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Cancelan al ganador del premio Pulitzer en Alemania

Ganó con un reportaje sobre Palestina y su censura se suma a la tendencia represiva: el desalojo de los campamentos de protesta, la exclusión de un político sin argumentos o la prohibición de un diario


El periodista Nathan Thrall es norteamericano, de ascendencia judía y el pasado lunes recibió el renombrado premio Pulitzer por un reportaje que realizó en Cisjordania, Palestina. En Alemania, sin embargo, en el Union International Club de Frankfurt han cancelado un acto en el que iba a hablar. Su reportaje en forma de libro con el título en inglés de »Un día en la vida de Abed Salama: Anatomía de una tragedia en Jerusalén« obtuvo el galardón en la categoría de no ficción. Basado en hecho reales, cuenta la historia de una familia bajo la ocupación israelí. No es el primer caso de este tipo de censura, ya en diciembre 2023 llegaron a cancelar la entrega del premio Hannah Arendt de pensamiento político a la escritora ruso-estadounidense y judía Masha Gessen.

La locura de cancelar todo y no hablar, sin embargo, va más allá, ya que esta semana la sala de conciertos SO36, que es un lugar de izquierdas, pcancelaba un acto con activistas israelíes y palestinos sobre la situación en Gaza. De hecho, los organizadores el grupo interventionistische Linke ni siquiera hablaban de genocidio, se quedan en los crímenes de guerra. La justificación del SO36 fue que querían respetar el día del recuerdo del holocausto que coincidía con el evento. En eel mismo iban a participar la organización Medico Internacional, la activista palestina Samah Salaime y la activista judía por los derechos humanos de Israel Dror Sadot.

El martes un grupo de varias decenas de alumnos ocupaban la Universidad Libre de Berlín para protestar contra la guerra en Gaza y tan solo una hora después eran desalojados por la policía. Al parecer, la dirección del centro avisó a las autoridades porque se habrían coreados lemas antisemitas. Estos incluyen para el entender de las autoridades alemanas cánticos como del río al mar, así como la llamada a la intifada. La dirección ordenó al personal marcharse a casa y desalojar los edificios y suspendió las clases.

Así desalojaron el campamento de protesta:

Cientos de profesores se solidarizan con las protesta

La disolución del campamento se llevó a cabo por orden de la dirección de la Universidad Libre porque los alumnos de la acampada habrían coreado consignas antisemitas y hecho destrozos al inmobiliario. Una carta firmada por cientos de profesores y docentes critica, sin embargo, fuertemente el desalojo. En la misiva escriben que «con independencia de si estamos de acuerdo con las demandas concretas del campamento de protesta, nos ponemos del lado de nuestros estudiantes y defendemos su derecho a la protesta pacífica, que incluye la ocupación de terrenos universitarios». Además destacan que «la libertad de reunión y de expresión son derechos democráticos fundamentales que también y especialmente deben protegerse en las universidades». Los docentes ven que el anuncio de bombardeo en el campo de refugidos en Rafa «y el recrudecimiento de la crisis humanitaria en Gaza, la urgencia de las demandas de los manifestantes debería ser comprensible incluso para aquellos que no comparten todas las demandas concretas o que consideran que la forma de acción elegida no es adecuada».

Critican que la presidencia de la Universidad no ofreció el diálogo antes de ordenar el desalojo y dudan de su legalidad: «la libertad de reunión, según la jurisprudencia del Tribunal Constitucional Federal, también limita el derecho de propiedad incluso para lugares que, como probablemente el campus universitario de la Universidad Libre de Berlín, son de acceso público y sirven a diversos fines, incluidos los públicos». Por eso piden que no vuelvan a realizar intervenciones policiales «contra sus propios estudiantes, así como más procesamientos penales».

La Ministra de Educación e Investigación, Bettina Stark-Watzinger, del diario liberal FDP se mostró disgustada con dicha misiva y comunicó al diario amarillista Bild, que había tildado la acampada de «odiadores de judíos», que se sentía desconcertada porque «en lugar de posicionarse claramente contra el odio hacia Israel y los judíos, se convierte a los ocupantes universitarios en víctimas y se trivializa la violencia». Cree correcto que las autoridades universitarias actúen rápidamente contra el antisemitismo y la violencia y llamen a la policía», por lo que de repetirse intentos de acampadas como ya sucedió en la Universidad Humboldt la semana pasada, serán desalojadas con rapidez. El alcalde de Berlín, Kai Wegner del partido cristianodemócrata CDU dijo al mismo diario de calidad que «el antisemitismo y el odio hacia Israel no son expresiones de opinión, sino delitos» y que la policía «seguirá actuando de manera consecuente y legal contra tales delitos». El presidente del Consejo Central de Judíos en Alemania, Josef Schuster, asegura saber en dicho periódico que los activistas no se preocupan por el sufrimiento de las personas en Gaza, «sino que están impulsados por su odio hacia Israel y los judíos. Especialmente de los profesores universitarios esperaba que esto se mencionara claramente».

Impiden hacer campaña electoral a un político

Hace un par de semanas informábamos de que al político griego Yannis Varoufakis le era denegada la entrada en el país después de que publicase un vídeo en el que acusa al estado alemán de complicidad en el genocidio en Gaza. Desde entonces, al parecer, las autoridades alemanas no han dado una respuesta concreta al porqué se le impide la entrada. Preguntado por la web Nachdenkseiten, el gobierno se limitaba a decir que no era su competencia, sino la de las autoridades policiales y judiciales, negándose a comentar el caso.

Sin embargo, la exclusión del que fuera ex-Ministro de Finanzas griegos puede traer más cola de lo que ocurre en otros casos de cancelación y censura, ya que su partido paneuropeo MeRA25 se presenta también en Alemania a las elecciones europeas y no se le permite, por tanto, participar en la contienda electoral. Es por eso que Varoufakis ha denunciado al estado alemán ante los tribunales. En un comunicado emitido al respecto asegura que es «en interés de los alemanes y de todos los demás que valoran la libertad política, que se debe detener el deslizamiento del estado alemán hacia la ilegalidad y el totalitarismo«.

El abogado de Varoufakis había preguntado: ¿Qué autoridad emitió la prohibición? ¿Cuándo? ¿Con qué fundamentos?, pero las autoridades alemanas finalmente respondieron que no responderán, por cuestiones de «seguridad nacional». Ante ello Varoufakis aforma que «las prácticas autoritarias de Viktor Orbán y Kyriakos Mitsotakis están siendo adoptadas libremente en los bastiones de la democracia liberal, cuyas autoridades ahora se sienten libres no solo de violar las libertades básicas, sino también de eludir el derecho de los ciudadanos a saber quién decidió prohibirlos, cuándo y bajo qué razón, y todo esto en una Unión Europea que se suponía garantizaría los derechos políticos y la libertad de movimiento de cada ciudadano de sus estados miembros».

Más varas de medir que espalda

Los desalojos, la cancelación de actos como el del premio Pulitzer o la prohibición de entrar a Varoufakis se producen con la excusa de la lucha contra el antisemitismo. Sin embargo, no trascendió si los hombres que se pasearon el jueves en un antiguo coche blindado del ejército nazi, la Wehrmacht, el ejército antisemita por excelencia, fuesen tratados de forma similar. Tampoco sucedió algo parecido a un grupo de neonazis que atacaron a una política en la ciudad de Dresde el miércoles mientras colgaba carteles. La mujer llamó a las autoridades y aseguraba a un equipo de la televisión Deutsche Welle que registró todo lo ocurrido en vídeo, que tardaron en llegar y según sus propias palabras no hicieron nada.

No sería de extrañar que los propios agentes del orden se hayan confundido, ya que en estos días de reescritura de la historia parte de los libertadores del nazismo no aparecen en las conmemoraciones actuales. «Los hijos y nietos de los fascistas derrotados ahora prohíben a los vencedores mostrar sus símbolos», explicaba el secretario general del partido comunista DKP en Berlín, Stefan Natke.

De hecho, llega a un punto tal la desvirtuación, que la policía prohibió el jueves incluso, en un acto seguramente inconstitucional, el portar una copia del diario junge Welt en la mano durante el acto que se celebró en el monumento soviético del parque de Treptow, en el que están enterrados 7.000 soldados del ejército rojo. Diario Red desconoce si los periódicos fueron después quemados en una pira (ironía off), pero lo cierto es que la explicación de las autoridades fue que no se permitían símbolos soviéticos. En la portada del diario se reproducía la famosa foto de la bandera soviética sobre el Reichstag el 2 de mayo de 1945. Sobre el mediodía los agentes informaban que tampoco se podía ya repartir el diario.

El periodista y redactor del diario junge Welt, Nico Popp, lo resume de forma magistral: «La ideología alemana del año 2024, que permite considerar esto como del todo lógico, es pura idiotez: Putin es Hitler y está intentando, como tal, reconstruir la Unión Soviética.«

El diputado del partido Die Linke en el ayuntamiento de Berlín Ferat Koçak denunció en su cuenta de X que la prohibición de repartir y llevar un periódico es una «restricción a la libertad de prensa que se suma a las restricciones de los derechos fundamentales para algunos grupos en Berlín». En el número especial por el día de la liberación del fascismo, el diario contenía además una separata con todos los discursos que no pudieron ser pronunciados por la prohibición de la conferencia por Palestina hace varias semanas.


Berlín –

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