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Gustavo Valiente / Europa Press

De jueces y viles garrotazos

Nuestros jueces se han empecinado en derribar una ley de amnistía que aun no ha sido aprobada por el legislativo. Nuestro ridículo judicial europeo solo tuvo parangón cuando se presentó Chiquilicuatre a Eurovisión


Yo creo que el juez Manuel García Castellón debería ya dejarse de chorradas y pedir directamente ejecución por garrote vil para Carles Puigdemont. Se podría celebrar en la plaza de toros de Las Ventas, ahora que los taurinos parecen desanimados y el tendido suele quedar semivacío. Al acto solemne de ejecución de Puigdemont invitaríamos a todos los líderes de Europa, ya que, si están observando con inactiva placidez el genocidio de Israel, no creo yo que se espanten porque apretemos una tuerca en la nuca de un catalán.

La sed irracional de venganza es costumbre habitual entre los seres racionales que ven mucho Antena3 y oyen la Cope, por no poner otros ejemplos, pero nuestra más alta judicatura debería regirse por criterios algo menos intestinales. Quizá alguien debería de advertirle a nuestros jueces, desde el Congreso de los Diputados, que ya se están pasando un poco. Que en España sabemos todos qué es terrorismo y qué no. Que conocimos a Josu Ternera y a José Amedo y a Billy El Niño.

Aquí se construyó nuestra modélica transición entre tiros de ETA, asesinatos de estudiantes, abogados y sindicalistas por bandas fascistas parapoliciales, incluso practicamos el terrorismo de Estado, y ya más tarde los yihadistas del 11-M nos arrancaron el corazón.

El único terrorismo que yo veo en Tsunami Democràtic es este terrorismo judicial que bombardea a diario los intentos democráticos por reconciliar Catalunya. Desde el poder legislativo se debe empezar ya a denunciar esta injerencia criminal del poder judicial. En la disposición primera del artículo 573 de nuestro Código Penal se considera acto de terrorismo el “obligar a los poderes públicos a realizar un acto o a abstenerse de hacerlo”. Nuestros jueces se han empecinado en derribar una ley de amnistía que aun no ha sido aprobada por el legislativo, y ahora se están inventando un maletín de terrorismo de la señorita Pepis para impedir la acción del gobierno. Como en Minority report, exigen condena por delitos imaginados. Por eso creo ya necesario que nuestra clase política empiece de una vez a contarnos, desde la sede de la soberanía popular, que tenemos un grave problema con nuestros jueces. Que se han convertido en un lastre para la democracia. Que se han echado al monte cual maquis de la división azul para disparar contra todo cervatillo que busque soluciones en el prado. Llamarles obstruccionistas me parece poco. Englobarlos en la disposición primera del artículo 573 del CP y acusarlos de terrorismo creo que es más justo: ellos también lo harían por ti. Y es gratis (al menos para ellos).

Andan los fiscales de la Audiencia Nacional y del Tribunal Supremo sumergidos en una profunda discusión sobre si hubo o no terrorismo en el Tsunami, sobre si Puigdemont es o no es terrorista. Muchos jueces y fiscales dicen que sí y otros cuantos que no. Quizá están interpretando muy minuciosamente la ley, pero la impresión que dan es que han perdido el sentido común.

Y siguen adelante a pesar de que tribunales de Alemania, la melónica y fascista Italia, Bélgica, Francia, la pérfida Albión y creo que alguno más han negado las extradiciones de los impulsores del procés porque consideran estupefacientes las requisitorias de nuestros jueces, por decirlo fino. Nuestro ridículo judicial europeo solo tuvo parangón cuando se presentó Chiquilicuatre a Eurovisión. Ningún juez europeo observa terrorismo ni rebelión. Ningún europeo de bien, tampoco. Solo son unos cuantos jueces exaltados españoles a los que no les importa hacer el ridículo por el continente si con ello, aquí en la autarquía española, consiguen para su amada derecha rédito electoral.

Teníamos miedo a la llegada de Vox a las instituciones: Vox ha sido un corderito al lado de lo que está haciendo contra la convivencia y la democracia una amplia facción del poder judicial. Nunca pudo el neofachismo elegir portavoz más comprometido con la causa que Manuel García Castellón. Y sus groupies togadas. Que eran más numerosas y desquiciadas de lo que podíamos imaginar.


Madrid –

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