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Manuel García: «Lo de Palestina e Israel pone en conflicto la posibilidad de seguir creyendo en lo humano»

Entrevista con el músico chileno con motivo de lanzamiento de su último disco «El caminante»


Venga la vida contigo, compañera de este viaje. Hablar de ti, de tus mil caminos, es hablar del derecho a vivir en paz. Falar de ti, palomita de mar, es falar de la gran capital de los colores, allá donde la canción del desvelado se torna en danza de las libélulas, insecto de oro sobre los campos de diamante, acá donde el alma mantra endulza el reproche, de camino a casa, como azúcar al café. Yo pienso en ti, y la pena vuela, caen lunas, se asusta el pánico, le digo: vete. La luz de tu retrato iluminado cegó a la medusa, despistó al carcelero, me indicó cómo partir. Escapé por tu ventana del acuario. Como dices tú, todas somos aprendices de profesora y profesor, todo bufón guarda en su interior un rey y un diez, si se le presta la madera suficiente para emprender la diagonal del alfil, si recibe a tiempo un sincero abrazo de hermanos. Tanto creo en ti, María, en tu potencial para mover en nuevas direcciones la aguja del reloj del reino del tiempo, en la témpera que brota de la tinta de tus lágrimas de alegría y redibuja el mundo. Tanto creo en ti. Rejuveneces el corazón del viejo comunista, lo desempolvas con tu pañuelí de esperanzas. Te quiero, amiga. Venga la vida para el caminante, compañera de este viaje, contigo.

<<Caminante no hay camino, se hace camino al andar…>> Andas presentando en Madrid estos días tu último álbum de estudio, ‘El Caminante’. Creo que el título tiene algo que ver con esos versos machadianos universales, que más tarde recogería y expandiría Serrat. ¿De dónde viene y a dónde nos lleva este disco? ¿Y qué relación guarda con este poema?

M. G.: El poema que citabas, en otro momento, dice que todo pasa y todo queda, pero que lo nuestro es pasar. El camino, cuando uno lo sale a andar, nos dice que no hay más que estelas en la mar. El camino, por tanto, se hace con humildad. A partir de esa premisa, de alguna forma,este disco trata de refrendar aquello que el camino sí nos deja. Si algo nos deja es la relación con otros y otras. El camino, al hacerlo desde el arte, desde la canción, se suma al relato oral, que nos cuenta que la sabiduría de los pueblos está representada muchas veces en una comida, en una tradición, en un canto. Ese canto es mucho más hermoso cuando se hace con compañeros y compañeras. De eso va el disco, un disco con muchas colaboraciones, muy honestas, hechas no en función de lo comercial, sino en función de un sentido de comunidad. Esa comunidad que no se encuentra más que si uno sale al camino.

En este disco se pueden encontrar un montón de países, de momentitos, de situaciones, qué sé yo, que representan un lugar de encuentro, que fueron a parar a un estudio de grabación, pero que muchas de ellas arrancaban en casas, tras bambalinas en un escenario, o de sentir una admiración hacia referentes y luego invitarlos a ser parte de un posible relato conjunto, de un retablo.

Este disco es en buena medida un ejercicio profundo de conversación con otros artistas del más alto nivel y reconocimiento a ambos lados del Atlántico, y con sus respectivas tradiciones diferentes, desde las tuyas. ¿Se hace necesario más que nunca reivindicar la conversación en estos tiempos que corren, a toda prisa, Manuel?

M.G.: Fundamental. Porque si algo protege la belleza del camino, si algo protege ese relato oral que queda y su sabiduría, es conversar el mundo. Conversar el mundo es finalmente generar un sentido de comunidad. Lo comunitario lleva mucho tiempo en riesgo, sobre todo desde la Revolución Industrial en adelante, cuandogeneramos esa situación en que el trabajo y la vida se divorcian en función de la felicidad. Cada uno tiene que ver cómo resolver este esquema, pero es mucho más fácil en comunidad. Si lo poquito que tenemos cada uno, lo ofrecemos, lo convidamos, lo ponemos a disposición, se hace una gran suma en que ese poquito genera un estado de felicidad. Ese poquito puede tener que ver con la transmisión de esa sabiduría del relato oral también. Un pan, cuando lo partes y lo compartes, eres más feliz,cuando otro come contigo.

Los sistemas que nos dicen eso de “sé tú mismo”, “juégatela”, “anda por lo que tú quieres”, nos venden un individualismo donde no hay comunidad. Sin comunidad no hay conversación, sin conversación no hay conocimiento oral. Si se pierde el conocimiento oral, se pierde la sal de la vida, la gracia, el amor, la alegría.

Manuel García interpreta ‘Tu voz de agua clara’, versión acústica.

Hay en Chile un impulso más intenso que nunca de hacer comunidad a través del arte”. Esta frase es tuya, de hace algún tiempo. ¿A qué te referías con ella?

M.G.: La manera fundamental que hemos tenido estos años en Chile, como en otros países de Latinoamérica, de dar un paso adelante, de enfrentarnos a la posibilidad de destrabar muchos de los conflictos que tenemos pendientes desde mucho tiempo atrás, en términos políticos y sociales, no se está fraguando estrictamente desde la política institucional, que en muchos casos no ha estado a la altura de las circunstancias. El estallido de 2019, proceso que aún estamos viviendo de alguna manera, dio cuenta de que había mucho arte popular con necesidad de salir a las calles a expresarse, rayadas en las calles, letreros, consignas, diseño de graffiti, incorporación de canciones nuevas, revisionismo de la historiografía de lo que significa la canción antigua, expresiones barriales como los cabildos, que era donde la comunidad se reunía, donde venían quizás un par de artistas más reconocidos, pero también cantaban abuelitas, gente joven… Distintos estilos. Se organizaban ferias populares, cines de barrio, discusión y conversación abierta a través de un micrófono para hablar de política, algo que no había sucedido nunca en Chile, y sobre todo el uso del espacio público en función del encuentro. A eso me refiero con esa frase, a un momentazo que no habíamos visto jamás en Chile, la reunión de la comunidad en función de lo social y lo político a través del arte.  

¿Qué supusieron para Manuel García, en particular, las movilizaciones de 2019?

M.G.: Una ilusión. Significó para mí el fin histórico de un proceso, la poca posibilidad que teníamos de un encuentro en el espacio público, de la toma de consciencia de la ciudadanía de sus propios derechos. Sin embargo, no sé si mal manejados por la institucionalidad política dominante, o si por nosotros como pueblo, como vecinos y vecinas, esos procesos han tendido a ser en parte como abortivos. Una vez más, lo que era un “dejémonos de esperanzas, y ya empecemos a hincarle el diente a los temas que nos interesan” han vuelto a convertirse otra vez en “una esperanza” vaga sobre una tensión que dio vuelta al proceso, un paso de eso que originalmente se suponía que era el reclamo justo y necesario por los derechos ciudadanos a una especie de contraparte que se empieza a parecer a una pataleta, algo que parece tener más que ver con un “yo también quería tener acceso al consumo”, basado no tanto en el reclamo de educación gratuita de calidad, salud, pensiones, trabajo digno, y un montón de temáticas que tenemos pendientes como sociedad, en Chile y muchas veces en Latinoamérica, sino en la posibilidad de convertirse cada uno en un buen capitalista en un país que te ofrece pocas posibilidades democráticas y más bien solo posibilidades de competir unos contra otros. Ahí hay una cosa preocupante que está todavía en discusión. 

Pero, para mí, el estallido todavía significa una posibilidad de que algo late, de que hay una pulsión por que las cosas cambien y se movilicen hacia algún lugar. Eso es al menos con lo que uno se podría quedar hasta este momento, con el hecho de hacernos cargo como vecinos de que cada unoy cada una tiene que aportar en este proceso claridad y compromiso para que podamos destrabar y dar un paso adelante.

Hace unas semanas se resolvió el juicio de los asesinos de Víctor Jara. Hay quien dice que no hay que seguir removiendo el pasado. Otros incluso hablan ya de que esos asesinos no lo fueron tanto, que demonios hubo en todos los bandos. ¿A ti qué te parece este revisionismo?

M.G.: Tratan de empatar algo que no tiene ningún sentido, ninguna posibilidad de ser empatado. ¿Cómo se puede intentar empatar, por ejemplo, a Pinochet con Allende? Hay gente que cree que son antagónicos. Un antagónico de Allende tendría que ser primero un pensador, un lector, una persona que pensara diferente en base al conocimiento que tiene que ver con temas como el humanismo y el compromiso de entregar tu vida por tus valores y tus ideas. Hablar de Allende es hablar de un pensador de alta categoría, no solo en lo político, sino también en la reflexión filosófica y humana. Esta persona, que fue mucho más que un estadista, este chicho querido, el compañero presidente, representó las ilusiones de procesos que eran muy complejos de llevar a cabo al mundo. El otro señor, Pinochet, es un asesino, es una persona que justamente carece de valores y que no alcanza ni siquiera a ser un antagonista, sino más bien una figura que se acerca más a la categoría de “lo inhumano”. Desde ahí, la Historia no se puede equilibrar con el juego de que por ambos lados fue lo mismo. 

Un pueblo de obreros, de campesinos que habían venido a las ciudades, que en épocas de Revolución Industrial se les prometió una cosa que no se les otorgó nunca, que era la salud, la educación, o por lo menos que a partir de su sacrificio los hijos mejoraran su sistema de vida, hasta el día de hoy se cobra la salud y la educación en Chile a niveles brutales en que la gente entrega sus vidas completas trabajando y no tienen finalmente ni derecho al descanso, a la lectura, a disfrutar de su familia, a un buen recreo, a un momento que te dé espacio para pensar, para comprar un libro barato… El coste de todo eso es que el pueblo se va dañando moralmente. Ese daño se transforma en frustración, que se convierte en rabia y rabia que se torna en violencia. Luego el que sale a robar, el inmigrante tan maltratado en Chile a veces, visto desde un ángulo muy mezquino, es parte de la fragilidad de una sociedad.

Lo de los dos demonios se trata de otro jueguito de mierdamás. Me hago cargo de lo que digo. A gente que no tiene tiempo, porque tienen que trabajar todo el día para pagar todo lo que tienen que pagar, las pensiones, la salud, no les da para informarse y tener un criterio político. A esa gente se le hace pensar que hay un empate histórico y que lo que tienen que hacer es conformarse.

¿Qué crees que ocurrió para que se diera ese giro reaccionario con el proceso constituyente? ¿Qué papel crees que han desempeñado y desempeñan los medios de comunicación?

M.G.: Somos un país en que es muy fácil manejar la percepción que la gente tiene de las cosas a través de medios oficialistas que dicen que las ideologías no son permitidas, pero que tienen tantas pequeñas líneas editoriales, que esas líneas editoriales suman finalmente un nivel ideológico, que conduce a la gente a una sensación determinada de su propia realidad. Me preguntaron lo mismo en un medio de comunicación chileno. Yo dije al público que había allí, de unas treinta o cuarenta personas: <<¿Quién de acá leyó la constitución? Dado que la mayoría fue rechazo. ¿Quién rechazó qué artículo y por qué?>>. No levantó la mano nadie. Ese es el fracaso, no leer la constitución e informarse solo por cosas de pasillo. Esa información de pasillo la echa a andar la derecha a partir de los medios de comunicación, de los que son los dueños. Fin de la historia.

La ironía, la jugada que quieren hacer ahora es: o nos quedamos con la constitución de Pinochet, o aceptamos una constitución hecha por pinochetistas. 

Me voy al título de tu primer álbum en solitario, ‘Pánico’, que publicaste en 2005. Un clásico ya para la música chilena, y para muchos otros que no somos de allá. ¿Qué causaba pánico al Manuel García de entonces? ¿Y qué se lo causa ahora, casi veinte años después?

M.G.: Esa canción la escribí cuando ‘el Corralito’argentino, ese momento en que la gente empezó a vivir también un nivel de desesperación importante, no solamente en lo económico, sino en lo vital. Era muy terrible lo que estaba pasando. Compuse esa canción en solidaridad con el pueblo argentino. Por eso dice “yo también lloraba” en un momento. 

Por otro lado, a mí también me daba pánico levantar la mano en aquel momento en la mesa de la Trova, pensando que la Trova es para nosotros la canción de raíz, Violeta Parra, Silvio Rodríguez, Atahualpa Yupanqui, Víctor Jara, Patricio Manns, Chico Buarque, Serrat, Aute… , canción que es parte de la construcción de la palabra poética, social y reflexiva. Imagínate tratar de levantar la mano en esa mesa humildemente y decir: familia, abuelos, abuelas, padres, madres (como se quiera ver generacionalmente), creo que tengo una palabrita. Permiso. Quiero tratar de aportar algo en esta conversación. Por lo menos hacer alguna buena pregunta. Si no acotar algo a pie de página, siempre a pie de página, hacer alguna bonita pregunta. En estas seguimos.

Traemos ahora una de tus canciones más conocidas, ‘El viejo comunista’, que en este disco has vuelto a interpretar junto al maestro de maestros decancionistas, Silvio Rodríguez. ¿En qué crees que se equivocó ese viejo comunista que describe la canción, si es que se equivocó en algo? ¿Y en qué crees que estaba en lo cierto?

M.G.: Yo creo que todos estos viejos comunistas, al menos en lo que vivimos en Chile, son viejos obreros que a través del sindicalismo entendieron la política, pero que también traían un espíritu campesino muy fuerte. No querían solo tener la posibilidad de ciertas comodidades, ciertos derechos, sino también de vibrar con compartir con otros y otras esa realidad de mejorar una sociedad. Ese era el ‘obrero’, el ‘camarada comunista’, al que se refería Allende. Viejos muy nobles que luchaban por la justicia social, de donde fuera que la entendieran, tomando en cuenta que muchos de ellos eran los primeros en sus familias en tener recién acceso a los libros, a formarse intelectualmente. Aciertan mucho en ese pensar que es más lindo vivir entre todos y todas, multiplicar los panes y los peces y repartirlos.

Se pueden haber equivocado, y lo digo con mucho respeto,en haber confiado ingenuamente en que a través de un paradigma dogmático únicamente se podían canalizar estas ideas. Porque hacer estatutos para que todo esto suceda parece que no es el único camino. En el caso de Latinoamérica, lo que ha ido resultando, versus el paradigma dogmático, es más bien el sentido comunitario que nos enseñan las culturas indígenas, como por ejemplo en Chiapas, la autoorganización, ceder el poder, discutir en comunidad los problemas importantes, respetar la sabiduría de los viejos y tender a proteger a los niños, y a todos esos a los que la sociedad va dejando fuera…

Otro de tus himnos, ‘Tanto creo en ti’. Lo llevamos al ser humano en general. ¿Podemos seguir creyendo en el ser humano, viendo lo que está pasando por ejemplo estos días en Palestina? 

M.G.: Creo que todos los seres humanos en este momento no estamos conformes con lo que somos como especie. Lo de Palestina e Israel pone en conflicto la posibilidad de seguir creyendo en lo humano. Si tienes una representatividad universal que se supone que es la ONU, por ejemplo, y no se ponen de acuerdo en qué apoyan y qué no apoyan, hacia dónde va o no va todo este momento histórico, cuáles son las jugadas pertinentes en función de proteger la fragilidad de poblaciones que están en riesgo. El baldazo de agua fría nos cae de tal manera, que nos miramos al espejo y no estamos a la altura de llamarnos ‘seres humanos’. 

En estos momentos, con respecto a lo humano, “tanto creo en ti”, está pasando a convertirse en una frase utópica. Pero yo tengo fe, tengo esperanza en las utopías. Las utopías no nos traen nunca el oasis, pero nos hacen caminar hacia allá. No podemos dejar de remar las aguas que nos tocan.

Pregunta del periodista chileno Juan Vallejos: Ya se han cumplido cuatro años desde el estallido social en Chile. En ese contexto, tú, junto a otros artistas destacados chilenos, realizaste una nueva versión de la canción ‘El derecho a vivir en paz’, de Víctor Jara. A cuatro años y con todo lo que ha pasado, ¿consideras que Chile está viviendo en paz, está viviendo ese derecho?

M.G.: Estamos muy lejos todavía de vivir en paz. Tenemos demasiados temas pendientes. Hay que preocuparse por ello y ocuparse en ello. Sentirnos desafiados, pero con el ánimo arriba. 

El estallido ha sido una de las formas en que la ciudadanía se ha expresado y ha soltado toda esta energía negativa que llevamos dentro durante años, y que busca una opción. Pero si esa no era la forma, habrá otras. Hay que seguirlas buscando. Trabajar por ello puede ser cierto grado de paz. No estar en la paz pero al menos vibrar en torno a ella. 

Rueda de reconocimiento: Luis Orlandini / Maestro de la guitarra. Tremendo – Diego Álvarez / Un compañero del camino. Entrañable – Atahualpa Yupanqui / Un padre esencial – Pablo Milanés / Un sabio. Un hermano. Una fuerza telúrica del canto humano – Lenine / Un ser cósmico al que le debo un abrazo que va a durar toda la vida – Pedro Aznar / Sin duda, una dualidad. Mi referente fundamental en lo que significa la disciplina y el trabajoen el arte, y al mismo tiempo un entrañable amigo de muchas confianzas e historias en la vida – René (Residente-Calle 13) / Un predicador contemporáneo –Pablo Neruda / Esencial poeta que sabe a través de la palabra desentrañar los átomos de cualquier objeto, incluyendo el espíritu – Sebastián Piñera / Una ironía más en el camino de la Historia. Un alma siniestra – Michelle Bachelet / Una oportunidad en función del bien – Fidel Castro / Un referente fundamental de la historia política del mundo. Una persona dentro de una encrucijada entre la valentía y la posibilidad de que el ser humano, más allá de lo correcto o lo incorrecto, tenga el sentido primario de defender lo que es justo – Gabriel Boric / Una posibilidad nueva, dentro de lo que significa la historia de Chile, un alma que merece una oportunidad y que en la encrucijada que le toca necesita resolver cuál va a ser su camino. Muchos van a ir por ahí. Le deseo lo mejor en las responsabilidades fundamentales que tiene en este momento – Mon Laferte / Una hermana. Una muchacha de barrio que ha sabido brillar como una reina. Reina de barrio que ha elevado el canto de Chile al mundo – Inti Illimani / Lumbreras que nos identifican a los chilenos con la mejor valía de lo que significa ser latinoamericano y ser universal. Elementos de la naturaleza, como pudiera ser la Cordillera de los Andes o la Antártica – Silvio Rodríguez / Mi unicornio encontrado. El aprendiz de brujo. Uno de mis Reyes Magos favoritos – Violeta Parra / La madre esencial de todas las cosas. Los cuatro elementos convertidos en mujer – Víctor Jara / El vecino más hermoso que pueda tener el planeta. El niño hombre. El sabio ingenuo. El campesino mágico. Una estrella siempre brillante a pleno día – Manuel García (padre) / Una emoción que llevo muy dentro, muy dentro

¿Cómo ve Manuel García nuestro ahora? 

M.G.: Es un constante desafío a que todas y todos seamos mejores, buscando lo que hay dentro.

¿Qué dirías que ahora es nuestro?

M.G.: La posibilidad de hacer comunidad. Siempre.


Aquí puedes ver la entrevista completa en el programa Nuestro Ahora de Canal Red:

Madrid –

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