Geert Wilders, el Trump holandés que podría gobernar Países Bajos

Wilders ha prometido mano dura en las calles. El líder de ultraderecha ha asegurado que “la policía tiene que volver a tener el control de las calles”


Negacionismo climático. Un discurso anti establishment y contra la clase política. Críticas al Estado por no ser capaz de dar una respuesta a la falta de vivienda asequible, los problemas para llegar a fin de mes, o la dificultad para acceder a recursos públicos sobrecargados como la educación, la sanidad o el transporte. Culpabilizar a la población migrante de la escasez de recursos. Y finalmente propuestas de cerrar las fronteras y expulsar a los refugiados.

Los ingredientes de la receta que la extrema derecha populista está utilizando para ganar peso electoral a lo largo y ancho del mundo son básicamente los mismos: enfrentar al penúltimo contra el último ante el agotamiento del statu quo. Lo que se conoce como “chauvinismo del bienestar”. Javier Milei, Donald Trump, Matteo Salvini, Marine Le Pen, o el recientemente ganador de las elecciones legislativas de Países Bajos, Geert Wilders, se mueven básicamente en las mismas coordenadas. Sin embargo, hay matices, y Wilders se ha caracterizado por traspasar todas las líneas rojas de lo políticamente correcto.

Con el eslogan “Holanda para los holandeses” y la promesa de “desislamizar Holanda” y de “encargarse de la escoria marroquí que impone el terror en los barrios”, el ultraderechista Geert Wilders, se hizo el pasado miércoles con la victoria electoral en Países Bajos. Su formación política, el Partido por la Libertad fue la fuerza más votada y obteniendo 37 de los 150 escaños del parlamento neerlandés. Aunque Wilders tendrá que negociar con otras fuerzas políticas para poder formar gobierno, lo que ha conseguido en estas elecciones legislativas supone un hito histórico en sí mismo: es la primera vez desde 1945 que la extrema derecha gana unos comicios legislativos en los Países Bajos.

Y es que el mapa político de los países bajos ha mutado enormemente en las últimas décadas: en los años 80, socialdemócratas, liberales de derecha y democristianos se repartían el 80% de los escaños. En estas elecciones, los tres partidos no suman ni el 40% de los votos. El éxito de Wilders revela la crisis del sistema de partidos que surgió tras la Segunda Guerra Mundial. Pero esto no es un fenómeno que se limite exclusivamente a los Países Bajos, sino que afecta en cierta medida al conjunto de Europa. En los últimos años, la socialdemocracia europea ha visto menguar sus apoyos en favor de partidos que surgían a su izquierda y la derecha tradicional también ha sufrido el desgaste infringido por las nuevas formaciones de extrema derecha.

Wilders siempre va acompañado de seis guardaespaldas, se desplaza en un vehículo blindado, no sale de casa sin un chaleco antibalas y no duerme dos noches seguidas en el mismo lugar. Según sostiene, su discurso islamófobo le ha llevado a recibir amenazas de muerte y a que su lugar de residencia haya sido catalogado como de máxima seguridad del Estado. Wilders ha abogado por la prohibición del Corán en Holanda, que ha asemejado con ‘Mein Kampf’ de Adolf Hitler, considera el Islam una ideología totalitaria y defiende cerrar todas las mezquitas de Países Bajos. Sin embargo, a Wilders no le gusta que le definan como de extrema derecha o que le califiquen de fascista. «Mis aliados no son Le Pen ni Haider… Nunca nos uniremos a los fascistas y mussolinianos de Italia. Tengo mucho miedo de que me vinculen con los grupos fascistas de derecha equivocados», ha llegado a decir. De hecho, Wilders se ha erigido como defensor de los derechos LGTBI, del feminismo y de la libertad sexual frente a lo que él denomina “totalitarismo islámico”. Pinkwashing de manual.

Las declaraciones racistas de Wilders le han valido numerosas querellas. En 2016 fue condenado por incitar al odio y a la discriminación de musulmanes después de que en un mitin de campaña asegurara que se encargaría personalmente de los “marroquíes del país”. Entonces, Wilders argumentó que se trataba de un juicio político y que el tribunal había “tirado la libertad de expresión a la basura”. Unos años antes, en 2009, Reino Unido prohibió al líder ultraderechista entrar en el país, donde tenía previsto proyectar una película anti islámica. Y en 2004, fue expulsado del Partido Popular por la Libertad y la Democracia debido a su desacuerdo con la entrada de Turquía en la Unión Europea. Wilders se oponía a la entrada de la Turquía de Erdogan a la UE no por cuestiones relacionadas con los derechos humanos sino por islamofobia.

Todo esto sirvió a Wilders para presentarse como una víctima que estaba pagando un alto precio personal y político (seguridad privada, procesos judiciales, prohibiciones de entrada en terceros países, expulsión de partidos) por defender su ideología haciendo uso de la sacrosanta libertad de expresión.

A pesar de que se define como outsider y anti-establishment, lo cierto es que Wilders es una cara habitual del panorama político neerlandés. Comenzó su carrera política como asesor parlamentario de Frits Bolkestein, líder del Partido Popular por la Libertad y la Democracia, que se caracterizó por ser el primer político neerlandés con un discurso abiertamente anti islamista. En 1998, fue elegido diputado, primero por el Partido Popular por la Libertad y la Democracia y después de ser expulsado y fundar su propio partido, por el Partido por la Libertad. Esto le convierte en el legislador con más antigüedad del Parlamento.

A pesar de llevar toda una vida pisando moqueta, Wilders se autodefine como antisistema y ha prometido sacar a «la élite política de La Haya y Bruselas». También ha asegurado que celebrará un referéndum para sacar a Holanda de la Unión Europea si consigue formar gobierno. El conocido como “Nexit”. Abiertamente euroescéptico, Wilders, pidió el voto en contra de la Constitución Europea en 2005 y no acepta las regulaciones de la Unión Europea sobre asilo y migración: “Los solicitantes de asilo disfrutan de deliciosos buffets gratuitos en cruceros de lujo, mientras las familias holandesas tienen que recortar sus gastos en comida. La atención sanitaria, que se ha vuelto inasequible para muchos holandeses, se proporciona de forma gratuita a los solicitantes de asilo”, ha asegurado. Además, ha propuesto que los refugiados sean acogidos por «países ricos como Kuwait, Emiratos Árabes Unidos o Arabia Saudí». Lo cierto es que más de la mitad de los refugiados que se instalaron en Holanda en 2022 no procedían precisamente de países árabes, sino de Ucrania. En concreto, 102.000 refugiados ucranianos se han instalado en los Países Bajos desde que empezó la guerra, 83.000 de los cuales se encuentran en albergues municipales. Pero claro, esto no conviene decirlo porque no encaja con el discurso islamófobo de Wilders.

En cuanto a su posición internacional, Wilders mira principalmente a Israel. Su fascinación por Israel se remonta a muchos años atrás, cuando con sólo 18 años y tras terminar la secundaria, se puso a trabajar en un kibutz en la frontera con Jordania. Pasó allí dos años y luego viajó por distintos países de Oriente Medio. Siempre ha reconocido que no le gustó nada lo que vio en los países árabes y ha mantenido su preferencia por Israel. Se define como agnóstico, pero sostiene la superioridad de la tradición judeocristiana sobre la musulmana y ya ha anunciado que una de sus primeras medidas, de llegar a ser primer ministro, será trasladar la embajada de Países Bajos en Israel a Jerusalén.

Wilders también ha prometido mano dura en las calles. El líder de ultraderecha ha asegurado que “la policía tiene que volver a tener el control de las calles” y que la labor policial no se va a volver a ver “obstaculizada por jefes de policía políticamente correctos que se preocupen sobre todo por la inclusión y la diversidad”. Estas declaraciones, a la vista de los pogromos racistas que se están produciendo en países

El mayor peligro de la ultraderecha es su capacidad de imponer su agenda política a la derecha conservadora. Ya lo dijo Jean-Marie Le Pen durante las elecciones de 2002: “Todo el mundo habla ya como yo. Me he normalizado”. La gran victoria de Wilders es que el resto de partidos hablen como él y asuman su discurso racista e islamófobo como propio.


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Madrid –

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