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Celestino Arce Lavin / Zuma Press / ContactoPhoto

Ya es tarde para silenciar al feminismo

Volverán a insistir unos y otras en que es mejor un feminismo conciliador, en que no hagamos ruido. Es tarde, este feminismo transformador ya atraviesa nuestras vidas


Desde hace dos días los medios de comunicación con mayor audiencia están cuestionando otra vez más la Ley Trans a través de bulos, transfobia y entrevistas larguísimas a hombres machistas de extrema derecha que cometen un fraude de ley con el único objetivo de atacar el avance de los derechos feministas y LGTBi. ¿Casualidad que sea a dos días del 8M? Ninguna, es la reacción que vuelve a golpear cada vez que nosotras avanzamos.

Un año más el feminismo volverá a tomar las calles del mundo entero y volverá a demostrar que sigue siendo el movimiento con mayor capacidad de convocatoria y transformación. Han pasado ya seis años desde la huelga del año 2018 que cambió para siempre nuestro país y tantos otros, situando en clave internacional un proyecto democratizador que disputa la salida a la crisis neoliberal y ecológica en marcha. El feminismo tiene hoy las mejores respuestas frente a dichas crisis, las desigualdades sociales o los retos que tenemos por delante, entre otros hacer frente a las ansias bélicas de las élites de EEUU y la UE y al genocidio que está cometiendo el Estado de Israel contra el pueblo palestino.

La derecha siempre entendió (quizás mejor que buena parte de la izquierda) la capacidad transformadora del movimiento feminista. No sólo para ampliar los derechos de las mujeres sino para ofrecer un proyecto mejor al conjunto de la humanidad en base al cambio económico, político y cultural. Y como lo entendió, lo situó como principal enemigo y no cesó el ataque contra el feminismo en general y contra el Ministerio de Igualdad de Irene Montero y su equipo en particular. Sabían, saben (y temen) que feminismo es libertad sexual, derecho al aborto o igualdad salarial, pero también redistribución de la riqueza, defensa de los servicios públicos para todos o la defensa de la paz, como aprendimos de las sufragistas, de la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad en 1915 y también de las que hoy defienden el territorio y la vida frente al expolio y la violencia de grandes transnacionales.

En estos años pasados hemos vivido todas, sobre nuestros cuerpos, la ofensiva desplegada por parte de la derecha política, judicial y mediática sin precedentes desde el primer día de la legislatura hasta el último. Es indigno que en ese contexto buena parte de las antiguas feministas institucionales, que tenían la opción de unir sus fuerzas, sus ideas y su experiencia (aunque fuese con capacidad crítica y desde la pluralidad que caracteriza al feminismo) para que por fin se pusieran en marcha, desde el Gobierno de España, mejoras en los derechos de las mujeres que nunca se hubieran hecho, prefirieran constituirse en una oposición destructiva.

Pero unos y otras (también Pedro Sánchez con sus amigos de 40 y 50) cometieron un error: no entendieron que este feminismo transformador, de esta última ola, ya atraviesa nuestras vidas y lo hará de las generaciones que viene y que es inútil tratar de hacerlo desaparecer o silenciarlo. Está en el centro de la disputa ideológica sobre el futuro de todos y cada uno de nosotros, nosotras y nosotres. Hoy hay políticas que el Gobierno de España debe cumplir: implementar la Ley del Aborto que aprobó el anterior Ministerio, o garantizar la parte integral de la Ley Solo sí es sí, o modificar de una vez una Ley de Extranjería que condena a las mujeres migrantes a la exclusión y la violencia. Pero hay ideas y formas de entender el mundo que deberemos seguir empujando para hacer más fuerte el “no estás sola”, para dejar atrás la cultura de la violación o para repartir realmente entre hombres y mujeres de manera justa los cuidados y los tiempos, para alzanzar verdad, justicia y reparación.. En definitiva, para que ya no sea normal lo que siempre lo fue y para pelear por un Estado y una sociedad feminista.

Volverán a insistir unos y otras en que es mejor un feminismo conciliador que ese feminismo que llamaron “de trincheras”, que no hagamos ruido, que hablemos más bajito para no despertar al monstruo reaccionario, que aceptemos los límites de nuestra libertad, que no hablemos de gordofobia, ni de violencia política, ni de la hipocresía de ser feminista y no luchar por los derechos de las racializadas. Dirán como decían que nos comportemos, que no seamos impertinentes, que no rompamos tabúes.

Es tarde: las feministas hemos aprendido que es así, con valentía y determinación, como hemos conseguido llegar hasta aquí. Y lo que nos queda amigas.

¡Que viva la lucha feminista!
¡Feliz 8 de marzo!


Madrid –

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