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Íñigo Errejón — Raúl Lomba / Europa Press / ContactoPhoto

El apurado afeitado de Iñigo Errejón en la noche electoral gallega

La única verdad contrastada de todo este artículo es que la distancia desde el Hotel Peregrinos a la Facultad de Políticas de Santiago de Compostela es de 350 metros, un minuto a pie, según Google Maps


Sumar envió a los medios su agenda de previsiones para el domingo 18 de febrero, avisando de que a partir de las 21 horas estaría “la candidatura de Sumar Galicia” en el Hotel Peregrino de Santiago de Compostela para realizar el seguimiento de la noche electoral. En ese mismo hotel había un huésped vip que, mientras que la candidata estrellada por Yolanda Díaz salía a reconocer con elegancia su derrota y a felicitar al ganador de la noche, permanecía en su habitación dejando sola a la mujer con la carrera política más intensa de la historia. 

En seis meses, de portavoz de un grupo parlamentario en el Congreso a despeñada por la Costa da Morte de las elecciones gallegas para gloria del huésped. Lejos de las expectativas, no es que Lois no fuera a formar parte de un “gobierno de tres patas” con BNG y PSdeG, es que se quedó fuera del Parlamento gallego al no conseguir ni el 2% de los votos. 

Sumar no ha conseguido su primer objetivo, a pesar de que durante toda la campaña estuvieron todos los ministros de Sumar de gira por Galicia bailando junto a Marta Lois, emulando a las míticas orquestas que llenan los pueblos, aldeas y parroquias gallegas de alegría durante los meses de verano. Con permiso del orballo: que no moja, pero empapa.

En la noche fatal, a Marta Lois la dejaron sola frente a las conexiones en directo. No es que Marta Lois en su día a día parezca una verbena gallega, pero esa noche era una Dolorosa del Concilio de Trento. No es para menos. Sola ante el peligro de la prensa y de sus compañeros de partido. O excompañeros, que nunca se sabe. Una derrota electoral humaniza mucho. Menos a Yolanda Díaz e Iñigo Errejón, que no quisieron ser vistos en el lugar del crimen. Si te he visto no me acuerdo, que diría Paquita Salas en Navarrete. 

Díaz se quedó en Madrid para seguir desde su casa la noche electoral. Lo peor de los funerales es el rito de aceptar el pésame y dar besos a primos y vecinos que hace cuarenta años que no ves, a los que no soportas y que encima se sienten con la autoridad que otorga la condescendencia de la pena. Ufana ella, Yolanda Díaz se ahorró el ritual de tener que ver a los parientes dándole el pésame delante de las cámaras de La Sexta. Dientes, dientes, que es lo que jode. El pantojismo siempre es vanguardia.

Luego está Iñigo Errejón, en el papel de hermano que no va nunca a ver a su padre y que se presenta en el entierro a por la herencia. Por extrañas circunstancias no bajó de su habitación para estar al lado de Marta Lois en su Domingo de Dolores. Las Dolorosas procesionan el viernes antes del Domingo de Ramos, pero estos modernos, tan ateos ellos, pero tan rigoristas para los rituales, convierten cualquier día en noche de Dolores. No hay nada menos de izquierdas que el domingo de resurrección. Siempre hay lugar para sufrir un poquito más, incluso para la izquierda fest. Es acabar la temporada de los festivales de música indie y olvidan la alegría y la exaltación de la amistad.

Una derrota electoral humaniza mucho. Menos a Yolanda Díaz e Iñigo Errejón, que no quisieron ser vistos en el lugar del crimen. Si te he visto no me acuerdo, que diría Paquita Salas en Navarrete. 

Llevo pensando desde el domingo qué le pudo pasar a Iñigo Errejón para no bajar al pésame mediático de Sumar junto con su compañera Marta Lois. O excompañera, que ya no sabe uno cómo acertar. ¿Se cortaría afeitándose con la gillete y no bajó porque la sangre brotaba por su cara como si fuera un Cristo barroco? Pero, claro, luego pienso que pensar que Iñigo Errejón tiene una barba difícil de arrastrar es igual de ridículo que si alguien pensara que yo me peino.

Uno, que es un periodista curioso y riguroso, hizo lo que manda la deontología ante estos casos: preguntar. La respuesta me llegó rápidamente, como si estuviera preparada en el argumentario de por las mañanas y como si no fuese al primer periodista ni al último al que se la tiene que enviar el sufrido responsable de prensa de un partido en los días posteriores a un pellejazo electoral.

Llegó la respuesta a mi móvil: “En la rueda de prensa de Galicia salieron la candidata y los miembros de la candidatura, como suele ser habitual en estos casos”. Y entonces me asaltaron otras dudas: ¿para qué pasó el fin de semana Iñigo Errejón en Santiago si no forma parte de la candidatura? Con lo caros que son los hoteles y el poco dinero que tienen los partidos pequeños. Alguna razón importante habrá que a mí se me escapa. Igual durante la campaña ha encontrado el amor o un entretenimiento y el motivo de no bajar a la rueda de prensa fue por un asunto erótico-festivo y no por un corte de cuchilla de afeitar. Ojalá. Mejor gozar que sufrir.

Qué manía tenemos la gente de izquierdas con meternos en la vida privada de los líderes. Eso es el puritanismo del que acusa Alberto Garzón a la izquierda sectaria que no le ha dejado meterse a lobista de Marruecos. Sin ser yo nada de eso. Sea lo que sea, la única verdad contrastada de todo este artículo es que la distancia desde el Hotel Peregrinos a la Facultad de Políticas de Santiago de Compostela es de 350 metros, un minuto a pie, según Google Maps.

Que no se diga que Yolanda Díaz no ha tenido un gesto de coherencia y ternura con Marta Lois, que ya no será diputada, pero la ha dejado cerquita de su centro de trabajo. ¡Viva la ciudad de los 15 minutos! Que no se diga que Sumar no se toma en serio el cambio climático.  


Madrid –

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