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Pedro Sánchez interviene en el foro de Davos — Guo Chen / Zuma Press / ContactoPhoto

Davos: o capitalismo socioliberal o capitalismo salvaje

Nadie puede pensar que el modelo que representa Sánchez en España es algo diferente al capitalismo de toda la vida con un pequeño toque social. Mantener la ficción de que es otra cosa al tiempo que se afirma que la única alternativa es la extrema derecha entraña un grave riesgo


Los problemas más graves que afronta la humanidad en nuestra época —las guerras en general y el genocidio en la Franja de Gaza en particular, el calentamiento global desbocado y la destrucción del medioambiente, la desigualdad social extrema, el reinado mediático y político de la mentira y la violencia, etc.—, todos ellos están causados por la actividad depredadora, inmoral y cortoplacista de una clase parasitaria obscenamente rica que, sin embargo, representa mucho menos del 0,1% de la población del planeta. Esta afirmación no es ninguna clase de posicionamiento político sino tan solo un hecho puramente científico. Por mencionar únicamente los problemas anteriormente citados, es absolutamente obvio que las guerras y la matanza industrial de seres humanos solamente beneficia a los fabricantes de armas y a los gobiernos que trabajan para ellos; al mismo tiempo, solamente hacen falta matemáticas básicas para demostrar que la huella de carbono de un multimillonario es miles de veces superior a la de una persona trabajadora; que la desigualdad extrema es el resultado directo de la acumulación absurda de riqueza y poder en poquísimas manos es la conclusión de cualquier informe económico mínimamente serio; y, por último, y sin ánimo de ser exhaustivos, la extensión de la mentira como forma de hacer política que ha creado monstruos como Trump, Bolsonaro o Milei es responsabilidad directa de unos medios de comunicación que no son propiedad de las mayorías trabajadoras sino de las oligarquías. Pues bien, estos días, una nutrida representación de estos corsarios modernos de cuello blanco, una muestra de los mayores criminales económicos del planeta, se reúne en el resort de lujo de Davos en Suiza para analizar los problemas que tiene la humanidad —es decir, los que ellos causan— y proponer soluciones. ¿Qué podría salir mal?

Por si fuera poco, mientras multimillonarios y presidentes de los diferentes gobiernos desembarcan de sus aviones privados en el medio de los Alpes suizos y se dedican a cerrar acuerdos secretos entre comida de lujo y comida de lujo, el poder mediático a su servicio se dedica a blanquear el encuentro con todas sus fuerzas. En vez de ocultar la ostentación y la indecencia que supone la mayor reunión de ladrones, mentirosos y criminales de guerra con las cuentas bancarias a reventar con el botín de sus expolios, en vez de guardar un poco de pudor ante la obscenidad de los datos de aumento de la riqueza de unos pocos mientras se empobrece la mayoría que acaba de publicar —un año más— Intermón Oxfam, la mayor parte de los medios de comunicación corruptos cubren con melosa adulación el cónclave delincuencial para ver si así consiguen que la población no se dé cuenta de lo que está teniendo lugar allí, o incluso se sienta agradecida a sus modernos señores feudales por perdonarles la vida. La parka de 88€ que lleva a Pedro Sánchez ya se ha agotado en las tiendas, publica la prensa libre española. El capo multimillonario de la Inteligencia Artificial ha hablado positivamente de la capacidad humana para tener sentimientos, nos cuentan. Un grupo de señores muy ricos han firmado un documento pidiendo que se le suban los impuestos, añaden, ocultando que lo hacen precisamente porque saben que eso no va a pasar. Cualquiera que encienda el telediario estos días y que no esté muy atento llega rápidamente a la conclusión de que nosotros, los pobres mortales, tendríamos que estar agradecidos a los magnánimos filántropos y próceres que estos días departen en Davos sobre cómo mejorar nuestras vidas gracias a su infinita generosidad.

En España, además, la mayoría de los medios de comunicación aprovechan la reunión en Davos para explicarnos —casi a modo de amenaza— cuáles serían las dos alternativas posibles de organización social entre las que tendríamos que elegir en esta época. De un lado, Pedro Sánchez, líder planetario de la socialdemocracia, que —como se puede demostrar del hecho de que diga cosas de izquierdas— representa un modelo de organización de la economía que ya está tan cerca de la erradicación definitiva de la pobreza, de las tres comidas al día, vivienda digna, educación universitaria y un mes de vacaciones para todos que no sería exagerado describirlo como «el paraíso en la Tierra» (esto es lo que te cuenta la progresía mediática y la derecha mediática lo confirma llamándolo «comunista»). Del otro lado, la extrema derecha racista, machista, negacionista, brutalmente capitalista y desquiciada de Milei —nos cuentan los medios afines al PSOE— o, sencillamente, la libertad frente al intervencionismo bolivariano que conduce a los países a su destrucción —nos explican desde el otro lado del parteaguas mediático—. Por cierto, un Milei que ha recibido el aplauso de buena parte de los delincuentes multimillonarios que se reúnen en Davos; demostrando una vez más que el fascismo no es otra cosa que la versión más violenta del capitalismo.

Mientras multimillonarios y presidentes de los diferentes gobiernos desembarcan de sus aviones privados en el medio de los Alpes suizos y se dedican a cerrar acuerdos secretos entre comida de lujo y comida de lujo, el poder mediático a su servicio se dedica a blanquear el encuentro con todas sus fuerzas

Fuera de bromas y ya dejando al margen la exageración sardónica —aunque tampoco tanto—, es importante entender políticamente cómo opera esta falsa dicotomía y cuáles son las consecuencias de comprarla. Cuando los mismos piratas que hoy se reúnen en Davos hicieron estallar el sistema financiero global a base de jugarse los ahorros de cientos de millones de familias en el casino y después decidieron aplicar a sangre y fuego la austeridad, los recortes y la violencia económica contra las mayorías trabajadoras, lo que nos decían la práctica totalidad de los medios de comunicación es que no había otra alternativa; que no había otro mundo posible. Tal es así, que la afirmación cristalizó en su propio acrónimo: «There Is No Alternative» (TINA). En España, tanto el PP como el PSOE se abonaron a ese mantra y eso acabó dando lugar al 15M y al final histórico del bipartidismo en nuestro país con la irrupción de Podemos. «Si tú me dices que no hay alternativa a mi precariedad y a mi opresión en tu sistema, entonces te dejo de escuchar y la alternativa la construyo yo con mis propias manos», fue lo que le dijeron millones de españoles a los dos partidos dinásticos del régimen del 78. Lo que estamos viendo estos días en Davos —y todos los días en los principales medios— es una suerte de TINA 2.0 o TAOTA («There Are Only Two Alternatives»). Ahora solamente hay dos alternativas: Pedro Sánchez o Milei. Lo que hay o el horror de la extrema derecha. El capitalismo de toda la vida o una versión mucho más salvaje y más violenta del mismo capitalismo. Tú eliges.

Esto no solamente es una estrategia electoral para concentrar el voto útil en el PSOE. Además, es una dicotomía falsa enormemente peligrosa. Es evidente que la praxis política de lo que se nos vende como los diques de contención al avance de la extrema derecha —Pedro Sánchez en España, Emmanuel Macron en Francia, Joe Biden en Estados Unidos, etc.— no son otra cosa que el business as usual con menores o mayores cantidades de maquillaje. Independientemente de lo que diga de ellos un ecosistema mediático gravemente escorado hacia la extrema derecha, ninguna persona mínimamente seria puede pensar que el modelo de organización social que representa Sánchez en España es algo diferente al capitalismo de toda la vida con un pequeño toque social. Y mantener la ficción de que esto es otra cosa al tiempo que se le dice a la gente que la única alternativa es la extrema derecha entraña un grave riesgo. Por mucho que los poderes mediáticos afines al PSOE intenten convencer a la gente más precaria de que todo va muy bien, la realidad material es la que es. Con Sánchez, los muy ricos están ganando más que antes y los que no son muy ricos están prácticamente igual. Si a esta realidad —que no se puede soslayar con ninguna cantidad de propaganda ya que millones de compatriotas la viven en su propia piel— se le añade la afirmación de que la única alternativa a ello es un gobierno de Feijóo con Abascal, puede perfectamente ocurrir que muchas personas acaben prefiriendo probar suerte con esa alternativa antes que seguir malviviendo en la situación actual. Si encima se intenta aplastar política y mediáticamente a la otra alternativa —la que propone la izquierda verdaderamente transformadora—, llegando incluso a negar su existencia, entonces se está construyendo una autopista de 10 carriles para que lleguen a los palacios de gobierno de los diferentes países del mundo aquellos a los que la progresía dice querer frenar.


Madrid –

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