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Viñeta de Luiso García

Milei y la doctrina del shock

O se da la batalla ideológica frontal y sin concesiones contra las nuevas extremas derechas o ya nos podemos ir despidiendo de lo que hemos llamado Estado del bienestar en las últimas décadas y desde la Segunda Guerra Mundial y, por lo tanto, también de la democracia


Este pasado miércoles, a los pocos días de ser investido con los poderes presidenciales de la República Argentina, Javier Milei firmaba un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) —una forma legislativa recogida en la Constitución del país que evita, al menos en una primera instancia, su votación en el Congreso— con 83 páginas y más de 300 medidas.

Al menos tres consideraciones políticas son pertinentes respecto de dicha norma.

La primera, sobre su contenido. El DNU firmado por Milei es básicamente una revolución económica ultraneoliberal exprés. El número, el alcance y la profundidad estructural de las medidas recogidas en el mismo suponen un cambio radical en el conjunto de la base productiva, los derechos sociales y económicos y las relaciones laborales, de renta y de poder en un país con el tamaño poblacional de España y un área tres veces superior. Se habilita la posibilidad de despedir trabajadores que hagan huelga, el periodo de prueba en el que se puede despedir sin indemnización pasa de 3 a 8 meses, se permite crear «empresas» de hasta cinco «trabajadores independientes» sin prácticamente derechos laborales, se desregula completamente la jornada y se elimina el límite de horas, se reducen las indemnizaciones por despido y se eliminan las multas a los empresarios que no las paguen o que tengan trabajadores contratados en negro. Las empresas públicas y los clubes de fútbol se convierten inmediatamente en sociedades anónimas, anticipando su inminente privatización. Se deroga la ley que declaraba de interés nacional la producción pública de medicamentos y vacunas, se elimina la restricción de precios de la sanidad privada y se lleva a cabo una desinversión en la sanidad pública. Por último y circunscribiéndonos a un número limitado de ejemplos por cuestiones de espacio, se deroga la ley que establecía que solamente el 15% de las tierras rurales podían estar en manos extranjeras y se elimina la norma que prohibía vender o realizar actividades agropecuarias en tierras intencionalmente quemadas. El conjunto de medidas incluidas en el DNU suponen una conmoción económica de tal magnitud que la podemos inscribir en lo que Naomi Klein definió en 2007 como «la doctrina del shock»: una estrategia política conscientemente diseñada para causar pavor en las clases populares y así generar las condiciones para llevar a cabo profundos cambios en favor de las oligarquías. «¡Viva la libertad, carajo!», era el grito de guerra de Milei, y hoy comprobamos —como ya sabía cualquiera que tuviese dos dedos de frente— que se estaba refiriendo a la libertad de los ricos y poderosos y a la de nadie más.

La segunda consideración que es pertinente hacer sobre este primer paquete de medidas de Milei es su carácter de experimento ultraneoliberal. En los últimos años, el debate público se ha visto bombardeado por la versión más radical de la ideología económica liberal que se suele denominar anarcocapitalismo. Según este dogma, del que Milei se declara abiertamente defensor, el Estado debe retirarse —tanto en términos legislativos como de inversión pública— de prácticamente todos los ámbitos de la vida social, excluyendo tal vez la defensa nacional, la administración de justicia, la política exterior y el orden público. Todo lo demás —la sanidad, la educación, la atención a las personas dependientes, la energía, la alimentación, etc.— debe ser entregado al libre mercado, quien se encargará, según los anarcocapitalistas, de poner a disposición de la ciudadanía los correspondientes productos y servicios con la máxima eficiencia. Lo que ocurre en realidad es que, aunque los teóricos del capitalismo salvaje se llenen la boca con este dogma, las oligarquías realmente existentes son todo menos innovadoras, emprendedoras o competitivas y, por ello, incluso en países gobernados por la derecha, este modelo dogmático radical nunca se ha puesto en marcha. El capitalismo realmente existente es un capitalismo de amiguetes que prefiere los oligopolios sin competencia y los contratos públicos con el Estado para la obtención masiva de rentas en clave improductiva y parasitaria. Ya veremos hasta donde permiten llegar a Milei los poderes políticos y económicos que se mueven en torno a Macri y que sí saben cómo funciona el mundo. Pero, en todo caso, y pareciendo lo que parece, todo apunta a que asistiremos en Argentina a un experimento tan cercano al anarcocapitalismo teórico como se pueda llegar. Esto producirá, por un lado, un enorme sufrimiento social, pero también permitirá al conjunto del planeta comprobar sobre el terreno los devastadores efectos de aplicar semejante estulticia en un país real, fuera de los libros y los artículos de opinión.

Ya veremos hasta donde permiten llegar a Milei los poderes políticos y económicos que se mueven en torno a Macri y que sí saben cómo funciona el mundo. Pero, en todo caso, y pareciendo lo que parece, todo apunta a que asistiremos en Argentina a un experimento tan cercano al anarcocapitalismo teórico como se pueda llegar

Por último, es importante hacer una tercera consideración. Frente a un «progresismo» que muchas veces comete el error de mirar hacia el centro y de entender que no puede hacer política si no es pidiendo permiso a la derecha y a los poderes oligárquicos, frente al gradualismo temeroso tan habitual en este lado del parteaguas que no se atreve a dar un paso más largo de 5 centímetros sin buscar la concertación con los poderes profundos del Estado, con las grandes fortunas y las grandes corporaciones, y con los medios de comunicación a su servicio, lo que representa el DNU del shock de Milei es una constatación más de que, cuando las nuevas extremas derechas llegan al poder, arrasan con todo en cuestión de días y sin dar explicaciones. El avanzar 5 centímetros por año no solamente es materialmente lesivo para la mayoría trabajadora y causa una desafección social de la que se aprovechan estos modernos discursos de odio para hacerse con el poder político; además, supone un ritmo de generación de derechos tan lento que permite que los enemigos de la democracia puedan revertir décadas de avance social en unos pocos días.

Las políticas de expolio y opresión capitalista de la mayoría social que el ultraderechista Javier Milei ya ha empezado a poner en marcha a toda velocidad van a causar un terrible dolor en millones de familias trabajadoras en la Argentina. Además de apoyar a las movilizaciones que deberán trabajar de la mano de los liderazgos de la izquierda transformadora en el país hermano para apear del poder lo antes posible al gobierno criminal, las izquierdas de los diferentes países del mundo y también en España deberían empezar a extraer de una vez las obvias enseñanzas que nos va a volver a dejar la masacre neoliberal al otro lado del Atlántico. No hay que ser un genio para entenderlo. O se da la batalla ideológica frontal y sin concesiones contra las nuevas extremas derechas al mismo tiempo que se llevan a cabo valientes, profundas y rápidas reformas para redistribuir masivamente la riqueza, la renta y el poder de arriba hacia abajo cuando se accede al poder institucional, o ya nos podemos ir despidiendo de lo que hemos llamado Estado del bienestar en las últimas décadas y desde la Segunda Guerra Mundial y, por lo tanto, también de la democracia.


Madrid –

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