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44 aniversario del asesinato de Yolanda González: mujer, vasca, y revolucionaria

La joven revolucionaria y militante vasca, asesinada por un comando fascista en 1980, sigue siendo un símbolo de la lucha contra la impunidad de la Transición española


En este 2024, conmemoramos el 44 aniversario del asesinato de Yolanda González, una joven, valiente, revolucionaria, militante, vasca cuya vida fue truncada de manera trágica el 1 de febrero de 1980 por un comando fascista perteneciente a «Fuerza Nueva», el partido liderado por el ultraderechista español Blas Piñar.

Yolanda, con tan solo 19 años, fue secuestrada de su modesto hogar en el barrio obrero de Aluche, Madrid, para ser posteriormente torturada y asesinada con varios disparos en la cabeza por Emilio Hellín, su asesino confeso.

Su vida representaba la lucha de una joven vasca de familia obrera, que trabajaba en la limpieza, estudiaba en un centro de formación profesional y militaba activamente en las filas del Partido Socialista de los Trabajadores (PST). El oscuro episodio de su secuestro y asesinato desencadenó una movilización popular inmediata, con asambleas en centros de estudios y una huelga general de la enseñanza el 5 de febrero, convocada por el movimiento estudiantil.

La impunidad que caracterizó a la Transición española se hizo de nuevo evidente en el caso de Yolanda. Aunque algunos responsables fueron condenados, la red de relaciones entre los asesinos y las fuerzas represivas del Estado nunca fue investigada a fondo. Emilio Hellín, el asesino confeso, fue detenido en 1980 y condenado a 43 años de cárcel, aunque solo cumplió 14. Posteriormente, se fugó en dos ocasiones y, finalmente, fue extraditado. En 1996, fue liberado impunemente después de cumplir solo 14 años de condena.

Hellín, el asesino confeso ha mantenido conexión con los servicios de seguridad del Estado español. Desde 2006 hasta 2011, trabajó para la Dirección General de Policía y la Guardia Civil en casos judicializados, formando a agentes en técnicas forenses de espionaje y rastreo informático. Aunque se dio a entender que su colaboración terminó en 2011, pero fuentes no oficiales afirman que continuó colaborando con la Guardia Civil.

La «modélica» Transición española, que pretendía ser un ejemplo de democratización, estuvo marcada por la represión y la impunidad. La Ley de Amnistía, que garantizó la libertad a los franquistas, fue la base de una democracia pactada en 1978, manteniendo intacto el aparato de seguridad del Estado. Este pacto de indulgencia ha llevado a la falta de esclarecimiento de casos como el de Yolanda, donde las complicidades en el Estado quedaron exentas de castigo.

A pesar de los años transcurridos, la lucha por la justicia y la memoria de Yolanda persiste. Su familia continúa reclamando el reconocimiento de Yolanda como víctima del terrorismo, un estatus que le ha sido negado oficialmente.

En diversos lugares, como Madrid y Bilbao, se han erigido espacios en su honor, recordándola como una luchadora incansable. En junio de 2015 se logró que el Ayuntamiento de Madrid pusiera el nombre de Yolanda a unos jardines de la ciudad y en noviembre de 2018 se instaló gracias a la Junta de Distrito de Latina del Ayuntamiento de Madrid una placa en recuerdo de la joven explicando la lucha de González y el modo en el que fue asesinada. La placa, sin embargo, ha sido vandalizada hasta en cuatro ocasiones. Una vez amaneció pitada con una cruz nazi; otra, completamente borrada con pintura; y en otras dos ocasiones fue arrancada completamente.

En Bilbao, tras la lucha por la memoria de Yolanda y la ardua labor de la asociación vecinal Bizinahi consiguió en 2016 que el Ayuntamiento nombrase una plaza a la memoria de Yolanda González, en la propia Ribera de Deustu, barrio que le vio nacer y crecer.

El documental «Yolanda en el país de lxs estudiantes», dirigido y producido por Isabel Rodríguez, también ha contribuido a mantener viva la memoria de Yolanda y de aquellos que fueron víctimas de la violencia de la transición española. La lucha por la justicia y la verdad continúa.

“1 de febrero de 1980, ese día como todos Yolanda se despedía de su novio después de desayunar juntos en casa; él le dijo lo guapa que estaba con ese jersey que le había regalado su madre, le dio un beso y se fue a trabajar. No sabía que ya no la volvería a ver jamás”.

Yolanda González: ¡Presente! ¡Ahora y siempre!


Madrid –

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