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Dani Gago

El feminismo huele a viaje

Los votos que están moviendo las mujeres españolas de todas las edades son como abrir una ventana


Andaba estos días el pérfido periodista de Público Sergio Sangiao preocupando a la gente de bien con algunos datos inquietantes. En su afán perversor de la moral y la paz social, anduvo analizando sondeos del Centro de Investigaciones Sociológicas desde 1987, y ha concluido que los tíos jóvenes son cada vez más fachas y las tías jóvenes se hacen cada vez más rojas.

Por ejemplo: el año pasado Vox recibió el voto del 15,3% de los varones de entre 18 y 24 años, porcentaje que las chicas reducen al 5%. Aunque por menos margen, también hay preeminencia masculina en el voto al PP en esa franja de edad: 19,57 feijóos frente a 16,34% de feijoas.

Al PSOE ya le votan muchas más jóvenas que jóvenes: 26,69/32,3. Y en Sumar sucede lo mismo con un 18,8 contra 23,7. Si hacemos ensalada con los datos crudos, solo el 21,34% de las chicas votan evidentes derechas, frente al 56% que lo hace a la presunta izquierda.

La dialéctica hombre/mujer va cogiendo forma en el diagrama derecha/izquierda y ellas, como siempre, ocupan el espacio más inteligente, más humano y más sufrido.

Aunque el atento lector sabe que nunca fui muy atinado, muchos años atrás escribí que el gran error de estrategia de Podemos fue optar por un liderazgo viril. Y sigo pensándolo. Desde su nacimiento, Podemos perdía la fuerza simbólica que le hubiera otorgado un urgente liderazgo femenino. Eso, al margen de resultados en urnas, ya hubiera supuesto asaltar cielos.

Esta juvenil sexualización de la ideología que cuenta el CIS no solo me da envidia insana por viejo verde y casposo. También me provoca nostalgia. Nostalgia de que no hubiera sucedido entonces. Cuando joven. Ser progre en la España de los 80 era sinónimo de ser feminista, pero en cuanto no había tías delante se te olvidaba el feminismo y te quedabas solo en progre, lo que era una tristeza y explica muchas cosas.

Dicen los sabiólogos de la tele que, tras arrasar en municipales y autonómicas, el simpático tándem Feijóo/Abascal no logró las mayorías necesarias en las inmediatas elecciones generales porque se movilizó mucho el voto femenino en su contra. En cuanto las ilustres damas españolas olieron cómo las derechuzas trataban a la mujer y a la cultura (también mujer) en ayuntamientos y comunidades, despertaron a Lisístrata, aquella que en la antigua Grecia convocó huelga de coños mientras los hombres no detuvieran sus guerras. Feminismo, activismo, no es no y pacifismo unidos ya en tiempos de Aristófanes. Cuántos siglos llevan los más viejos comediantes dictando política contemporánea. Pero la cultura nunca llega a la política o llega tarde. Es el signo de las más poderosas civilizaciones.

Que solo un 21% de las mujeres jóvenes sean del PP y de Vox, y que un 56 se incline por nuestra glamourosa izquierda es ya significativo. Pero es que entre los 25 y los 34 años, el PSOE se lleva el 30% del voto femenino, por solo un 22% masculino. En Sumar la cosa está más igualada con un 19/23, siempre perdiendo los machos.

Ahora que el gélido viento del fascismo vuelve a atravesar Europa, como diría un cursi, estos votos que están moviendo las mujeres españolas de todas las edades son como abrir la ventana de una habitación al puerto. Entran olores a miles de cosas que no sabes discernir. Pero sobre todo huele a viaje.


Madrid –

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Editorial

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