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Javier Milei en su discurso de toma de posesión — Matias Chiofalo / Europa Press / ContactoPhoto

Lecciones de la victoria de Milei

Mientras los progresistas y las izquierdas creen que deben moderarse para «conquistar el centro» y ser competitivos electoralmente, llega un radical de ultraderecha vociferando y se lleva de calle al supuesto votante medio desideologizado


Ayer tomó posesión como nuevo presidente de Argentina Javier Milei. Más allá del estupor que produce a cualquier persona de izquierdas que un candidato que niega los desaparecidos de la dictadura y promete desmantelar el estado del bienestar y entregar la soberanía monetaria a los Estados Unidos haya ganado las elecciones en uno de los países más poblados de América Latina, nuestra obligación es ir más allá de las emociones que la victoria de Milei produce para llevar a cabo un análisis político del fenómeno que nos permita, a partir de ahí, traducirlo en acción. Estructuremos dicho análisis en forma de una serie lecciones que debemos extraer:

1.- Milei es un discurso. Sin partido, sin estructura, sin implantación territorial, sin bases organizadas, sin gobernadores, ni legisladores, ni senadores, pero con su omnipresencia y la de sus ideas en los escaparates de las grandes empresas mediáticas y su dominio de la comunicación digital, Javier Milei ha ganado las elecciones presidenciales en Argentina tras muchos meses siendo capaz de situar y ganar los principales debates políticos del país. Milei no es una marioneta, es un líder político real; pero es fundamentalmente un producto mediático construido con muchas horas de televisión y el 90% de su praxis política en toda su trayectoria está centrada en la comunicación y se puede medir en audiencias y en visualizaciones en Tiktok.

2.- Que un fenómeno de esa naturaleza pueda ganar hoy unas elecciones, en particular en Argentina, una sociedad altamente politizada, con un gran peso de los sindicatos y las organizaciones, con el poder tradicional de los grandes aparatos partidarios del PJ y el radicalismo, vuelve a demostrar que estamos en una época distinta. En sociedades individualistas moldeadas por décadas de hegemonía profunda del neoliberalismo como corriente histórica de fondo más allá de experiencias gubernamentales progresistas, con relaciones sociales y laborales crecientemente mediatizadas y digitalizadas —proceso acelerado finalmente por la pandemia—, surgen nuevos sujetos colectivos y se imponen nuevas formas de hacer política que las derechas han entendido perfectamente, en Argentina, en Estados Unidos y en Europa.

3.- El discurso Milei es ganador porque conecta con el sentido común de época, en especial de los jóvenes, que es resultado de esas condiciones sociales y del dominio de los grandes aparatos ideológicos por parte de las derechas. Tienen viento a favor porque tienen los ventiladores.

4.- Las fuerzas populares que acceden al poder deben hacer valer la legitimidad de la mayoría política que las llevó al gobierno y transformar la realidad en el máximo grado posible en beneficio de los intereses a los que representan, sin pretender conciliarlos permanentemente con sus adversarios, de los que jamás recibirán apoyo y que están dispuestos a revertir y transformar lo que sea necesario por decreto y represión cuando recuperan el poder. De lo contrario, se alimentan las condiciones para el regreso de unas derechas reforzadas al poder. Transformar desde el gobierno incluye transformar la correlación de fuerzas mediáticas.

Transformar desde el gobierno incluye transformar la correlación de fuerzas mediáticas

5.- Mientras los progresistas y las izquierdas creen que deben moderarse para «conquistar el centro» y ser competitivos electoralmente —lo que ha hecho Sergio Massa en la candidatura peronista—, llega un radical de ultraderecha vociferando y se lleva de calle al supuesto votante medio desideologizado. Sucedió en Estados Unidos, en Brasil, en Italia y ahora, quizá en su versión más exagerada, en Argentina. El presente sigue demostrando que no existe algo llamado «centro» en un sentido ideológico, sino un biconceptualismo ante el que es la activación y movilización de unas determinadas ideas, valores y emociones y no de otras lo que provoca una u otra conducta política. Es la misma sociedad la que puede votar para defender la salud pública o para hacer presidente a Milei. Para hacer la paz o para hacer la guerra. Milei triunfó porque logró activar desde la más dura provocación sus ideas y valores en esa mayoría atomizada y desideologizada, no por ser moderado ni por girar al «centro». Por el contrario, después de que el kirchnerismo fuera perdiendo —por diversos motivos (entre ellos el lawfare y el mediafare)— la capacidad de poner al cabeza de cartel electoral del peronismo y de mantener una línea más transformadora, las candidaturas derechizadas primero de Scioli y ahora de Massa han demostrado llevar a la derrota, y la inoperancia y tibieza del gobierno de Alberto Fernández, al fracaso económico, político y electoral.

6.- En un tiempo que no es de estabilidad y hegemonía sino de crisis del sistema de poder a nivel global, tanto del neoliberalismo como de la socialdemocracia, las izquierdas no están siendo capaces de representar políticamente el descontento social, en beneficio de unas derechas radicales que son la versión más salvaje y descarnada del sistema pero que logran presentarse como outsiders, impugnadoras y transformadoras, incluso revolucionarias.

7.- La movilización popular es la única energía que realmente hace avanzar a las izquierdas. Antes de construir conquistas y consensos desde el poder, el ciclo progresista que inauguró la victoria del kirchnerismo en los últimos 20 años, interrumpido por el breve periodo macrista, solo fue posible por el sentido común de época que inauguró el estallido social de 2001. Gabriel Boric es presidente de Chile por el estallido social de 2019. Gustavo Petro es presidente de Colombia por el estallido social de 2021. Podemos existe en España por el sentido común que impuso el 15M. Cuando esa energía social se desmoviliza y se retira, la correlación de fuerzas mediáticas copa la política y se impone de forma determinante para el destino ideológico de una sociedad.

8.- La izquierda no podrá ser competitiva en ningún sitio, salvo en momentos absolutamente excepcionales, sin construir medios de comunicación y poder ideológico.


Madrid –

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