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Pedro Sánchez con Benjamín Netanyahu en Jerusalén — Moncloa / Pool

Sánchez lava la imagen de Netanyahu

Cuando Sánchez le da la mano a Netanyahu, el presidente español está lavando la imagen de un genocida y la prueba más evidente de que eso es así es que el propio Netanyahu ha accedido al encuentro; cosa que no habría hecho si no pensase que le viene bien para sus propósitos


Israel está llevando a cabo un genocidio en la Franja de Gaza. Esto no es una opinión. Es un hecho. En apenas un mes y medio de bombardeos, el ejército de Netanyahu ha asesinado ya a más de 14.000 civiles palestinos; más de 6.000 de ellos niños. Por establecer una comparación, el ejército de Putin ha asesinado a aproximadamente 10.000 civiles ucranianos en 21 meses. Teniendo en cuenta que Ucrania tiene 20 veces más habitantes que la Franja de Gaza, un cálculo sencillo nos dice que Netanyahu está asesinando civiles a un ritmo que es 400 veces más rápido que el de Putin. A la cruda y brutal cifra de muertos hay que añadir que casi la mitad de las edificaciones de Gaza han sido dañadas por las bombas y un porcentaje importante de ellas completamente destruidas. Israel ha bombardeado y destruido la mayor parte de los hospitales, ha provocado la muerte de decenas de bebés prematuros en las incubadoras, ha asesinado a decenas de trabajadores de la ONU, ha bombardeado convoyes de Médicos sin Fronteras, ha matado a un promedio de más de un periodista por día, ha bombardeado escuelas y campos de refugiados y ha cortado el agua, el suministro de alimentos, la electricidad y el combustible a una población de 2 millones de habitantes. Afirmar que nos encontramos ante el exterminio más pavoroso del siglo XXI y que sus responsables son criminales de guerra que deberían ser juzgados y encarcelados no es más que una objetiva constatación de la realidad.

También es una realidad que la Unión Europea y sus países miembros no han hecho absolutamente nada para parar la matanza. La posición política de los diferentes estados ha oscilado desde un apoyo férreo a Netanyahu —como es el caso de Alemania— a una tibia crítica a la respuesta israelí, siempre precedida de la prescriptiva condena al atentado inicial de Hamás, como es el caso de España. Pero, ni los unos ni los otros, han tomado absolutamente ninguna medida ni diplomática, ni económica, ni material para parar los pies al Estado sionista. Absolutamente ninguna.

Y este ha sido exactamente el esquema de la visita de Pedro Sánchez a Israel iniciada durante el día de ayer. Todos los medios de comunicación españoles, muy especialmente los de la progresía mediática, han destacado lo que le dijo Pedro Sánchez a Netanyahu cuando se reunió con el cara a cara. “El número de palestinos muertos es realmente insoportable”, le dijo el presidente español a su homólogo israelí. Pero no son palestinos «muertos», son palestinos asesinados y, por mucho que se diga en voz alta en presencia del responsable que el número es «insoportable», la realidad material es que el ejército de Israel sigue asesinando y el número sigue aumentando. La pregunta no es qué adjetivo calificativo le ponemos a la matanza; la pregunta es qué hacemos para pararla. “Israel tiene derecho a defenderse, pero esa respuesta debe respetar la ley internacional”, le dijo Sánchez a Netanyahu. El problema es que, como todo el mundo sabe, los genocidios no respetan la ley internacional y eso es lo que lleva mes y medio haciendo Israel en la Franja de Gaza: exterminar de forma sistemática y masiva a un pueblo entero. Prescribir a Netanyahu unos límites legales que jamás ha cumplido y que no tiene ninguna intención de cumplir en vez de tomar acciones concretas para frenar los asesinatos es algo que no resiste el más mínimo análisis.

Es absolutamente obvio que no se puede detener la matanza de palestinos sin pasar de las palabras a los hechos y todavía ningún líder europeo —tampoco Sánchez— ha hecho absolutamente nada

Aunque El País escriba que Sánchez es «tal vez el líder europeo que más rotundo se ha mostrado en la necesidad de pedir a Israel un alto el fuego y condenar los bombardeos sobre Gaza» y aunque diga que «ha sido muy claro» ante Netanyahu, lo cierto es que el criminal de guerra ha dejado hablar tranquilamente al presidente español y luego le ha pasado a explicar que va a seguir actuando exactamente de la misma manera y con total impunidad. «Sánchez es el líder europeo ante el que más rotundamente Netanyahu ha dicho que va a seguir perpetrando un genocidio sin que su interlocutor mueva una ceja», podría haber escrito El País. Es absolutamente obvio que no se puede detener la matanza de palestinos sin pasar de las palabras a los hechos y todavía ningún líder europeo —tampoco Sánchez— ha hecho absolutamente nada.

Por si esto fuera poco, Pedro Sánchez ha visitado también —rodeado de periodistas— el kibutz Beeri, uno de los escenarios del ataque de Hamás del 7 de octubre y ha decidido utilizar su viaje para abrazar de nuevo la equidistancia entre dos partes de un supuesto conflicto que no es tal, como si fuese lo mismo un pueblo ocupado desde hace décadas que un Estado ocupante y agresor que lleva sometiendo al pueblo palestino al más brutal de los apartheids durante generaciones, como si todo hubiera empezado el 7 de octubre y eso justificase llevar a cabo un genocidio.

Cuando Sánchez le da la mano a Netanyahu, el presidente español está lavando la imagen de un genocida y la prueba más evidente de que eso es así es que el propio Netanyahu ha accedido al encuentro; cosa que no habría hecho si no pensase que le viene bien para sus propósitos. A pesar de la ignominia, ninguna voz se ha alzado desde el Gobierno para criticar el viaje de Sánchez. Sí lo ha criticado Ione Belarra, pero ya se habían encargado de echarla del Gobierno para que Pedro Sánchez pueda darle la mano a los netanyahus del mundo y luego volver a Madrid a dormir tranquilamente en su cama.


Madrid –

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