas, directores, productores, presentadores, profesores en Operación Triunfo, jurado de Mask Singer: adivina quién canta, diseñadores de moda, modelos… Pero, como dice el dicho, “quien mucho abarca, poco aprieta”. Y Calvo y Ambrossi abarcan demasiado.

“Escribe de lo que sabes” es una frase que se le suele soltar a todo escritor primerizo, pero tiene su parte de verdad. Por algo el mejor trabajo de los Javis, la telecomedia Paquita Salas, fue el primero. Y es el mejor porque en ella hablaron de lo que saben: las miserias de su oficio. Por eso te crees a Paquita, la desastrosa representante, un personaje que podría haber resultado chusco, y encima interpretado por un hombre (tronchante Brays Efe), pero que se gana al espectador por su tremenda humanidad. Llama la atención que dos ruidosas celebrities como Los Javis sepan dibujar tan bien a los que se quedan en el camino, a los perdedores.

Por desgracia, todo cambió con la fallida La llamada, con personajes escritos con llamativa pobreza y torpeza. Como comedia funciona a ratos, como drama hace aguas y como musical es patética. De hecho, la banda sonora es de Leiva, para qué decir más.

Luego llegó Veneno, serie que ahondaba en la sordidez, algo muy del gusto de Los Javis. La serie empieza bien, con una excelente dirección de actores y hasta un indudable virtuosismo técnico, pero acaba agotando con su excesivo lumpen. Aunque eso no es lo peor, lo más reprobable de la serie es el blanqueo que hacen los Javis de la telebasura, incluso homenajeando a Pepe Navarro, pionero y rey de la telebasura hasta que fue sustituido en el trono por Javier Sardà, el mismo que hoy va de reflexivo tertuliano de la actualidad sociopolítica.

Pero centrémonos en La Mesías, la serie de moda y que va a coleccionar una buena cantidad de premios el año que viene (ya tiene 11 nominaciones en los Feroz y 5 en los Forqué). “Apasionante” para la SER, “una experiencia sensorial llamada a convertirse en la serie española del año” para Fotogramas, “una obra conmovedora” para eldiario.es… Lo más loco es lo que ha escrito Sergio del Molino para El País: “Obra mayúscula que antes de su estreno ya es historia del arte de contar historias con imágenes”. Ojiplático me quedé al leer a este juntaletras. 

Yo también las junto, soy un profesional de esto de la crítica de cine y estoy muy contento en Diario Red, pero les juro que no se paga con dinero tener que ver cómo vuelan horas y horas de tu existencia observando, entre el pasmo y el hartazgo, la absoluta insignificancia y nadería de esta serie que muchos ven entera, estoy seguro, solo por moda. Porque si no les vendiesen que es una serie de obligado visionado para estar al día en la cosa de la tendencia no durarían viéndola ni dos capítulos. 

La Mesías, narrada en innecesarios flashbacks, comienza con Enric, su protagonista, viendo, impactado, el vídeo viral de un grupo musical de pop cristiano compuesto por varias hermanas (clavadito a Flos Mariae, que han tachado la serie de repugnante). A partir de este momento, comienza la búsqueda de Enric, lo que supone el regreso a una infancia terrible con un padre fanático religioso y una madre con delirios mesiánicos.  

Lo primero que te saca (más bien te expulsa) de La Mesías es el personaje de la madre, un puro cliché, un personaje mal escrito, una mujer que pasa de ser prostituta, alcohólica y cocainómana a una paridora y manipuladora que no se mueve de su cama para finalmente convertirse en una iluminada religiosa podrida de codicia. Y Los Javis lo hacen sin transición y explicación alguna. También nos tenemos que comer que la madre de la serie es Ana Rujas en su juventud, Lola Dueñas en su madurez y Carmen Machi en su vejez, una delirante elección de actrices que no se parecen en nada. El padre, eso sí, siempre es el mismo: Albert Pla maquillado.

La estructura de la serie está diseñada para resolver qué sucedió en la infancia de Enric y también para explicar el porqué de un marciano verde y de dedos largos que aparece en sus pesadillas, lo que parece un contacto extraterrestre (da la casualidad de que Enric trabaja como técnico de cámara en Montserrat, donde se topa con un grupo de pirados por los ovnis). Y el marciano verde y de dedos largos resulta ser una representación de los abusos sexuales que Enric sufrió de niño. Para descubrir este giro final, previsible, tramposo y tremendamente pueril, debes tragarte siete interminables episodios (algunos duran hora y cuarto). El mayor problema de La Mesías es su ritmo. Es lenta hasta la desesperación, con secuencias alargadas sin sentido (como la grabación en vídeo de un ensayo o el momento al piano de Amaia Romero). La serie, que cuenta muy poquitas cosas para tener siete capítulos, es el ejemplo de una buena idea estirada como un chicle y que podría haber sido una estupenda película centrándose en un pirado religioso que secuestra a una mujer y la obliga a parir una prole/secta a la que no deja salir de su siniestra casa. Todo el resto sobra en La Mesías, es pura maleza.

Por desgracia, esta serie está a leguas de ficciones de parecido argumento como A las nueve cada noche o La habitación o de trabajos documentales comoThe Wolfpack o Wild, Wild, Country, obras maestras comparadas con esta papilla de supuesta irreligiosidad (La llamada ya hablaba del fanatismo religioso, parece que estamos ante una marca de la casa Javis). Y digo supuesta porque al final, en un giro ridículo, la serie apuesta por la religión: el protagonista se encuentra a sí mismo gracias a una gurú de la India, una cosa loquísima para cerrar todo este absoluto disparate que zozobra desde su tercer capítulo.

Y dicho todo esto, ¿es La Mesías la mejor serie española del año? Hombre, comparada con 30 monedas 2, Sky Rojo 3, El internado 3, Cristo y Rey, La chica de nieve, Bosé o Nacho pues igual sí. Lo que dice muy poco del audiovisual español.


Madrid –

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