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Alberto Garzón ministro de Consumo en funciones

El ministro de Consumo en funciones, Alberto Garzón

Alberto Ortega / Europa Press

El “Frente Amplio” de Garzón

Es obvio que en buena parte de los procesos electorales del Estado a estos partidos les conviene aliarse electoralmente, pero eso está muy lejos de ser un Frente Amplio. Para eso sería necesario reconstruir confianzas que son incompatibles con el liderazgo de Yolanda Díaz


Las declaraciones llevadas a cabo ayer por el coordinador general de IU, Alberto Garzón, reclamando a Movimiento Sumar que termine su proceso de articulación como partido político para confluir después con el resto de partidos del espacio en un nuevo “Frente Amplio”, han puesto de manifiesto lo que era un secreto a voces: Sumar fue siempre un proyecto de partido con la voluntad de sustituir a Podemos como fuerza hegemónica en lo que fue Unidas Podemos.

Esta aspiración de Yolanda Díaz y su entorno de cuadros de diferentes procedencias es absolutamente legítima. Díaz tenía todo el derecho de formar un nuevo partido en torno a su liderazgo, aspirar a liderar el espacio que desde 2015 lideró Podemos y atraer al mismo a fuerzas políticas que abandonaron UP. Era legítimo también que Díaz aspirara a desplazar a los dirigentes de Podemos como principales activos del espacio y sustituirlos por cuadros de su confianza.

Sin embargo, la ausencia absoluta de procedimientos democráticos para intentar lograr esos objetivos han vaciado de legitimidad el proyecto de Díaz y han terminado por obligar a dos de sus principales aliados, IU y el PCE, a salir en público a marcar perfil propio y reclamar un protagonismo que, a pesar de su absoluta subordinación hasta ahora al equipo de Díaz, no ha obtenido recompensa. No hace falta citar las enseñanzas del asesinato de Viriato para entender que rara vez se encuentra lealtad en quien ha demostrado repetidas veces que no la practica.

La aspiración de debilitar a Podemos ha sido el pegamento en torno al cual se han articulado una pluralidad de partidos que, cada vez con menos entusiasmo, han seguido a Díaz en un camino que, a pesar de ingentes apoyos mediáticos, no ha logrado ni siquiera —con Más País, Chunta y Compromis dentro— igualar el peor resultado de Unidas Podemos, que compitió en la franja izquierda del electorado con las citadas organizaciones y tuvo más votos y más escaños que Díaz en la repetición electoral del 2019.

La propuesta de Garzón de formar un nuevo Frente Amplio suena con la misma música que las eternas refundaciones de la izquierda y llega en un momento en el que la confianza entre las direcciones y militancias de los partidos que concurrieron en coalición brillan por su ausencia. En su afán por debilitar a Podemos, Díaz ha destruido Unidas Podemos, ha ignorado las primarias y los mecanismos de democracia interna, ha despreciado a los partidos para constituir finalmente un partido y ha obtenido un mediocre resultado electoral que quizá le sirva para repetir como vicepresidenta con un PSOE encantado de contar con un socio mucho más dócil que Podemos, pero que difícilmente resulta ilusionante.

La aspiración a debilitar a Podemos ha sido el pegamento en torno al cual se han articulado una pluralidad de partidos que, cada vez con menos entusiasmo, han seguido a Díaz en un camino que, a pesar de ingentes apoyos mediáticos, no ha logrado ni siquiera —con Más País, Chunta y Compromis dentro— igualar el peor resultado de Unidas Podemos.

La mayoría de la militancia de IU y del PCE no termina de entender el camino emprendido por Garzón y Santiago desde las elecciones andaluzas de 2022. Más allá de compensar el resultado de las elecciones andaluzas (en las que el PCE quedó fuera de su parlamento por primera vez) pactando con Díaz puestos de salida en circunscripciones andaluzas en las generales, su situación es de invisibilidad frente al núcleo de ICV que manda en Sumar y que tiene como referencia en Europa al espacio verde dominado por la rama alemana, abiertamente otanista, de esta familia política.

Construir los verdes españoles a imagen de los verdes alemanes o del Partido Democrático italiano (con el que Díaz ha estrechado los lazos) puede ser un proyecto atractivo para ICV (que ahora pesa más que nunca en los Comunes), para Más Madrid y para Compromis, pero difícilmente para la militancia de IU y el PCE que, aún cuando le pese a muchos de sus dirigentes, se identifica más con Irene Montero o con Ione Belarra que con Yolanda Díaz.

En este contexto es difícil que una nueva confluencia de partidos de izquierdas y las eternas apelaciones a la unidad sean la solución a los problemas de la izquierda. Es obvio que en buena parte de los procesos electorales del Estado a estos partidos les conviene aliarse electoralmente, pero eso está muy lejos de ser un Frente Amplio que se parezca a lo que tiene la izquierda en Uruguay y una parte de la izquierda en Chile. Para eso sería necesario reconstruir confianzas que son incompatibles con el liderazgo de Yolanda Díaz.


Madrid –

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