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90 años del nacimiento de Yuri Gagarin, el cosmonauta que hizo soñar al mundo entero

El éxito de su misión fue un gran triunfo para la Unión Soviética, que adelantaba así a EEUU en la carrera espacial, y el nombre de Yuri Gagarin resonó en el mundo entero como el primer hombre en viajar al espacio


Cuando se habla del llamado ‘sueño americano’ se hace en referencia a una supuesta posibilidad de prosperar y lograr el éxito gracias a las oportunidades que una sociedad brinda a las personas que se esfuerzan, independientemente de la fortuna de su familia. Es algo que le puede sonar a chiste al migrante hondureño que recoge fruta en el sur de california o a una camarera de un pueblo de Arizona pero que, irónicamente, puede ejemplificar un muchacho de la Unión Soviética que nació muy lejos de Hollywood o Wall Street pero que fue el primero en llegar a lo más alto, en el sentido más literal del término.

Yuri Gagarin nació en un pequeño pueblo y sus padres trabajaban en una granja colectivizada, él como carpintero y ella en la producción de leche. Durante la Segunda Guerra mundial la familia tuvo que sufrir la incautación de ganado por parte del Ejército Rojo en retirada y, después, la ocupación nazi. Las tropas de Hitler quemaron la escuela, lo que cerró abruptamente el primer año de educación del futuro cosmonauta, además de 27 casas. Los habitantes del pueblo tuvieron que trabajar para dar de comer a los invasores, recibiendo palizas e incluso siendo enviados a campos de concentración quienes se negaban. Un oficial nazi fijó su residencia en casa de los Gagarin, obligándoles a construir una pequeña choza en la que malvivieron con sus cuatro hijos durante los 21 meses que los alemanes estuvieron allí. Yuri Gagarin se convirtió en un resistente y dos de sus hermanos fueron deportados para convertirse en mano de obra esclava en Polonia hasta que lograron huir y unirse al ejército soviético.

Tras la guerra la familia se trasladó a Gzhatsk, población que pasaría a llamarse Gagarin tras la muerte del cosmonauta, y Yuri pudo continuar su educación. A los 16 empezó a trabajar como aprendiz en una acería y también recibía clases vespertinas para trabajadores jóvenes. Fue seleccionado para formarse en la Escuela de Técnica Industrial de Sarátov y allí su vida dio un giro: se presentó voluntario para formarse como cadete aéreo soviético.

En 1955 pasó a la Primera Escuela Superior de Pilotos de la Fuerza Aérea Chkálovski y para noviembre de 1957 ya había logrado ascender a teniente en la Fuerza Aérea Soviética. En marzo de 1960, tras un minucioso proceso de selección, comenzó su entrenamiento dentro del programa espacial. Dos meses después fue elegido para formar parte de los «Los Seis de Sochi», grupo del que saldrían los primeros cosmonautas del programa Vostok.

El 12 de abril de 1961 el cosmonauta Yuri Gagarin dio inicio a la misión con la frase “¡Vamos! Adiós, hasta pronto, queridos amigos”. Aquel día orbitó la Tierra durante 108 minutos y, mientras lo hacía, fue ascendido a mayor. A unos 7000 metros de altitud fue expulsado de la cápsula y llegó al suelo en paracaídas. El éxito de la misión fue un gran triunfo para la Unión Soviética, que adelantaba así a EEUU en la carrera espacial, y el nombre de Yuri Gagarin resonó en el mundo entero. Recibió el título de Héroe de la Unión Soviética en Moscú, donde se organizó una enorme ceremonia, y en otras ciudades hubo celebraciones masivas solo superadas por los desfiles de la Victoria de la Segunda Guerra Mundial.

En los meses siguientes Gagarin visitó el Reino Unido, Canadá, Cuba, Finlandia y otros países, llegando a sumar unos 30 en los años posteriores. John F. Kennedy, sin embargo, le negó el permiso para visitar Estados Unidos al considerarle un triunfo de la Unión Soviética en el que los ciudadanos estadounidenses no deberían fijarse demasiado.

Fue diputado del Sóviet de la Unión y más tarde pasó al Sóviet de las Nacionalidades, la cámara alta, pero su pasión siguió siendo el vuelo y la exploración espacial. Pasó años trabajando en diseños para una nave espacial reutilizable, en programas de entrenamiento para cosmonautas y preparándose de nuevo como piloto de combate, a pesar de que las autoridades se oponían a que volase por el riesgo de perder a una figura tan importante en un accidente. El trágico final de la misión Soyuz 1, en la que Gagarin participó en tierra y perdió la vida el cosmonauta Vladímir Mijáilovich Komarov, supuso que se le apartase del programa espacial.

El 27 de marzo de 1968 los temores de las autoridades respecto a perder al héroe en un accidente resultaron ser proféticos: Yuri Gagarin murió junto a un instructor de vuelo durante un entrenamiento rutinario con un caza de combate. El secretismo soviético y la fama de Gagarin dieron lugar a múltiples teorías conspirativas en torno al accidente que, con los años, han sido todas descartadas. Los cuerpos de  ambos fallecidos fueron incinerados y sus cenizas reposan en la Necrópolis de la Muralla del Kremlin.

Cuentan que en abril de 1961, cuando Yuri Gararin aterrizó con su paracaídas y su mono naranja tras su hazaña, una campesina le vio en el campo y le preguntó  «¿viene usted del espacio?». Yuri Gagarin respondió: «ciertamente sí, pero no se alarme, soy soviético».


Madrid –

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Editorial

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