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Ventura Pons: retrato (no intermitente) de un genio del audiovisual

Fue el primer cineasta en el estado español que en los 70 rompió tabúes como el de la homosexualidad en sus películas. Al conocer la noticia de su muerte, desde nuestras páginas de cultura le rendimos homenaje


Fue un cineasta, dramaturgo, productor y guionista aconvencional en todos los sentidos, que aportó un ímpetu creativo, libre y transgresor al cine español de la transición magnífico, del que tengo la impresión de que no siempre fue puesto en valor como se merece. Ventura Pons (Barcelona, 1945), falleció este pasado lunes 8 de enero, a la edad de78 años.

Aunque obviamente se le recordará siempre como director de cine, es relevante recordar que Ventura Pons venía del mundo del teatro, sobre todo de aquel teatro de vanguardia que tan prolífico fue en la Catalunya de los años 60 y 70 con la aparición de grupos como Els Comediants o Els Joglars, aquel sensacional colectivo que dirigía magníficamente Albert Boadella antes de convertirse en el patético felpudo de Esperanza Aguirre y ahora de Díaz Ayuso.

En ese contexto, dirigió su primer espectáculo teatral, “Els diàlegs de Ruzante” en 1967, siendo esta la primera representación de las muchas que llevó a los escenarios hasta que entrase de lleno en el mundo del cine. Entre las más relevantes, sus adaptaciones de obras de Shakespeare como “Nit De Reis” o “The Knack” de Ann Jellicoe, junto a obras de autores catalanes como Joan Oliver, de quien puso en escena “Cambrera Nova” o Jordi Teixidor, de quien representó “L’auca del senyor Llovet”.

Su experiencia en el Londres de los años 60, donde vivió una larga temporadadonde vivió una larga temporada, con toda seguridad le llevó a acumular en su bagaje cultural más visiones innovadoras y una perspectiva mucho más avanzada tanto en el teatro como en el cine, fruto de su conocimiento de primera mano no solamente del “Swinging London” con lo que este fenómeno tuvo de rompedor en lo estético y en lo social, sino de lo que se llamó el Free Cinema inglés y de la influencia del movimiento situacionista que venía de Francia – siempre habló de Jean Luc Godard como un referente- y que tomó cuerpo en Inglaterra en el fenómeno de los Angry Young Men, precedente claro del estallido punk de 1976-77. Tras una década dedicada a las artes escénicas se lanzó a dirigir para la gran pantalla su primer largometraje en 1977, haciendo una película que marcó un antes y un después en el cine español y que tanto por la temática que trataba como por la época que se vivía en el estado español, fue absolutamente revolucionaria: ‘Ocaña, retrato intermitente’.

Cuando hemos hecho referencia unas líneas más arriba al interesantísimo movimiento de innovación y ruptura con muchos moldes establecidos del teatro catalán de los 60-70, hay que decir que ese movimiento no era en absoluto ajeno a aquella progresía cultural barcelonesa que en cierto modo se equiparó con lo que en Francia se llamó la “divine gauche” como continuadora del mayo del 68 y que en la ciudad condal se personificaba en músicos como Joan Manel Serrat, actrices como Teresa Gimpera, literatos como Terenci Moix o Pere Gimferrer, y que tenían establecido una suerte de cuartel general semiclandestino en la discoteca Bocaccio de la calle Muntaner 505 de Barcelona. Pero Ventura Pons dio un paso más allá y tratando de reflejar esa Barcelona que ni siquiera esa progresía de Bocaccio hacía suya, decidió debutar en el cine dirigiendo lo que por aquel entonces se llamaba un docudrama sobre una figura sumamente controvertida en esos años de finales de los 70: el pintor, activista LGTBI e icono de la ruptura más radical con lo establecido, José Pérez Ocaña.

Esta sensacional película, ‘Ocaña, retrato intermitente’, cuyo visionado recomiendo sinceramente así como que se aprecie y entienda desde la perspectiva de lo que era tratar temas como la homosexualidad, el fetichismo religioso, el travestismo entendido como herramienta no solo de provocación sino de reivindicación de una identidad, la crítica al machismo, incluso la transgresión en el uso del lenguaje – TVE censuró en 1979 la emisión de está película en lo que en aquellos tiempos se llamaba la “segunda cadena”, hoy la 2,  porque en un avance emitido en el programa ‘625 líneas’ Ocaña pronunciaba la palabra “follar”- o la anarquía como filosofía de vida.

Ocaña, desde la más profunda marginalidad de una Barcelona secreta, desde el más profundo underground, retrató ante la cámara de Ventura Pons una realidad oculta tanto por el franquismo como por el régimen del 78 en sus inicios que hoy es ya algo asumido y asimilado por la mayoría de la sociedad excepto por los cavernícolas que ya saben ustedes quienes son, pero que no lo era en absoluto en ese momento. La valentía y la honestidad de Ventura Pons al hacer una película como ‘Ocaña, retrato intermitente’ es algo que ya le coloca de manera indiscutible como todo un talento de nuestra cinematografía.

Recientemente la editorial Dos Bigotes publicó el libro “Ocaña, El eterno brillo del Sol de Cantillana”, un ensayo coordinado por Carlos Barea –quien inicia el libro con un excelente texto titulado “La pasionaria de los mariquitas”- y que reúne a varios autores y autoras que se han encargado de investigar todo lo que rodeó a su figura, tales como el legendario dibujante de comics Nazario o   el filólogo Luis Maura, quien dedica su capítulo a lo que se denominó como el “sexilio” del pintor, quien dejó su pueblo natal de Cantillana en Sevilla para tratar de encontrarse consigo mismo en un ambiente más supuestamente abierto como podía ser el de Barcelona.

En 1985 se adentró en el mundo de la producción creando Els Films de la Rambla, productora que logró éxitos como “La rubia del bar” (1986),protagonizada por Ramoncín, “¿Qué te juegas, Mari Pili?” (1990) o “Aquesta nit o mai” (1992) además de la que fue su producción más taquillera y reconocida: “Anita no pierde el tren” de 2000. Rosa María Sardá, Josep María Pou, Silvia Munt, Carme Elías, Cayetana Guillén Cuervo, Pere Ponce, Agustín González o Julieta Serrano fueron algunos de los grandes nombres de nuestro cine que fueron dirigidos por Ventura Pons.

Sorprende que la Academia del cine nunca reconociera a Ventura Pons en ninguno de sus galardones honoríficos ni le propusiera nunca para los Oscars siendo un director extraordinariamente prolífico. Tal vez fuera a causa de estas declaraciones a La Vanguardia, lo cual resultaría muy decepcionante: “Soy ciudadano del mundo, pero por el mundo me llaman catalán. Siempre he sido independentista. La Constitución de 1978 tenía buenos propósitos, pero ya en 1981 me di cuenta de que aquello no iba conmigo. Soy demócrata e iré a votar el 1 de octubre. En mi balcón hay dos banderas con el sí a votar por la independencia de Catalunya».

Que la tierra te sea leve, maestro.


Madrid –

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