El diente de Lumumba y la herencia del panafricanismo

Bélgica no sólo pretendía quedarse con los recursos naturales del país, sino también hacer que el Congo asumiera los costes que había tenido extraerlos. Y que la recién estrenada democracia congoleña naciera hipotecada… Las reticencias de Lumumba a asumir esta herencia le convirtieron en enemigo a batir por las élites occidentales


Fundador en 1958 del Movimiento Nacional Congolés, de inspiración socialista y panafricanista, Patrice Lumumba se convirtió en el primer ministro del Congo independiente en el año 1960. Partidario de una independencia sin concesiones y acusado de comunista, rápidamente pasó a ser un obstáculo para los intereses económicos occidentales en el país. Apenas duró tres meses en el cargo. Fue asesinado por el ejército congoleño, en presencia de autoridades belgas, el 17 de enero de 1961.

Entre los líderes congoleños que participaron en su muerte estaba Moise Tshombé, multimillonario y presidente de la provincia congoleña de Katanga, gracias al apoyo de las grandes empresas mineras belgas, que jugó un papel muy importante en la desestabilización del gobierno de Lumumba. A Lumumba le secuestraron y le llevaron a un bosque de la región de Katanga que recientemente había proclamado su independencia del país, y allí es torturado, ejecutado y descuartizado junto a dos de sus compañeros.

Disolvieron sus restos en un barril de ácido sulfúrico y sólo conservaron dos dedos y un diente de oro a modo de trofeo. El pasado 22 de junio de 2022, en un acto oficial, el diente de oro, lo único que quedaba del padre de la patria congoleña y héroe nacional, fue devuelto a su familia para que pudiera darle sepultura.

En el momento de su muerte, Lumumba tenía sólo 35 años y podría haber jugado un papel muy importante, no sólo en el proceso de descolonización de su país, sino  también en los procesos de independencia de todo el continente africano. Lumumba pertenecía a esa minoría africana que había logrado adquirir una educación formal a pesar de los impedimentos de la administración colonial: hablaba varios idiomas, escribía poesía y leía a los clásicos franceses. Trabajó durante varios años como empleado en una sociedad minera y luego como periodista en diferentes periódicos del país. Pero el momento de inflexión se produjo en 1958, cuando, con motivo de la Exposición Internacional es invitado a visitar Bélgica. Allí queda impactado por la imagen que se mostraba de su país.

Familias enteras de congoleños eran exhibidas en zoológicos humanos con motivo de la exposición. En la muestra llegó a haber más de 180 familias obligadas a abandonar el Congo. Un recinto ubicado en el centro de Bruselas, sirvió para que más de 40 millones de visitantes saciaran su curiosidad sobre la colonia.

Los congoleños vivían en una especie de gueto. Se construyeron una serie de chozas, muy precarias, donde debían desarrollar su artesanía y que se rodearon de verjas de caña de bambú: “Si no reaccionaban, les tiraban dinero o plátanos por las uniones de las cañas de bambú”, describió un periodista de la época. Lo que presenció Lumumba en Bruselas no eran más que los últimos coletazos de la terrible presencia belga en el Congo, iniciada por el rey Leopoldo II.

Durante sus 44 años de reinado, se calcula que asesinó a diez millones de personas y que mutiló a miles por no pagar tributo por la extracción de caucho. La esclavitud fue una práctica habitual hasta bien entrado el S.XX.

Allí toma contacto con el panafricanismo y el socialismo africano y conoce a figuras clave del movimiento anticolonialista, entre ellos al  célebre autor de “Los condenados de la tierra”, Frantz Fanon. Pocas semanas después de su visita a Accra, Lumumba pronunció un discurso ante más de 10.000 personas en el que presentaba los objetivos de su movimiento: “la liquidación del régimen colonialista y la explotación del hombre por el hombre”. Un par de años después, en mayo de 1960, Lumumba se convertía en el primer primer ministro del Congo independiente.

En junio de ese mismo año, durante la ceremonia de independencia del Congo, el rey Balduino de Bélgica reivindicó la «misión civilizadora» y la “labor filantrópica” de Leopoldo II. Ante semejante atropello de la verdad, precisamente en un acto que estaba llamado a ser cordial entre colonia y metrópoli, Lumumba se levantó del asiento y rompió el silencio con un discurso improvisado que ya forma parte de los anales de la historia y que según muchos analistas supuso su sentencia de muerte:

“¿Quién olvidará, finalmente, los fusilamientos en los que perecieron tantos de nuestros hermanos, las mazmorras a las que fueron brutalmente arrojados quienes no querían seguir sometidos al régimen de una justicia de opresión y explotación? Todo eso, hermanos, lo sufrimos profundamente. Pero todo eso también, nosotros a quienes el voto de sus representantes elegidos nos mandató para dirigir nuestro país, nosotros que sufrimos en nuestros cuerpos y en nuestros corazones la opresión colonialista, les decimos bien alto que todo eso, desde ahora, terminó. La República del Congo fue proclamada y nuestro país está ahora en manos de sus propios hijos. Juntos, hermanos, hermanas, comenzaremos una nueva lucha, una lucha sublime que llevará nuestro país a la paz, a la prosperidad y a la grandeza. Estableceremos juntos la justicia social y aseguraremos que todos y todas reciban la justa remuneración por su trabajo. Vamos a mostrar al mundo lo que puede hacer el hombre negro cuando trabaja en libertad y haremos del Congo el centro que ilumine a toda África. Velaremos para que las tierras de nuestra patria beneficien verdaderamente a sus hijos. Revisaremos todas las antiguas leyes y haremos nuevas que serán justas y nobles.” […] “¡Homenaje a los combatientes de la libertad nacional! ¡Viva la independencia y la Unidad africana! ¡Viva el Congo independiente y soberano!”

Lumumba se negó a asumir la deuda belga en el Congo, tal y como solicitaban las autoridades de Bruselas para conceder la independencia al país. Una deuda que se había acumulado ante el Banco Mundial para que las empresas belgas explotaran los recursos naturales y mineros del Congo: El caucho de los neumáticos de las bicicletas y automóviles que circulaban por Europa provenía del Congo. El uranio de las bombas nucleares que estallaron sobre Hiroshima y Nagasaki, provenía del Congo. Y el cobre de las balas que estaba utilizando el ejército estadounidense en Vietnam, provenía también, del Congo. 

Es decir, que Bélgica no sólo pretendía quedarse con los recursos naturales del país, sino también hacer que el Congo asumiera los costes que había tenido extraerlos. Y que la recién estrenada democracia congoleña naciera hipotecada… Las reticencias de Lumumba a asumir esta herencia le convirtieron en enemigo a batir por las élites occidentales desde el primer momento y es una de las razones por las que Bélgica participó supuestamente en el asesinato de Lumumba de 1961. En 2002, a raíz de una investigación parlamentaria, el Gobierno belga admitió ser “responsable moral”, que no culpable, del asesinato de Lumumba.

Por su parte, el Gobierno norteamericano y la CIA también maniobraron para acabar con Lumumba. Un informe del Senado de Estados Unidos de noviembre de 1975 reveló que la CIA había ordenado su envenenamiento. Los agentes habían observado que el líder congoleño tenía los dientes “muy blancos” y habían deducido que se los lavaba a menudo y que envenenar su pasta de dientes podía ser una buena forma de acabar con su vida. En un telegrama de agosto de 1960, el director de la CIA, Allen Dulles, dijo a sus agentes de Leopoldville: ”Hemos decidido que su alejamiento es nuestro objetivo más importante y que, en las circunstancias actuales, merece una alta prioridad en nuestra acción secreta”. Ese mismo mes, Eisenhower había autorizado a la CIA a eliminar a Lumumba bajo acusaciones de comunismo.


Madrid –

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