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El presidente del gobierno junto a Meritxell Batet — Antonio Gutiérrez / Europa Press

Eduardo Inda, Meritxell Batet y Martin Niemöller

Esos partidos de izquierdas e independentistas a los que el PSOE no apoyó cuando hicieron exactamente la misma reclamación ahora van a apoyar sin dudarlo al PSOE. Porque mentir y difundir odio no es libertad de prensa sino corrupción periodística, y eso lo entiende cualquier demócrata


En mayo de 2019, el «periodista» Segundo Sanz, a las órdenes del medio ultraderechista especializado en bulos y difusión de odio OKdiario, entraba ilegalmente en los despachos de Pablo Iglesias e Irene Montero en el Congreso aprovechando que el personal de limpieza había abierto las puertas para llevar a cabo su trabajo. Sanz campó por allí un rato a sus anchas, tomó varias fotos y las acabó publicando impunemente como parte de un libelo —uno más— en el panfleto dirigido por Eduardo Inda. Aunque Podemos pidió a la presidenta socialista del Congreso, Meritxell Batet, que retirara la acreditación a OKdiario por la grave intrusión en la seguridad y la intimidad de los diputados, lo máximo que Batet aceptó hacer fue retirar la acreditación al «periodista» —como si no tuviese jefe, como si no pudiesen poner a otro para que hiciera exactamente lo mismo—, algo que, por cierto, fue incluso revocado por el Tribunal Supremo a los pocos meses. «Periodistas» como este, de OKdiario y de otros «medios» de ultraderecha, se dedicaron durante más de un año a dar cobertura a los manifestantes violentos que hostigaron a la familia de Iglesias y Montero a las puertas de una casa donde vivían niños pequeños sin que el PSOE moviese un dedo, incluso a pesar de compartir Consejo de Ministros. En mayo de 2022, Javier Negre —otro destacado exponente de este sector que confunde periodismo con escuadrismo— llamó «hija de puta» a la portavoz de EH Bildu, Mertxe Aizpurúa, en plena rueda de prensa de la Junta de Portavoces del Congreso. Durante toda la legislatura pasada y también en los pocos meses que llevamos de esta, Negre y otros muchos sicarios de la desinformación se han dedicado a desplegar diferentes tácticas de acoso violento en las instalaciones de la sede de la soberanía popular con total impunidad. No ha pasado ni una sola semana en el Congreso sin que uno de estos falsos periodistas lanzase un bulo difamatorio a la cara de algún portavoz de izquierdas o independentista, sin que repreguntase de forma agresiva cuando no le gustaba la respuesta o sin que interrumpiera incluso al resto de periodistas de la sala, los cuales en más de una ocasión abandonaron la misma en señal de protesta. Así las cosas, Podemos y otros partidos pidieron varias veces a Meritxell Batet que retirase la acreditación a estos supuestos «medios» por no ajustarse su práctica a la deontología periodística. Sin embargo, ni el PSOE acompañó nunca esta iniciativa ni jamás se recibió una contestación —siquiera parcialmente— afirmativa de la presidenta del Congreso.

Podemos y otros partidos pidieron varias veces a Meritxell Batet que retirase la acreditación a estos supuestos «medios» por no ajustarse su práctica a la deontología periodística. Sin embargo, ni el PSOE acompañó nunca esta iniciativa ni jamás se recibió una contestación

Ayer saltaba la noticia de que el PSOE va a retirar la acreditación en todas sus sedes a los «pseudomedios» que figuraban en el cartel oficial de la Nochevieja en Ferraz —donde manifestantes ultraderechistas colgaron y apalearon a un muñeco de Pedro Sánchez— y entre los que se encuentran EDA TV, OKDiario, La Gaceta, Informa Radio, InfoVlogger, La Cosa Está Muy Negra y Periodista Digital. Además, los socialistas han hecho un llamamiento a que se les retire también la acreditación en el Congreso, en el Senado y en los parlamentos autonómicos y han pedido a las asociaciones de prensa —FAPE, APM y APP, así como al Colegio Oficial de Periodistas— su apoyo, dejando claro que no quieren «que nadie confunda a los periodistas que hacen su trabajo a diario con honestidad, con los pseudomedios que han proliferado en el ámbito de la extrema derecha» y que han decidido mover ficha «ante los continuos ataques e insultos», así como ante «el discurso de odio que practican».

Aunque sería muy positivo que el PSOE añadiese a la lista de sus reclamaciones que se prohíba también que estos «pseudoperiodistas» se sienten todos los días en las tertulias de las principales cadenas de televisión, estamos seguros de que esos partidos de izquierdas e independentistas a los que el PSOE no apoyó cuando hicieron exactamente la misma reclamación ahora van a apoyar sin dudarlo al PSOE. Porque mentir y difundir odio no es libertad de prensa sino corrupción periodística, y eso lo entiende cualquier demócrata. Pero es importante también tener memoria y recordar que, precisamente, la inacción del PSOE fue uno de los factores principales que permitió el crecimiento de estos comandos desde hace por lo menos ya cinco años. Y es importante hacerlo no por un afán de escribir la lista de agravios para ajustar cuentas, sino porque resulta obvio que, si se hubiese hecho algo antes, no habríamos llegado hasta aquí. «Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas, guardé silencio, ya que no era comunista; cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, ya que no era socialdemócrata…» A ver si al final el poema de Niemöller se nos va a gastar de tanto usarlo.


Madrid –

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