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Esperanza Aguirre en una manifestación reciente a las puertas de la sede del PSOE en Ferraz

Gas lacrimógeno contra Esperanza Aguirre

A pesar de la suavidad relativa que practicó la policía la noche del lunes en Ferraz, la reacción de la derecha política, policial y mediática ha sido diametralmente opuesta a la que existió cuando los agentes actuaron de una forma mucho más violenta y desproporcionada contra manifestantes de izquierdas


En la noche del lunes al martes, se produjeron numerosas concentraciones nocturnas a las puertas de varias sedes del PSOE por toda España y, en varias de ellas, hubo incidentes violentos. Como cabía esperar, la más concurrida y la más agresiva fue la que tuvo lugar en Madrid DF, a las puertas de la sede estatal de los socialistas en la calle Ferraz. En dicha concentración —de la que participó Santiago Abascal, también el vicepresidente de Castilla y León y miembro de VOX García Gallardo, destacados dirigentes de otros partidos fascistas como Falange y Democracia Nacional o el neonazi Miguel Frontera, que se hizo conocido por acosar durante meses a la familia de Pablo Iglesias Irene Montero a las puertas de su casa—, la policía decidió intervenir y lanzar gas lacrimógeno sobre la multitud cuando, según el propio atestado de los agentes, «200 individuos con estética ultra» —ultra-derechista, para que nos entendamos— intentan romper el vallado de seguridad, empiezan a lanzar botellas de cristal y otros objetos contundentes a los agentes y llegan a agredir a un inspector de policía empujándolo por unas escaleras.

Esta reacción de las fuerzas de seguridad fue muchísimo más suave que muchas otras que nos vienen fácilmente a la cabeza en concentraciones de personas con ideología progresista o de izquierdas. No hace falta retroceder hasta 2011 para recordar las violentas cargas policiales contra los manifestantes pacíficos del 15M. Ni siquiera tenemos que volver al 1 de octubre de 2017 para rememorar las agresiones de la policía enviada por el PP a Barcelona contra señoras mayores y familias que simplemente estaban depositando papeletas en urnas de plástico. Mucho más cerca del día de hoy, podemos pensar en la violencia gratuita que ejercieron los agentes en septiembre de 2020 contra los vecinos y vecinas que se manifestaban pacíficamente en el madrileño barrio de Vallecas en defensa de la sanidad pública, o la carga violenta y absolutamente desproporcionada que desplegaron en julio de 2021 contra los miles de personas que se manifestaron en Madrid en protesta por el asesinato homófóbo de Samuel Luiz en A Coruña. Y eso que en todos estos casos no había 200 neonazis violentos intentando agredir a los uniformados.

Cuando los agentes utilizan la violencia contra manifestantes de izquierdas, no solamente el bloque reaccionario habla de «proporcionalidad» y «cumplimiento estricto de los protocolos», también lo hace el PSOE y buena parte de la progresía mediática

Sin embargo, y a pesar de la suavidad relativa que practicó la policía la noche del lunes en Ferraz, la reacción de la derecha política, policial y mediática ha sido diametralmente opuesta a la que existió en todos los casos mencionados. Cuando los agentes utilizan la violencia contra manifestantes de izquierdas, no solamente el bloque reaccionario habla de «proporcionalidad» y «cumplimiento estricto de los protocolos», también lo hace el PSOE y buena parte de la progresía mediática. No obstante, cuando la fuerza es utilizada —incluso de una forma leve— contra manifestantes de derechas y de extrema derecha, los poderes fácticos de dicho bloque sociológico ponen el grito en el cielo. No solamente estamos hablando de que Isabel Díaz Ayuso haya acusado de «sobreactuación» a la policía o que Santiago Abascal haya hecho un llamamiento a que los agentes «no cumplan las órdenes de sus superiores», criticando que la hayan «emprendido a porrazos y con gases lacrimógenos» contra la manifestación de la que él mismo formaba parte. Lo menos importante es lo que dicen las caras visibles del brazo político del bloque reaccionario. Lo grave es que determinados sindicatos policiales que nunca han dicho nada cuando se ha ejercido violencia desproporcionada contra manifestantes de izquierdas hayan pedido el cese del delegado del gobierno —como es el caso de UFP y Jupol— o hayan denunciado que se haya «utilizado [a la policía] con fines partidistas» como ha hecho el SUP. Y, por supuesto, no podía faltar el acompañamiento de la derecha mediática. «La Policía lanzó gases fumígenos y lacrimógenos, los más lesivos, contra quienes protestaban en Ferraz», podemos leer en el ABC; El Mundo habla en su pieza de ayer de «polémica actuación»; La Razón lleva a un lugar destacado de su portada digital las palabras del dirigente de VOX: «En 2017 no se gaseó a quienes incendiaban las calles en Cataluña y actuaban como comandos terroristas»; y la web ultraderechista OKdiario lleva a toda portada una pieza titulada «Marlaska incumplió en Ferraz el protocolo policial que prohíbe gasear ante meras aglomeraciones» sobre un editorial de su director, Eduardo Inda, en el que éste afirma «Sánchez, cuidado, esto de dispersar a la oposición democrática con gases es lo que hace Maduro».

Desde Diario Red, queremos recordar que, en un estado de derecho, los protocolos de actuación policial no pueden juzgarse con un doble rasero que dependa de la orientación ideológica de los manifestantes. En un estado de derecho, si Esperanza Aguirre se pone violenta al frente de una concentración y empieza a lanzar objetos contundentes contra los agentes de policía, la reacción de éstos debe ser idéntica a la que desplegarían si, en vez de una violenta condesa de extrema derecha, estuviesen ante una violenta septuagenaria de izquierdas; si el protocolo dice gases lacrimógenos, pues entonces gases lacrimógenos. Lo contrario significaría que la policía va por ahí pegándole a la gente simplemente por ser independentistas o rojos y, en ese caso, no podríamos hablar de que vivimos en un sistema democrático.


Madrid –

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