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Ghassan Kanafani

Versos y párrafos palestinos contra el genocidio

El pueblo palestino desde hace ya muchísimos años, no solamente ha desarrollado una conciencia colectiva nacional propia; ha sabido, a través de la cultura, crear un relato y un discurso que muy especialmente la literatura ha sabido reforzar, enseñar y difundir


El pueblo palestino desde hace ya muchísimos años, no solamente ha desarrollado una conciencia colectiva nacional propia; ha sabido, a través de la cultura, crear un relato y un discurso que muy especialmente la literatura ha sabido reforzar, enseñar y difundir. Las señas básicas de identidad de Palestina como nación, como comunidad, como pueblo que exige como aspiración irrenunciable su derecho a constituir un estado propio, han encontrado en la literatura palestina un amplificador sumamente apropiado para conocer su problemática y sus circunstancias.

Quiero en este espacio del que hoy puedo disponer en Diario Red, mostrar algunos significativos ejemplos de la literatura palestina, de su riqueza, su variedad y en general de la heterogeneidad de la cultura palestina, entendiendo lo importante que es en este momento mostrar alguno de los ejemplos más significativos y recomendar la lectura de sus obras.

Cuando hablamos de Rajeh Shehadej (Ramala, 1951) hablamos no solamente de un prestigioso literato y un escritor ampliamente conocido y reconocido tanto en el mundo árabe como en el mundo occidental, sino de un abnegado y combativo abogado palestino, valiente y decidido activista por los derechos humanos y cofundador de la galardonada organización palestina de derechos humanos Al-Haq en 1979. En 2008 ganó el Premio Orwell, uno de los más preeminentes premios que en el mundo literario de de Gran Bretaña se concede a las obras con contenido político por su libro ‘Paseos palestinos’, que quiero recomendar muy especialmente en este artículo. 

‘Paseos Palestinos’, un excelente libro cuya lectura me impresionó vivamente en su día, deja sin sentido el discurso y la fraseología incrustados en la supuesta verdad oficial sobre el conflicto entre Palestina e Israel que se utilizan a menudo cuando se habla de los asentamientos, así como del conflicto en sí, al revelar claramente las consecuencias humanas de la ocupación de Cisjordania. Entre otras muchas circunstancias, Shehadej critica los deplorables puestos de control controlados por soldados israelíes y la “humillación de tener que suplicarle a un extraño algo tan básico” como la libertad de movimiento para viajar desde el trabajo a su casa dentro de su propio país o la insoportable tensión creada con los colonos armados sionistas, a quienes esencialmente se les otorga impunidad legal por sus acciones violentas contra los palestinos.

Fadwa Tuquan es a menudo considerada, incluso desde occidente, “la madre de la poesía árabe-palestina contemporánea”. Mujer marcada por el rígido conservadurismo de su familia, niña fruto de un embarazo no deseado y sometida a una educación opresiva, desarrolló dentro de su innata rebeldía contra aquella mentalidad por un lado un fuerte sentimiento de adhesión al anhelo de libertad y autodeterminación del pueblo palestino y por otro, una decidida defensa del derecho de las mujeres a su libertad dentro del mundo musulmán. Todo ello se refleja en su fecunda obra literaria, centrada fundamentalmente en la poesía, de la que quiero destacar dentro de su inmensa y excelente obra literaria, poemarios como “Frente a la puerta cerrada” (1967), “Sola sobre la cima del mundo” (1969) o “La última melodía” (2000). Una mujer admirable, luchadora, poseedora de un talento poético sensacional y siempre comprometida con la libertad de su pueblo y sobre todo y también, de sus mujeres. 

En el momento en el que escribo estas líneas, escucho los noticiarios de RNE y no dejan de estremecerme las noticias que me llegan del baño de sangre que no cesa en Gaza. ¿Podría la cultura transmitir un punto de razón, de equilibrio, de serenidad ante lo que estamos viviendo? 

Samih Al-Qasim, narrador, dramaturgo y poeta palestino nacido en el año 1939, es otro de los valores más representativos de la cultura palestina más reivindicativa y resistente. De origen druso, profesor de enseñanza primaria y militante comunista, intervino en la fundación de la organización La Tierra, decididamente opuesta al gobierno sionista. Un poeta directo, apasionado, cuyos versos cortan como cuchillas, impregnado del nacionalismo árabe laico que en su día inspiró Gamal Abdel Nasser, la lectura de sus poemas, salvando las lógicas distancias estilísticas y culturales, no le sitúa lejos de poetas españoles como Blas de Otero o Gabriel Celaya. Su inmensa obra literaria necesitaría de un espacio mucho mayor que este para explicarla en todo su significado, pero desde aquí al menos recomiendo las siguientes lecturas: “Con la sangre en las palmas de las manos” (1967), “La caída de las máscaras” (1969) y “Las Lilas” (1975). 

No por casualidad dejo para el final la figura de la que quizá sea la figura literaria más significativa de la Palestina actual: Ghassan Kanafani. No fue solo un literato de extraordinaria calidad y certero sentido de análisis de la realidad que vivió durante su vida, sino que fue como periodista y analista político, entendió perfectamente que muy especialmente en el caso de Palestina, su identidad nacional se construye como una entidad dinámica, en evolución y movimiento, no como una entidad esencial y estática.  Miembro fundador del Frente Popular para la Liberación de Palestina, siempre ha sido considerado como uno de los pensadores que mejor supo teorizar las circunstancias y los condicionantes del conflicto tanto para su interpretación interior como para hacerlo entender al mundo occidental.

Antes de que fuera brutalmente asesinado por los agentes de seguridad israelíes el 8 de julio de 1972, Ghassan Kanafani dejó cuatro novelas completas cincuenta y siete relatos breves, tres obras de teatro completas —y una incompleta— tres ensayos literarios y una multitud de artículos periodísticos que a pesar del tiempo transcurrido y por desgracia, conservan una gran actualidad. Sobre su obra literaria, recomiendo muy especialmente “Retorno a Haifa”, publicada en 1970. 

En el momento en el que escribo estas líneas, escucho los noticiarios de RNE y no dejan de estremecerme las noticias que me llegan del baño de sangre que no cesa en Gaza. ¿Podría la cultura transmitir un punto de razón, de equilibrio, de serenidad ante lo que estamos viviendo? Tal vez la pregunta encierre un más que notable y exagerado grado de utopía, pero… ¿qué nos queda si renunciamos a la cultura?


Madrid –

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