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Tres días sin Charlie: Una historia sobre la expresión libre frente a la barbarie

Un grupo de jóvenes recién licenciados en teatro recupera y actualiza Tres días sin Charlie, la obra escrita por QYBazo al calor de la reacción en redes tras los atentados contra Charlie Hebdo el 7 de enero de 2015


Marina Arceiz, Rodrigo Domar, Andrea Buendía Cuesta, Pablo Castillo, Álex Clemente, Sofía Abio y Inés Alonso son un grupo de actrices y actores que recién han terminado sus estudios de teatro y dan el salto a la profesionalidad con este montaje aparentemente sencillo y muy directo, muy de cara, un trabajo tan sólido que no parecen debutantes, donde son individuo y colectivo a la vez, enfundados en un chándal, cada uno con un color, usando pasamontañas también de colores, como las Pussy Riot. Punk pop. Se mueven como un banco de peces, enérgico y bello en su sincronía, que rompen para salir del coro, hacer un personaje, y volver. Porque es así, funcionan como un coro, el coro de las redes sociales.

“Hostia, ¿lo has visto?

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Parece el puto Call of Duty

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Qué salvajada

Mira que sois morbosos

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Estoy muy en desacuerdo con la publicación de las imágenes del asesinato del policía hoy en el terrible atentado del Charlie Hebdo. No esperaba una falta de respeto tal a la familia del policía por parte de vuestra cadena.

No, son Al Pacino y Robert de Niro en Heat. No te jode.”

Lo que decidimos, comentamos, criticamos o alabamos en las redes sociales tiene la extrema cualidad de lo efímero. Los timeline se tragan toneladas de palabras, memes, emojis y stickers que van a parar a los estómagos del algoritmo, animal que rumia y te devuelve tu relato del mundo personalizado. Pero para el común de los mortales, que vivimos ignorando los intríngulis del sistema comunicativo global, son como esos escalones de la típica pesadilla que desaparecen a medida que subimos la escalera hacia ningún sitio. Por eso los debates en redes sociales casi siempre son estériles, porque son una sucesión de réplicas que solo aspiran a tener razón la una sobre la otra y que muchas veces acaban en descalificación y/o violencia verbal, amparada en el anonimato. Y así, los entornos digitales terminan expulsando a las personas dialogantes -excepto algunos y algunas valientes empeñadas en seguir dando la batalla cultural y poniendo el cuerpo incluso, aunque todo parta de la virtualidad- y se llenan de energúmenos. Todo tenso como las cuerdas de un ring: rebota, rebota y en tu culo explota.

En enero de 2015 dos hermanos, que conforman el ente dramatúrgico bicéfalo QYBazo (Quique y Yeray Bazo), tuvieron una intuición tras los atentados en la sede parisina del semanal satírico Charlie Hebdo, que dieron pie a tres días infernales en los que acabaron muriendo 18 personas. Durante esas 72 horas, recopilaron todo lo que iba sucediendo en las redes hegemónicas del momento, facebook y twitter, así como en otros foros, y algunos números que devolvía google sobre determinadas búsquedas. ¿Para qué? Pues no lo tenían muy claro, pero aquello acabó conformando una texto teatral, un artefacto dramático fragmentado, atomizado, metralla verbal que afloró tras el estallido yihadista en París.

“Que les corten la cabeza mierda moros.

No son moros señora, son franceses… poca educación tendrás.

Son criminales, pero no hace falta insultar a todos los árabes. Somos 1800 millones de musulmanes y la mayoría no vamos matando a la gente. Un poco de educación. Cuando Breivik se cargó a 77 personas en Noruega nosotros no dijimos ni “mierda de cristianos” ni “mierda de noruegos, europeos u occidentales”.

Fusilarlos

Fusilarlos pero q sufran antes

Duro con ellos…”

No sé si esto podría considerarse un ejemplo extremo de lo que Allende dijo en su sentencia final, antes de morir en la Casa de la Moneda a manos de los golpistas el 11 de septiembre de 1973: “la historia es nuestra y la hacen los pueblos”. En este caso, la escriben los pueblos, los pueblos conectados, porque desde que todos tenemos un poder para expresar razones y emociones al mundo a través de las redes y otros medios digitales, podemos sentirnos más parte del acontecimiento global. ¿En Historia, es antes hacer o escribir? No tengo conocimientos suficientes para responder. Pero lo que sí percibo es que el entendimiento a través de los medios digitales se antoja difícil y es ruidoso, confuso, endiablado. A no ser que sepamos hacer una selección de emisores, y ahí radica el gran desafío de la educación de nuestro tiempo.

Tres días sin Charlie es una obra que saca de aquel vertedero de la inmemoria cientos de sentencias, frases, números, estadísticas que, más que un puzle, convierte el fatídico hecho en una tupida red donde se dibuja igual tanto la simplicidad como la complejidad humanas. A QYBazo les llamó poderosamente la atención la inmediatez, la reacción en tiempo real, la construcción de un sentimiento de adhesión o de rechazo tan universal lo uno como lo otro, tan puesta en cuestión la legitimidad de lo uno como de lo otro, materializado todo en un hashtag que es probablemente la sintetización semántica más controvertida de nuestro tiempo (con permiso del #metoo): #jesuischarlie.

Es muy sorprendente lo que ha cambiado el mundo en estos casi nueve años, cómo se ha extremado todo y cómo lo asumen los jóvenes que vivieron estos atentados cuando eran adolescentes. Quizás un grupo de estudiantes de teatro recién egresados no es una muestra muy amplia como para dar voz a toda una generación, pero desde luego ellos eligieron este texto porque había algo en él que les tocaba y probablemente hasta lo entienden mejor que los hoy cuarentones (con cariño) que lo escribieron. Eso se destila claramente del montaje que presentan en la madrileña Nave73, por mucho que un viejoven (con cariño) tan gamberro como el director Julián Fuentes Reta les haya atizado para llevar sus ideas adelante sin miedo.

El coro funciona como un reloj, supura una energía y un compromiso capaz de mostrar el sarcasmo con la misma solvencia que la indignación, porque en su aventura ha hecho suyo el poder de la sátira que el propio Charlie Hebdo lleva por bandera, pero también sabe extraer de la sinfonía cacofónica algunas contradicciones que tienen que ver con la propia libertad de expresión, con la islamofobia, con el lugar de las religiones y la espiritualidad en nuestras sociedades, con cómo se descomplejizan o se desproblematizan determinados asuntos que afectan a personas que terminan deshumanizadas, respondiendo a saber a qué intereses. Solo hay que mirar hoy a Palestina. La coreografía de este juego de sillas frenético que es el montaje trae a escena al Voltaire del Tratado sobre la tolerancia lo mismo que al Houellebecq de Plataforma y de Sumisión, la sinrazón de los fundamentalismos y el caleidoscopio de los afectos.

El montaje, en suma, con momentos hilarantes y momentos terribles (me encanta, especialmente, cuando bailan sobre la sintonía de Informe Semanal o cuando elevan una hagiografía de un AK47 mientras lo despedazan), ha impulsado la obra hacia una nueva dimensión casi una década después de ser alumbrada y, además de augurar un futuro esperanzador (en lo artístico y en lo personal), se convierte en un artefacto escénico rabioso, ideal para concitar a espectadores jóvenes y no tanto en un teatro. Allí, desvirtualizados, mirándose cara a cara, podrán preguntarse si todavía estamos a tiempo de recuperar la cordura y no retroceder estoicamente a la supuesta seguridad de la no acción -”mejor no meterse”- pensando que los extremos se han hecho con el relato de la Historia.

“Mezclando churras con merinas again?? juasjuasjuasjuas!

Huele mal algo raro se está tramando.

Demasiados daños colaterales, no?

Viva Francia y viva todos los galos.

Me da asco Francia, viva España.

Contad la verdad verdadera dejad de manipular.

Hola, me llamo Obama y esto me viene de puta madre para seguir atacando países árabes y que el público aplauda… mmmm ya huele a petróleo.

Otro puto moro de mierda menos. Ahora que salga Willy Tolerdo twitteando imbecilidades…

Más tonterías que tú no creo que diga.

No, yo al menos no defiendo terroristas como hacéis vosotros.

Eres un crack diciendo estas cosas detrás de una pantalla, me gustaría ver cómo te apañas en persona.

Igual que tú. Ven a mi casa y me lo dices a la cara.

¡Je suis Charlie!”

(Los fragmentos entrecomillados pertenecen al texto de la obra, publicado por la editorial Antígona, que a su vez recoge textualmente múltiples intervenciones en redes los días 7, 8 y 9 de enero de 2015)


TRES DÍAS SIN CHARLIE

Nave 73

Autores: QYBazo

Director: Julián Fuentes Reta

Intérpretes: Marina Arceiz, Rodrigo Domar, Andrea Buendía Cuesta, Pablo Castillo, Álex Clemente, Sofía Abio e Inés Alonso

Madrid –

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