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Carlos Luján / Europa Press / ContactoPhoto

A vueltas con la prostitución

Si realmente se quiere abordar la problemática de la prostitución e incluso llegar a abolirla, es evidente que, en primer lugar, hay que modificar la Ley de Extranjería


Un año más, una legislatura más, el PSOE anuncia que va a elaborar una ley para abolir la prostitución. Una vez más el PSOE anuncia que con una simple ley pondrá fin a uno de los debates más históricos del movimiento feminista en las últimas décadas. Aunque saben que para eso no basta una ley. ¿Abolicionismo o regulacionismo? es la pregunta que cientos de feministas se han hecho. Es la pregunta que se hace cada mujer que acaba entrando en esto del feminismo.

Es una pregunta que tiene mucho sentido, pues por mucho que algunas transodiantes se empeñen en comparar el debate sobre los derechos trans con el debate sobre la prostitución, uno no podría estár más lejos del otro. La pregunta entre abolicionismo o regulacionismo tiene sentido en tanto que ambas plantean proteger los derechos de las mujeres que se encuentran en contextos de prostitución. Unas mediante la abolición y otras mediante la regulación, pero ambas comparten el horizonte de proteger y garantizar los derechos de las mujeres, aunque sea desde ópticas contrapuestas y en debates muy enfrentados. Ambas posiciones están convencidas de que su solución es la mejor para proteger los derechos de las mujeres. Por su parte, en el debate generado en torno a los derechos trans, el feminismo transinclusivo considera que las personas trans tienen que tener todos sus derechos humanos, mientras que las posiciones transexcluyentes creen que las personas trans son una especie de caballo de troya del patriarcado que quiere cargarse el sujeto mujer y eso les justifica para ejercer transfobia y violencia contra las personas trans, especialmente contra las mujeres trans. Como se puede observar, en este debate no se persigue el mismo objetivo.

Sectores transexcluyentes están utilizando el debate entre abolicionismo y regulacionismo para justificar la “división” del movimiento feminista y que haya, por ejemplo, dos manifestaciones en Madrid por el 8M. Es necesario salir de ese marco en el que intentan meternos que enfrenta abolicionismo-transfobia contra regulacionismo-transinclusivo. Es importante señalar que la división no se produce por el debate en torno a la prostitución, sino por la negativa de los sectores transexcluyentes a aceptar los derechos de las mujeres trans. De hecho, en la Comisión 8M hay abolicionistas y regulacionistas, pues al tratarse del movimiento feminista autónomo, representa la diversidad del feminismo, pero, claro, la transfobia no es feminismo.

La legislatura pasada el PSOE planteó una Ley contra el proxenetismo que prometía abolir la prostitución. Una ley que nacía de un texto, de tercería locativa, que tuvieron que retirar de la Ley de garantía integral de la libertad sexual pues ese texto impedía que votasen a favor de la misma grupos parlamentarios con posturas más cercanas al regulacionismo. Y no querían votar a favor porque ese texto, tal y como la proponía el Partido Socialista, devenía inevitablemente en desproteger a las mujeres en contextos de prostitución. La medida estrella del Partido Socialista recogía también las multas a los puteros, pero esa medida, no es nueva. Tecnicamente, ya se puede interponer una multa a los demandantes de prostitución en base a la Ley de Seguridad Ciudadana, la conocida como ley mordaza. Ley que está en vigor y con la que, según datos del Ministerio del Interior, entre 2019 y 2020 fueron sancionados 215 hombres y 360 mujeres. Es decir, esta ley ya prueba como la multa es una medida que acaba volviéndose en contra de las mujeres en contextos de prostitución.

Si realmente se quiere abordar la problemática de la prostitución e incluso llegar a abolirla, es evidente que, en primer lugar, hay que modificar la Ley de Extranjería. Los datos que manejan las asociaciones que trabajan con mujeres víctimas de trata o en contextos de prostitución nos muestran que entre el 70% y el 90% de mujeres en contextos de prostitución no tienen regularizada su situación en nuestro país. Para poder abolir la prostitución, primero hay que dotar a estas mujeres de todos sus derechos como ciudadanas. Después, seguir garantizando alternativas laborales y habitacionales como hace el I Plan de Inserción Sociolaboral para víctimas de trata, explotación sexual y para mujeres y niñas en contextos de prostitución, desarrollado por el anterior Ministerio de Igualdad.

Las feministas del PSOE siguen utilizando argumentos débiles para justificar su visión del abolicionismo, como, por ejemplo. el hecho de que ninguna mujer puede elegir la prostitución libremente y que todas lo hacen forzadas, considerando la prostitución como violencia contra las mujeres. Como bien explica Beatriz Gimeno en su obra La prostitución utilizar este argumento es fácilmente desmontable a día de hoy, cuando hay muchas mujeres que afirman elegir la prostitución entre las opciones que poseen. Utilizar este argumento como único para justificar el abolicionismo es negar la autonomía de las mujeres y victimizarlas. Pero, además, muchas de estas feministas abolicionistas utilizan esta categorización para invalidar el consentimiento. Para ellas, el consentimiento está viciado en la prostitución (y casi que en el patriarcado) por lo que la libertad sexual no sería emancipadora porque no se da en condiciones de igualdad. Esta visión es tremendamente desmotivadora para todas las mujeres, porque si no vamos a conseguir derrocar el patriarcado durante nuestra vida, entonces nunca tendremos la posibilidad de ejercer nuestra libertad sexual. Me gusta pensar más en el concepto de libertad que utiliza Foucault quien afirma que: “la libertad no es un lugar al que ir, es un espacio por inventar en el interior de las propias relaciones de poder”. Las mujeres estamos construyendo nuestra libertad sexual inmersas en las relaciones de poder de un sistema patriarcal, pero a pesar de todo lo estamos haciendo.

Somos muchas las feministas que pensamos que la prostitución no existiría en una sociedad igualitaria y feminista, porque la simple idea de que exista pone sobre la mesa la desigualdad entre hombres y mujeres. La simple idea de que existe nos muestra el poder que tienen los hombres para acceder a los cuerpos de las mujeres, de todas las mujeres. Es por ahí por donde creo que debería ahondar el abolicionismo, en como la institución de la prostitución refuerza al patriarcado. Somos también muchas las que observamos con recelo estos planteamientos abolicionistas que propone el PSOE, que están más cerca del prohibicionismo que de cualquiera otra cosa. Es evidente que solo podemos abolir la prostitución si situamos los derechos de las mujeres en el centro, reconociendo sus necesidades, acompañándolas y centrando la persecución en los proxenetas, esos grandes empresarios que se lucran con la explotación de la prostitución ajena. Es ahí donde debemos apuntar y no en medidas que puedan poner en riesgo a una sola mujer en contextos de prostitución.


Madrid –

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