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Diego Radamés / Europa Press / ContactoPhoto

El muñeco apaleado

Defender la democracia es crear las condiciones para que la violencia política sea inútil. El muñeco apaleado es la democracia


El vilipendio, apaleo y destrucción del muñeco de Pedro Sánchez en la puerta de la sede del PSOE en Ferraz concuerda con la rabia de la derecha tras perder la posibilidad de formar gobierno con los resultados electorales del 23J de 2023. Los sectores franquistas y fascistas representados por Vox muestran su cólera salvaje, los sectores antidemocráticos aglutinados en el PP la muestran no condenando sin excusas la violencia de consignas y golpes contra la piñata. Repugna.

El bloque reaccionario, tolerante con la violencia política ejercida contra el independentismo, Podemos y, especialmente, Pablo Iglesias e Irene Montero, lo forman la derecha judicial, la derecha mediática, el Partido Popular, Vox y el rey Felipe VI. La estrategia de acoso que el bloque reaccionario mantiene contra el gobierno de Pedro Sánchez, expulsa del consenso del 78 al propio PSOE, a más de hacer muy difícil un entendimiento de Feijóo con las burguesías vasca y catalana representadas por PNV y Junts.

El Partido Socialista Obrero Español es el pilar de la España monárquica. Felipe VI y su bloque reaccionario no reconocen esta obviedad. Los resultados electorales del 23J y la violencia política del bloque reaccionario, sitúan al pilar del 78 en el pliegue político en el que nunca quiso estar. El PSOE desea seguir siendo un partido pactista con el PP, tanto para reducir la fuerza de la izquierda, por eso potenció Sumar e instigó la operación derribar a Irene Montero, como en asuntos de estado para fortalecer la monarquía, sostener los privilegios del Ibex 35, pertenecer a la OTAN y aliarse con las políticas restrictivas de derechos patrocinadas por el BCE.

El problema del bloque de investidura es la hegemonía cuantitativa en el mismo de un PSOE que, para no ser expulsado del territorio monárquico, busca denodadamente el retorno al bipartidismo con PNV y Junts, sin las izquierdas plurinacionales y sin Podemos. Esa fuerza hegemónica solo puede ser compensada con alianzas estratégicas transversales dentro del propio bloque democrático. Al tiempo que demandar políticas de izquierdas hay que centrar la presión sobre la democratización del estado. La tolerancia con la violencia política escenificada en el ahorcamiento y destrucción del muñeco de Pedro Sánchez significa que la derecha va a por todas.

Tras la investidura no están todos dentro como afirmó en La Vanguardia Enric Juliana, queriendo que su deseo, el deseo de la burguesía y cierta clase media catalana, sea realidad. En España se libra también el combate entre fascismo neoliberal -iliberal le llaman para simplificar- y democracia. Ese combate se dará cada vez con más crudeza porque el capitalismo occidental, en choque contra la geopolítica del dominio de los recursos y los mercados, y contra los efectos de su modelo de producción y consumo sobre las condiciones biofísicas terrestres que hacen posible la vida tal y como la conocemos, no tiene más salida que la coerción mediante el control totalitario de los estados.

Defender la democracia es la prioridad, sin democracia no hay derechos. Arrastrar a esa posición al PSOE es aprovechar, como en el judo, la fuerza que el enemigo ejerce para expulsarlo del régimen del 78, en favor de reformas que fortalezcan la calidad democrática. En lo concreto, los 19 votos que suman Podemos, BNG, EH Bildu y ERC que sirven conjuntamente para defender políticas de izquierdas, si se unen a los 12 que tienen PNV y Junts son 31. Treinta y un votos para buscar la democratización seria de RTVE, para acabar con la ley mordaza, para eliminar del código penal los artículos que limitan la libertad de expresión y, lo más relevante, para advertir al PSOE que no tendrá presupuestos si pacta con el PP en Europa la renovación del CGPJ, en vez de hacerlo dentro del bloque democrático cambiando la ley.

Conseguir que la violencia política sea inútil no pasa por usar el apaleamiento del muñeco de Pedro Sánchez para instigar un debate sobre la libertad de expresión y los delitos de odio. Por ese camino, por la regulación de los límites a los derechos democráticos, acaba siempre ganando la derecha reaccionaria. Defender la democracia es crear las condiciones para que la violencia política sea inútil. El muñeco apaleado es la democracia. Se necesitan reformas legales que construyan empalizadas en su defensa. Hay treinta y un votos en el Congreso para enviar ese mensaje a Pedro Sánchez.


Madrid –

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