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Celestino Alfonso, héroe en Francia y Nadie en España

Celestino Alfonso es un héroe en Francia y un Nadie en España, aunque no le haya faltado a nuestro Gobierno un ministro para representar allí lo que sigue siendo aquí una deuda y en Aragón un ominoso proceder de desmemoria democrática


Al poco de la derogación de la Ley de Memoria Democrática por parte del gobierno de Aragón, el ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, encabezó recientemente una conmovedora vigilia en Mont Valérien en la que se rendía homenaje a 23 luchadores antifascistas  ejecutados hace 80 años por el Tercer Reich, entre los que se encontraba el comunista salmantino Celestino Alfonso. 

El ministro anunció que Alfonso será reconocido en el Panteón de Hombres Ilustres de París por su protagonismo en defensa de la libertad. La emotiva ceremonia, en la que participaron altos representantes del Gobierno español, conmemoró la resistencia de Missak Manouchian y su grupo contra la ocupación nazi en Francia. Celestino Alfonso será el primer español en el Panteón, un hecho singular para nuestro país que reconoce la lucha del militante comunista contra el fascismo y el nazismo.  Los restos de Manouchian y su compañera Mélinée serán trasladados al Panteón de París, donde una placa recordará los nombres de los compañeros de lucha, incluido el de Celestino Alfonso. 

En España, en cambio, Celestino Alfonso no sólo no tiene ese honor, que también le correspondería como defensor de la democracia, sino que gobiernos autonómicos como el de Aragón eliminaron recientemente la posibilidad de su memoria al derogar en aquella comunidad la Ley de Memoria Democrática. En la ciudad de Salamanca, hasta ahora, ni siquiera tiene una calle o una plaza con su nombre, habiendo nacido en la localidad de Ituero de Azaba en 1916, de donde al poco hubo de emigrar con su familia a Francia, en donde trabajó como carpintero. 

Fue Celestino Alfonso de los primeros jóvenes que con poco más de veinte años se incorporó a las Brigadas Internacionales para iniciarse en la lucha contra el fascismo en España durante la guerra. A su vuelta a Francia, estuvo internado en el campo de concentración de Saint-Cyprien (Pirineos Orientales), de donde partió como soldado movilizado para proseguir esa misma lucha contra el nazi-fascismo en la segunda Guerra Mundial, formando parte de una compañía de trabajadores extranjeros. 

Pocos meses después fue detenido, en enero de 1941, y encarcelado en Tourelles (anejo de la prisión de Fresnes, cerca de París). De allí salió un mes más tarde para trabajar en Alemania, de donde regresó al cabo de unos meses para hacerlo en varias fábricas de la región parisina y ser, además jefe de grupo en los FTP-MOI (Franco-tiradores y Partisanos, Mano de obra Inmigrada), que a las órdenes de Boris Holban y Missak Manouchian intervino en varias acciones anti-nazis en torno a París y Orleans. Fue detenido el 28 de noviembre de 1943, juzgado en un aparatoso proceso en el fuerte del Mont Valérien. Su imagen estaba en uno de los medallones que, a raíz de la muerte del general Julius Ritter, los nazis habían fijado en las carteleras murales de Francia: «Alfonso, español rojo, 7 atentados».

A Celestino Alfonso y a 21 de sus  camaradas los fusilaron los nazis el 21 de febrero. A la única mujer del grupo, Olga Bancic, la decapitaron en la cárcel de Stuttgar tres meses después.  Antes de su ejecución, Celestino dejó una carta a su familia en la que se declaraba orgulloso de morir por la causa que había defendido, deseaba larga vida a sus padres, expresaba el deseo de que su hijo recibiera instrucción instrucción y recomendaba a su esposa que vendiera la ropa que dejaba para conseguir algún dinero y recogiera en un paquete los 450 francos que había retirado de un banco*.

Los demócratas españoles ya tienen un buen motivo para visitar el Panteón de Hombres Ilustres en Paris. El nombre de un salmantino, desconocido en su tierra, estará grabado allí mientras en su país un gobierno autonómico de una comunidad le niega la posibilidad de ser recordado. Celestino Alfonso es un héroe en Francia y un Nadie en España, aunque no le haya faltado a nuestro Gobierno un ministro para representar allí lo que sigue siendo aquí una deuda y en Aragón un ominoso proceder de desmemoria democrática.


*Fuente: La vie à en mourir. Lettres des fusillés (1941-1944), prologadas por J-J. Goldmann, escogidas y presentadas por G. Krivopissko, con introducción de F. Marcot, Éditions Points – Éditions Tallandier, 2006 [2003], 252-254.

Madrid –

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