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«Guerra entre el Likud y Hamás» ¿Se imaginan?

Algo que lógicamente ha llamado la atención de mucha gente en los últimos días es el enorme contraste entre el tratamiento mediático de este conflicto con respecto al que se le da a la guerra en Ucrania


En 2004, Greg Philo y Mike Berry publicaron una obra muy interesante, «Bad News From Israel», en la que demostraron que las poblaciones occidentales tenían un conocimiento escaso y erróneo de este conflicto. En concreto, por ejemplo, demostraron que la mayor parte de la audiencia estadounidense, inglesa y alemana pensaba que los llamados «territorios ocupados» habían sido ocupados por población palestina, cuando la realidad sabemos que es la contraria. Eso ya es una buena muestra de los efectos perversos que ha tenido el discurso mediático que, en general, aunque con matices, es dominante en esta parte del mundo.

Algo que lógicamente ha llamado la atención de mucha gente en los últimos días es el enorme contraste entre el tratamiento mediático de este conflicto con respecto al que se le da a la guerra en Ucrania. Si, en este último caso, el concepto del derecho a la autodefensa de un pueblo contra una fuerza de ocupación por todos los medios a su alcance (algo reconocido en el derecho internacional) se vincula, lógicamente, a la resistencia ucraniana frente a la invasión rusa, en el caso del conflicto en Palestina, curiosamente (o no tanto), ese mismo concepto del derecho a la autodefensa se vincula, no a la población palestina que vive en territorios ocupados o bloqueados como Gaza, sino al Estado de Israel, que es la potencia ocupante. La Razón, editorial de ayer: “El inalienable derecho de defensa de Israel”. Otro en La Razón, hace dos años: “Israel y su derecho a la legítima defensa”. Y uno más. Ukrinform: “Zelensky: El derecho de Israel a la defensa es incuestionable”.

Otro elemento que habla de la penetración de estos relatos en la comunicación que recibimos a través de los medios y también de las redes en esta parte del mundo son las imágenes que recibimos. Seguramente todos y todas hemos visto este fin de semana las imágenes de abominables secuestros y asesinatos de civiles llevados a cabo por las milicias palestinas en el marco de este ataque. Por ejemplo, la imagen del cuerpo seguramente sin vida de una ciudadana israelí-alemana en la parte de atrás de una camioneta siendo exhibido como trofeo en las calles de Gaza por parte de milicianos palestinos. Incluso hemos visto fotos de quién es esa persona, sabemos su nombre, sus apellidos, su profesión, quién es su familia, todo. Que está bien, es como debe ser. Sin embargo, no hemos visto prácticamente ninguna imagen, por ejemplo, de los niños palestinos asesinados por el Estado de Israel en los bombardeos de Gaza. Pensémoslo un momento. No sabemos cómo se llaman, ni quiénes son sus padres, ni nada. Si no hay imágenes y no se ve nada ni sabe nada de la identidad de las víctimas del lado palestino, la empatía es mucho más difícil.

Y no: ni las barbaridades que cometa la resistencia ucraniana legitiman la invasión rusa de Ucrania ni las barbaridades que cometa la resistencia palestina legitiman la ocupación de territorios y el sometimiento de la población palestina por parte del Estado de Israel

Siguiendo con la comparación con el tratamiento de la invasión rusa de Ucrania, se podrían decir más cosas. Por ejemplo: todos y todas hemos visto atropellos a los derechos humanos que ha cometido la resistencia ucraniana, atando a sus propios compatriotas disidentes a postes hasta la muerte, la cuestión de los elementos neonazis en las fuerzas armadas ucranianas, por no hablar de la prohibición de partidos políticos en Ucrania, etcétera. Sin embargo, por repugnantes e inhumanas que sean muchas de esas acciones, no se considera que eso reste legitimidad a la causa de la resistencia ucraniana frente a la invasión rusa. Es más: simplemente hablar de eso o mencionar, no sé, que hay neonazis en las filas ucranianas, es considerado propaganda rusa en la medida en que reforzaría su relato de invasión. Por el contrario, las imágenes de acciones violentas y crueles contra civiles israelíes, hombres, mujeres, niños y ancianos, por parte de la resistencia palestina (que por supuesto que son repugnantes como lo es cualquier asesinato o secuestro de civiles en cualquier conflicto) sí que se usa para deslegitimar por completo la causa palestina. Y no: ni las barbaridades que cometa la resistencia ucraniana legitiman la invasión rusa de Ucrania ni las barbaridades que cometa la resistencia palestina legitiman la ocupación de territorios y el sometimiento de la población palestina por parte del Estado de Israel.

Por otro lado, también es relevante el tratamiento mediático que se le da a Hamás. Aunque entrar en esto sea complejo y delicado, es importante hacerlo porque si no es imposible entender lo que sucede. Hamás, no hay que olvidarlo, es un partido político. Es un partido político que gobierna Gaza, que, cuando ha habido elecciones allí, las ha ganado y que, sí, tiene un brazo armado (que también tienen o han tenido otras organizaciones palestinas rivales de Hamas como Fatáh, que gobierna Cisjordania). Hamás ha sido declarada «organización terrorista» por Estados Unidos, Israel, Japón, Canadá, Australia, la secretaría general de la Organización de Estados Americanos, Egipto o Paraguay, mientras que otros países como Turquía, Brasil, China, Rusia, Noruega o Suiza no la consideran como tal. Por lo tanto, más allá de simpatías, antipatías y consideraciones de cualquier tipo, calificar a Hamas, como hace sistemáticamente la prensa occidental, como «grupo terrorista», como mínimo es un planteamiento no objetivo que está alineado con un determinado bloque de países y de intereses geopolíticos. Y es un planteamiento que, lógicamente, tiene el efecto de criminalizar la resistencia palestina tachándola de terrorista. ¿La resistencia ucraniana es terrorismo? No, ¿verdad? Incluso aunque cometan actos que podrían ser calificados de terrorismo. Por lo tanto, la resistencia palestina no puede ser tachada de terrorismo.

¿Bombardear edificios de 14 plantas en Gaza con cientos de civiles dentro no es terrorismo? ¿Dejar a una población de 2 millones de personas sin agua, luz, comida ni medicinas no es terrorismo? Por favor… Sin embargo, nadie plantea en la prensa occidental que el gobierno de Israel sea terrorista, cosa que sí se hace con el gobierno de Gaza, que es Hamás. Eso no es menor, porque da lugar a discursos que legitiman los bombardeos de Israel sobre Gaza. Algunos titulares. Euronews: “Israel ha bombardeado cientos de objetivos de Hamás durante la noche”. El Periódico de España: “Israel difunde imágenes de bombardeos sobre objetivos de Hamás en la Franja”. ABC: “Israel bombardea objetivos de Hamás en Gaza en el tercer día del conflicto”. Y como estos hay cientos de titulares.

Lanzar bombas de varias toneladas sobre un territorio, Gaza, que es el más densamente poblado del mundo, donde viven más de 2 millones de personas, y hacerlo además sobre edificios enteros de varios pisos nunca puede ser calificado, como hace la prensa, como «bombardeos selectivos», ni «quirúrjicos», ni contra «objetivos de Hamás». Son bombardeos contra población civil, contra familias enteras; son crímenes de guerra. Y llamarles «respuesta selectiva contra objetivos terroristas de Hamas» no es más que propaganda y supone legitimar y apoyar esos crímenes de guerra.

Habría que pensar un momento también sobre el marco mental, presente en toda la prensa occidental, que plantea esta guerra como una guerra entre Israel y Hamás. El Mundo: “Guerra de Israel y Hamas, última hora”. El Español: “Guerra de Israel y Hamás, en directo”. La Sexta: “Guerra de Israel – Hamás, en directo”. Y así todo.

Trazar ese eje es problemático, primero, porque borra a Palestina por completo de la ecuación. No se está hablando de un conflicto entre Israel y Palestina, o entre Israel y Gaza, sino entre Israel y «Hamás». Es decir, parece que Palestina no existe y que lo que hay es una guerra de todo un pueblo y un Estado (con todo lo que eso implica en términos de entidad de ese sujeto, de legitimidad, de instituciones, de cultura, etc) no contra otro pueblo, el palestino, sino contra un grupo político determinado, es decir, contra un sujeto más restringido a todos los niveles, que además es calificado como terrorista. La realidad es que ni la resistencia palestina se puede reducir solo a “Hamás”, ni la ocupación, el apartheid y el genocidio en Palestina es contra “Hamás”, sino contra el conjunto del pueblo palestino.

Ese lenguaje tiene un objetivo muy claro que es borrar todas las causas profundas del conflicto, que es separar y aislar el significante Hamás de la población de Gaza y en último término, como veíamos en los titulares anteriores, legitimar los bombardeos y los crímenes de guerra del Estado de Israel. Porque no se habla de una guerra entre el Likud (el partido que gobierna Israel) y Hamás (el partido que gobierna Gaza), ¿verdad? ¿Se imaginan? “Guerra entre el Likud y Hamás”. ¿A que no? Digo, porque esos serían términos más simétricos. Y tampoco se habla de una guerra entre Israel y Palestina, o Gaza (si es que se podría hablar de «guerra» cuando existe tal desigualdad de fuerzas entre un bando y otro). Nada de eso: se habla de una “guerra entre Israel y Hamás”, con lo que se identifica al gobierno actual ultraderechista de Israel, del partido Likud, con el conjunto del país y del pueblo, mientras que se desidentifica a Hamás, el partido que gobierna Gaza, de la población palestina. Ahí ya hay trampa. Y es obvio que con esa “trampa”, como dice Levin, se intenta legitimar a unos y demonizar a otros.

Una última cosa. Hay otro “error” que se comete permanentemente y que es omnipresente en la prensa y por ende en el sentido común, podríamos citar mil ejemplos, que es identificar al Estado de Israel con el pueblo judío. O calificar a Israel como «Estado judío». Y ojo: esto se hace tanto por parte de quienes quieren defender a Israel como por parte de quienes se oponen a la opresión del Estado de Israel sobre los palestinos, cuando dicen ese inmenso cuñadismo de «el pueblo judío, que sufrió el Holocausto, ahora le hace lo mismo al pueblo palestino». Oiga, mire, no. El pueblo judío no. El Estado de Israel no es el pueblo judío. El Estado de Israel es eso: un Estado. Y la mayoría de los judíos del mundo ni vivimos en Israel, ni somos sionistas, ni el gobierno ultraderechista israelí habla en nuestro nombre ni actúa en nuestro nombre y tenemos el deber de decirlo, ni tampoco somos partidarios de un «Estado judío» (ni de un estado islámico, ni de un estado católico, ni hinduista, ni ortodoxo, sino de estados laicos y democráticos donde nadie tenga más derechos que nadie por pertenecer a una determinada etnia o profesar una religión). También dentro de Israel hay sectores políticos que agrupan a judíos israelíes y a árabes israelíes (sí, más del 20% de la población de Israel son palestinos que quedaron dentro de las fronteras de sus fronteras tras la partición de Palestina) que no están de acuerdo con el proyecto de Israel como «estado judío», que es el proyecto de la derecha israelí, sino que defienden un Estado laico para toda su población. De hecho, el gobierno de Netanyahu estaba en sus horas más bajas de apoyo interno y enfrentando grandes movilizaciones de la izquierda y de la oposición. Identificar Israel con el pueblo judío o con un “Estado judío” es un grave error que, en el fondo, supone alinearse precisamente con las posiciones de la derecha sionista israelí que gobierna el país. Eso es lo que ellos quieren y no hay que caer nunca en eso porque es una barbaridad.

Y, si me preguntan a mí, les respondo: ni Estado judío, ni república islámica, fortificados y en guerra eterna: una sola Palestina en paz, laica, democrática y con libertad religiosa para todos sus habitantes, desde el río hasta el mar. Como escribe Olga Rodríguez, en Sudáfrica fue posible.


Aquí puedes ver el vídeo completo del capítulo de La Base:


Madrid –

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