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Manifestante a favor de la causa palestina en la Puerta del Sol — Dani Gago

Condenar la violencia palestina

Nada justifica la violencia contra civiles, venga de donde venga, pero tener que partir de esa obviedad imposibilita el análisis. Los conflictos no se pueden analizar pesando carne de seres humanos asesinados. Precisamente porque la violencia nos horroriza, es imprescindible analizar sus causas y sus claves


Si para analizar la Guerra Civil Española —una referencia que ha sido muy usada últimamente para justificar el envío de armas a Ucrania, comparando el pacifismo con la No Intervención criminal de las llamadas potencias democráticas de la época— la izquierda tuviera que empezar diciendo que se cometieron brutalidades por parte de los dos bandos y afirmar, por ejemplo, que tan condenable es la masacre de Badajoz como las ejecuciones de prisioneros en Paracuellos, sería imposible entender las claves históricas y políticas de nuestra guerra.

La nuestra fue una guerra de clase que enfrentó a un bloque de poder oligárquico fascistizado en el que el catolicismo fue su alimento ideológico contra un bloque popular complejo en el que las organizaciones del movimiento obrero y los distintos republicanismos encarnaban, con todas sus contradicciones, la única esperanza de modernización democrática.

Pero si empezáramos hablando de las atrocidades que se cometieron en ambos bandos o incluso pusiéramos el foco en la “crispación” social y política del periodo republicano, podríamos acabar incluso justificando el fascismo como una reacción inevitable de los sectores sociales conservadores a la amenaza del desorden revolucionario y del comunismo. Es básicamente eso lo que intentan los historiadores revisionistas y los medios de comunicación de la derecha cuando hablan de nuestra guerra.

Si empezáramos hablando de las atrocidades que se cometieron en ambos bandos, podríamos acabar incluso justificando el fascismo como una reacción inevitable de los sectores sociales conservadores a la amenaza del desorden revolucionario y del comunismo

Por eso, cuando la izquierda se ve obligada a iniciar su visión de Palestina condenando las atrocidades de Hamás y las facciones armadas palestinas comete ese error. Nadie puede justificar el asesinato y el secuestro de civiles pero la política es una tarea, ante todo, de enfoque. Contraponer la carne de los niños palestinos asesinados por las Fuerzas de Defensa de Israel a la carne de los niños israelíes asesinados por los grupos armados palestinos no tiene tampoco ningún sentido, por mucho que los muertos palestinos siempre sean muchísimos más que los israelíes. Nada justifica la violencia contra civiles, venga de donde venga, pero tener que partir de esa obviedad imposibilita el análisis.

Los conflictos no se pueden analizar pesando carne de seres humanos asesinados. Precisamente porque la violencia nos horroriza, es imprescindible analizar sus causas y sus claves.

El conflicto palestino-israelí parte de un sistema de opresión colonial por parte de Israel cuyo sistema de apartheid contra la población palestina es inaceptable desde todo punto de vista democrático. Los oprimidos son los palestinos y los opresores son el Estado de Israel y su dirección sionista. Ese y solo ese puede ser el punto de partida para analizar el conflicto. Señalar esta obviedad no justifica ninguna atrocidad, simplemente sitúa la violencia en su contexto.


Madrid –

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