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El cantante italiano Ghali en el Sanremo 2024 Festivale — Ettore Ferrari / Zuma Press / ContactoPhoto

Palestina derriba el muro del silencio en el Festival de Sanremo

«Stop genocidio» son las palabras que permanecerán más impresas en la memoria de tantísimos espectadores que siguieron desde sus pantallas la final del Festival de Sanremo 2024, el festival de la canción más importante de Italia


No es el título, ni siquiera una estrofa de una de las treinta canciones a concurso. Son las tres palabras con las que Ghali cerró su actuación en el escenario del Teatro Ariston . Ghali es un artista nacido en Milán de padres tunecinos. Se crió en el barrio obrero de Baggio (Milán), algo que siempre ha reivindicado con orgullo.

Ghali, que ya en la velada del viernes, dedicada a los covers, había cantado Sono un italiano vero, como se conoce a la canción L’Italiano, del recientemente fallecido Toto Cutugno, después de hacer una introducción en árabe. Un duro golpe para la ultraderecha que ahora gobierna el país, para la que la «italianidad» se asocia con la sangre y la tierra, así como con la piel blanca.

Además, en la canción con la que concursaba, Casa mia, cantó: .“Ma, come fate a dire che qui è tutto normale /// Per tracciare un confine /// Con linee immaginarie bombardate un ospedale /// Per un pezzo di terra o per un pezzo di pane /// Non c’è mai pace”.

El Festival de Sanremo no es un momento cualquiera de la vida cultural italiana. Es el acontecimiento por antonomasia, el que ha pegado a todo un país a sus pantallas de televisión desde su primera edición en 1951. Es mucho más que un concurso musical. Durante una semana, Sanremo es el centro de la vida nacional.

Sirva para entenderlo lo siguiente: la final de 2024, la emitida entre el sábado 10 y el domingo 11 de febrero, tuvo casi 15 millones de telespectadores, lo que equivale al 74 por cien del share. Tres de cada cuatro italianos la vieron. Y como no se habla de otra cosa, en el trabajo, en la escuela, en el barrio, en la radio, en el coche o en otros programas de televisión, el otro uno de cada cuatro tiene la impresión de haberla visto.

Y delante de todo el país, un artista tuvo el valor de pronunciar la palabra tabú, la palabra «prohibida»: genocidio. Implícitamente asociada a Israel y a lo que está cometiendo en Gaza ante los ojos del mundo y con la complicidad de los gobiernos occidentales. Más de 28.000 palestinos asesinados hasta la fecha, al menos 13.000 de ellos menores. Y un proyecto de limpieza étnica llevado a cabo sin vacilaciones, que ahora pretende expulsar a los 1,3 millones de refugiados palestinos de Rafah, presentada hasta ahora por Tel Aviv como un lugar seguro para los palestinos.

“Stop genocidio” es el verdadero hit de Sanremo 2024. Y no es casualidad que el muro de silencio erigido por el poder político y mediático se derrumbara gracias a una irrupción «desde abajo» y no por un acto de cortesía. Para la cúpula de la RAI, Palestina —otra palabra «prohibida», incluso en Sanremo— no merecía espacio alguno. Nada que ver con Ucrania, que en la edición de 2023 salió a escena una y otra vez, con los presentadores vistiendo indumentarias que recordaban la bandera nacional de Kiev, actuaciones de bandas comprometidas con la guerra con Rusia e incluso la carta del presidente Zelenski leída en directo por el anfitrión de Sanremo, Amadeus.

Dicho de otra manera, era necesario que Palestina no apareciera. Sin embargo, fue EL tema del Festival, superando al resto de temas de actualidad, desde la protesta de los tractores —cuyo texto fue leído desde el escenario por el anfitrión— hasta el racismo perenne contra las personas del sur de Italia, vertido contra el subcampeón, el rapero napolitano Geolier, fruto de la persistencia de la «cuestión del Sur» en un país que nunca ha superado la división Norte-Sur.

Ha sido EL tema desde la primera noche, por los versos de Ghali, pero también por las palabras de otro artista, Dargen D’Amico, que aprovechó el espacio disponible para reclamar un alto el fuego. Un mensaje que volvió a repetirse el sábado, el día de la final. Y fue precisamente esa noche, la de mayor afluencia de público, cuando Palestina rompió por fin el muro de silencio. La primera fue Fiorella Mannoia, con su Restiamo Umani, las palabras-testamento de Vittorio Arrigoni, el activista propalestino asesinado en Gaza en 2011; después, durante la actuación  fuera de concurso del rapero Tedua, dos jóvenes valientes desplegaron una bandera palestina y un cartel de «Stop genocidio», que consiguieron salir en pantalla a pesar de la atenta realización de la RAI; por último, la reivindicación más contundente, ese «Stop genocidio» que hizo caer toda posible censura.

Si ya el Presidente de la Comunidad Judía de Milán, Walker Meghnagi, había reaccionado a la canción y a las declaraciones de Ghali a primera hora de la tarde hablando de «propaganda antisraelí, en prime time, en la televisión pública» (a lo que el artista respondió diciendo que «Si mi canción aporta luz a lo que no se quiere ver, bienvenida sea«, las instituciones de Tel Aviv reaccionaron directamente a la mención del impronunciable «genocidio». En un post en X (antes Twitter), Alon Bar, embajador israelí en Roma, hizo saber que consideraba «vergonzoso que se haya aprovechado el escenario del Festival para difundir el odio y la provocación de manera superficial e irresponsable«. ¿Es odio y provocación la reivindicación de acabar con el genocidio? Bar encontró apoyo inmediato en uno de los referentes más «mediáticos» del gobierno de ultraderecha, Maurizio Gasparri (Forza Italia): «La cúpula de la RAI debería pedir disculpas a las autoridades israelíes y tomar medidas correctoras».

Pero también en algunos «progresistas» del PD, como el ex comunista Piero Fassino, que no tardó en manifestar su apoyo: «Resulta desconcertante que en un evento musical como Sanremo 2024 nadie se acordara [de la masacre de Hamás], mientras no han faltado quienes han usado la palabra genocidio contra Israel».

Sin embargo, el «stop genocidio» de Ghali también ha servido para que abrieran la boca quienes, hasta ahora, nunca se habían atrevido a utilizar esa palabra y que ahora, de repente, empiezan a hacerla suya. Como el secretario de Sinistra Italiana, Nicola Fratoianni. Es una demostración de que, si se quiere transformar la realidad, hace falta valor. Empezando por el de hablar claro y sin ambages.

Ghali ha dado vida a una increíble actuación política. Ha aprovechado los pocos segundos de espacio mediático de que disponía y hoy obliga a todo un país a asumir lo que ocurre en Gaza en términos reales y no en los distorsionados por la propaganda israelí, que repiten como loros los medios de comunicación occidentales.

Si esto ha sucedido, si Ghali —como Dargen D’Amico y Fiorella Mannoia — ha sentido esta «necesidad», se explica seguramente por sensibilidad personal. Pero hay algo más. La resistencia del pueblo palestino y la movilización popular internacional han «empujado» a algunos artistas a hablar de Palestina en Sanremo (o en España en los Premios Goya), del mismo modo que «empujaron» a Sudáfrica a denunciar a Israel por genocidio.

La historia la escriben los pueblos, demostrando que la movilización tiene la capacidad de producir agenda políticas, mediática e incluso la de San Remo.

Si hoy la bandera de Palestina es izada por millones de personas en todo el mundo, se debe a que se ha convertido en un «significante» que todos llenan con una multiplicidad de significados: humanidad, dignidad, resistencia, justicia, liberación, derecho, libertad, solidaridad.

Por eso Palestina agita tantas almas. Porque quienes salen a la calle saben y sobre todo sienten que no hablan «sólo» de Rafah, Khan Yunis, la ciudad de Gaza, etc., sino de sí mismos.

La irrupción de Ghali en Sanremo y el derribo del muro de silencio en torno al término genocidio ofrece un espacio de posibilidad para los movimientos políticos y sociales en solidaridad con el pueblo palestino.

Tal vez no sea el estímulo necesario para excluir a Israel de la próxima edición de Eurovisión, prevista para mayo en Suecia, y evitar que «su participación sirva para ‘blanquear’ la limpieza étnica y los crímenes de guerra que el país está llevando a cabo en Palestina», como reclama Podemos en España.

En realidad, esto forma parte de la lucha internacional para dar contenido a la reivindicación de “parar el genocidio”. Que debe llevarse a todas partes pero, sobre todo, debe convertirse en fuerza concreta: en las calles, en la campaña BDS, en los espacios de la “guerra mediática”. Y que, en San Remo, gracias a tres sencillas palabras y unos pocos segundos, se anotó un punto importante en apoyo de la lucha por la liberación del pueblo palestino.


Traducción: Raúl Sánchez Cedillo

Madrid –

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