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La estrategia García-Page

Cualquier figura política que tenga una mínima dimensión sabe perfectamente que tiene a su alcance una estrategia disponible para capturar el foco mediático sin posibilidad de error: golpear a su propio partido político


En política, la única forma posible de conseguir apoyo popular —ya sea a la interna de un partido (en sus bases) o en el conjunto de la población— pasa no solo por emitir los mensajes más apropiados sino, fundamentalmente, por que éstos lleguen a su destino. Una determinada figura política puede tener una capacidad de oratoria envidiable, pero, si lo que dice no llega a las personas que deberían escucharla, su capacidad de generar una tracción electoral será nula. Por ello, cuando alguien tiene la intención de disputar una contienda política —en el seno de un partido o en el conjunto del cuerpo electoral—, el foco mediático es un bien tan preciado. Por supuesto, y según la personalidad del susodicho, la querencia por el foco puede tener también algo de embobamiento y de beber los almíbares de la fama, pero, en política, los minutos de radio, las páginas de periódico y, sobre todo, las pequeñas ventanas que se abren en la televisión constituyen una necesidad operativa sin la cual es muy difícil, por no decir imposible, que cualquier aspirante pueda cumplir sus objetivos. En política, el foco mediático vale oro y, precisamente por ello, aparecen de forma natural diferentes estrategias adaptativas para conseguirlo.

Una de estas estrategias es muy simple y muy evidente y la podríamos llamar «la estrategia García-Page». Para poder afirmar que esta estrategia funciona, basta haber visto la televisión ayer y antes de ayer; aunque no es ni la primera ni la vigésima vez que el presidente de Castilla-La Mancha consigue capturar el foco mediático mediante su —muy concreto— modus operandi.

El mecanismo tiene un funcionamiento muy sencillo.

El primer paso es reconocer que cada uno de los diferentes medios de comunicación tiene una afinidad política muy concreta y muy clara, y —con ella— la voluntad y la determinación de propulsar a determinadas fuerzas políticas y desgastar a otras. Del mismo modo que, una vez que cumplimos una determinada edad, ya dejamos de creer en los Reyes Magos, aproximadamente a los mismos años se desvanece en cualquier ser humano que sepa leer la creencia en el mito de la imparcialidad del periodismo. En España, por ejemplo, existen medios que apoyan abiertamente a la extrema derecha —OKdiario, Libertad Digital o The Objective—, otros que juegan al despiste entre la derecha de toda la vida y la nueva extrema derecha —El Mundo, el ABC, Telecinco o Antena3—, aquellos que trabajan para el éxito de la progresía —la Cadena SER, El País, eldiario.es o La Sexta (aunque esta última solamente a veces)—, los que apuestan por fuerzas políticas de izquierdas —lamentablemente, pocos y pequeños— y, por supuesto, en determinados territorios, aquellos que defienden opciones nacionalistas o independentistas. Según este reparto, es absolutamente evidente, por ejemplo, que una televisión como Antena3 va a estar permanentemente buscando formas de impulsar al PP y también formas de desgastar al PSOE.

El segundo paso es también conceptualmente muy sencillo. Si hay una cadena de televisión con voluntad y determinación de desgastar al PSOE, lo puede hacer con una muchísimo mayor legitimidad, efectividad y potencia si el emisor de las críticas es una persona formalmente perteneciente al PSOE. Esto es obvio. Cualquier hijo de vecino considera natural y casi automático que un miembro del PP critique al PSOE, pero que lo haga un miembro del propio PSOE permite argumentar con mayor fuerza que el PSOE se está equivocando o está haciendo algo mal. Este es el papel que han jugado en los últimos años, figuras que, ideológicamente, hace mucho que han dejado de moverse en los parámetros socialistas, como Felipe González, Alfonso Guerra o Javier Lambán, pero que la derecha mediática puede argumentar con más o menos éxito que son «del PSOE» y así utilizarlos para golpear a su supuesto partido. Cuando, encima, hablamos de un miembro del PSOE en activo y, para más inri, presidente de una comunidad autónoma con mayoría absoluta, como Emiliano García-Page, la estrategia es todavía más potente si cabe.

En política, el foco mediático vale oro y, precisamente por ello, aparecen de forma natural diferentes estrategias adaptativas para conseguirlo

Este funcionamiento es tan obvio, este deseo de todos los medios de comunicación de buscar disidentes en las filas de los partidos enemigos es tan intenso, que prácticamente estamos hablando de una ley de la naturaleza que, además, nadie que esté en primera fila de la política desconoce. Es decir, cualquier figura política que tenga una mínima dimensión sabe perfectamente que tiene a su alcance una estrategia disponible para capturar el foco mediático sin posibilidad de error: a saber, golpear a su propio partido político. Al hacerlo, los medios de comunicación enemigos del mismo, de forma automática, van a dar amplia cobertura a los golpes y al golpeador. De hecho, es sumamente probable que también se consiga capturar foco mediático en los medios de comunicación aliados del partido en cuestión, los cuales —dada la existencia de un importante ataque desde el otro lado del parteaguas mediático— seguramente van a tener que dedicar un espacio a ejecutar maniobras de defensa.

Llegados a este punto, conviene introducir un elemento de complejidad. Aunque hay medios de comunicación que apoyan —lisa y llanamente— a un partido político, la situación es más alambicada en tanto en cuanto en la mayoría de los casos la atomización política va más allá del objeto partido y se puede disgregar hasta el nivel de las facciones. Así, el bloque de la progresía mediática, por ejemplo, aunque mayoritariamente apoya a la dirección de Pedro Sánchez, también contiene elementos afines al PSOE caoba que, en un momento dado, pueden utilizar a los García-Page para debilitar a sus adversarios internos en el mismo bloque. Obviamente, esto también se puede ver en la derecha mediática. Cuando Ayuso ataca una posición de Feijóo, lo hace porque sabe que no solamente la progresía mediática le va a dar foco mediático para debilitar al PP. Sabe, además, que una parte de la derecha mediática que apuesta por ella en tanto que facción interna también lo va a hacer. Este funcionamiento se comprobó con absoluta crudeza durante las 72 horas en las que se produjo el asesinato político de Pablo Casado. En esos días de traiciones y de puñales, no solo hubo medios que apostaron por Ayuso sino que incluso los hubo que pasaron de apostar por el entonces presidente del PP a hacerlo por su enemiga interna de la noche a la mañana.

En todo caso, la estrategia García-Page —la estrategia Ayuso— garantiza siempre la captura del foco mediático con todas las ventajas políticas que ello conlleva. El mecanismo es tan sencillo y tan obvio que incluso el relato que se utiliza es siempre el mismo. Los medios que usan a una determinada figura política para golpear a aquellos partidos o facciones que son sus enemigos, siempre hablan de la primera como un «verso libre», un «crítico», un abanderado de la «pluralidad interna» y de los segundos como un grupo «bunkerizado», «que no admite la diversidad de opiniones», «sectario» y «autoritario». Esto lo hemos visto cientos de veces en el PP y en el PSOE, pero sobre todo lo hemos visto con especial violencia contra Podemos y el motivo es fácil de explicar. Mientras cada uno de los dos partidos dinásticos del régimen del 78 tiene importantes enemigos mediáticos pero también importantes apoyos, Podemos —en tanto que, precisamente, impugnación del bipartidismo— prácticamente solamente tiene enemigos entre los medios de comunicación. Por eso, cuando ha aparece un García-Page en la formación morada —y ha habido ya unos cuantos—, éste obtiene proyección mediática a izquierda y a derecha. Doble premio.

Una de las preguntas más típicas y más manidas que le hacen a los y las dirigentes de Podemos tiene que ver con la gran cantidad de personas que aparecían en las fotos originales allá por 2014 y 2015 y ahora ya no están. El principal determinante de la respuesta a esa pregunta es la extrema rentabilidad mediática y política de la estrategia García-Page en cualquier partido que se atreva a ser verdaderamente de izquierdas.


Madrid –

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