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Bandera de Israel en la fachada de la sede de los Verdes de Alemania

El partido de Díaz y Errejón

La unión definitiva entre los proyectos de Sumar y Más País supone la confirmación de la opción estratégica de Díaz por la praxis de «los verdes». Ese es el significado político de la operación —y lo que la hace ideológicamente posible— y eso es lo que representa en el nuevo tablero el partido de Díaz y Errejón


Hace algunos días, podíamos leer en diferentes informaciones periodísticas que Más País —el partido de Íñigo Errejón— ha decidido disolverse en Andalucía para integrar a sus pocos cuadros y su escasa militancia en las filas de Sumar en dicho territorio, y que estaría dispuesto a hacer lo mismo en otras comunidades autónomas. Para las personas que no están en el meollo de la política y que se pierden con tanto lío de siglas, escisiones, fusiones y disoluciones, conviene explicar con lenguaje claro y concreto qué quiere decir exactamente este movimiento desde el punto de vista material y qué significa políticamente.

Empecemos por una descripción objetiva de qué es eso que llamamos Más País para que lo pueda entender todo el mundo. Para ello, no nos queda más remedio que hacer un poco de memoria.

En el segundo congreso de Podemos —llamado Vistalegre II—, Errejón decidió enfrentar su equipo y sus documentos organizativos y políticos contra los de Pablo Iglesias pero sin presentarse él a la Secretaría General, para así poder vender mediáticamente que no se estaba enfrentando a Iglesias en realidad. El plan era dejar a su adversario en minoría en el órgano de dirección y así forzar su inevitable dimisión, pero perdió la votación y los que se quedaron en minoría fueron los errejonistas. Entonces, Iglesias pactó con Errejón que este último fuera el candidato de Podemos a la Comunidad de Madrid en las elecciones autonómicas de 2019 para que así su corriente política pudiera tener espacio y recursos en el seno del proyecto morado; algo prácticamente inédito en la vida interna de los partidos cuando alguien pierde un congreso. A pesar de haber aceptado este acuerdo y de haber seguido construyendo durante meses su perfil político con recursos de Podemos, Errejón hizo público el día del quinto aniversario del lanzamiento de Podemos en el Teatro del Barrio un plan que llevaba urdiendo en secreto con Manuela Carmena desde hacía más de un mes: abandonaba Podemos para fundar Más Madrid y hacer ticket electoral con la entonces alcaldesa; él sería el candidato a las autonómicas y ella a las municipales. El resultado de la operación es conocido: se perdió el Ayuntamiento de Madrid después de un solo mandato y Ayuso se hizo con la presidencia de la Comunidad. Sin embargo y a pesar del desastre, Más Madrid consiguió una respetable representación institucional y se consolidó como un actor político madrileño. Al no repetir como alcaldesa, Manuela Carmena decidió dejar la política activa justo después de las elecciones y al poco tiempo sabríamos que ser un diputado autonómico en la oposición también le parecía demasiado poco a Errejón. Después de la repetición de las elecciones generales en 2019 al no formarse un gobierno de coalición por el veto de Pedro Sánchez a Pablo Iglesias y el intento del PSOE de forzar a Podemos a aceptar una posición subalterna sin apenas competencias en el gobierno, y tras una cena en la que el sociólogo y gurú de la derecha Narciso Michavila y el director de eldiario.es, Ignacio Escolar, insisten a Errejón de que podría sacar un muy buen resultado si se presentaba a las generales, éste decide dar el paso fundando lo que pretendería ser la extensión de Más Madrid al conjunto del Estado: Más País. A pesar de los importantes apoyos mediáticos que recibe durante la campaña, el nuevo partido —que básicamente estaba formado por la visibilidad mediática de Errejón, unas cuantas personas que se habían marchado con él de Podemos en Madrid y un puñado de emprendedores en los demás territorios (casi todos ex-Podemos derrotados en las diferentes asambleas autonómicas)—, saca dos diputados en Madrid y uno más en Valencia, donde habían cedido la totalidad de la candidatura a Compromís.

Esto es lo que fue Más País cuando se fundó y lo que sigue siendo a día de hoy: Íñigo Errejón y un pequeño grupo de personas desperdigadas por todo el país que intentan utilizar la marca para poder conseguir lugares de salida en las listas en las diferentes citas electorales. Más Madrid, sin embargo, es otra cosa. Gracias a los importantes recursos económicos que les da su presencia institucional en la Asamblea de Madrid y en el Ayuntamiento de la capital, Más Madrid sí cuenta con una cierta consistencia como partido y con un importante equipo de trabajadores asalariados y asesores. En el antiguo espacio errejonista, el poder no está en Más País, que es poco más que Errejón, una marca y un cascarón vacío. El poder está en Más Madrid, que es el partido que tiene un buen número de cargos institucionales y, por lo tanto, recursos económicos; y el poder en Más Madrid no lo detenta Íñigo Errejón sino Mónica García.

Delimitada la naturaleza del objeto que se va a disolver, hablemos ahora del lugar en el cual se va a disolver: Sumar.

El partido de Yolanda Díaz es, de nuevo, poco más que el capital mediático de la vicepresidenta, más su equipo del Ministerio de Trabajo y unos pocos ex-Podemos que han decidido explorar nuevos horizontes para intentar consolidar su carrera personal. Respecto de su base militante y más allá de unas pocas personas anónimas que van siendo reclutadas por el equipo de fontaneros de Díaz en los diferentes territorios y que todavía no saben ni siquiera para qué las quieren, Sumar no está ni siquiera constituido formalmente como partido y aún no tiene una asamblea de afiliados, ni órganos, ni documentos políticos y organizativos. A nivel orgánico —a nivel material—, Sumar es muy similar a Más País: una persona conocida con importantes apoyos mediáticos, un pequeño núcleo de confianza de cuadros intermedios y, por lo demás, un cascarón prácticamente vacío a nivel de los diferentes territorios. Por eso, en palabras de una fuente —bastante cruel— consultada en un reciente artículo en El Confidencial, el reciente anuncio de Más País Andalucía de disolverse en Sumar Andalucía sería integrar «la nada» en «la nada».

Es importante mencionar en este punto que esta práctica de simular la existencia de un partido sin que eso vaya acompañado de ningún grupo significativo de seres humanos en su estructura es, lamentablemente, algo muy habitual en política. Es una táctica que se utiliza como tinta de calamar mediática y para conseguir prebendas en las mesas camilla de negociación. Por eso —si se me permite el apunte—, es tan importante hacer primarias: para ver de qué estamos hablando en el caso de cada marca además de sus caras mediáticas.

Simular la existencia de un partido sin que eso vaya acompañado de ningún grupo significativo de seres humanos en su estructura es, lamentablemente, algo muy habitual en política. Es una táctica que se utiliza como tinta de calamar mediática y para conseguir prebendas en las mesas camilla de negociación. Por eso —si se me permite el apunte—, es tan importante hacer primarias

Otra matización que es indispensable hacer para conocer la verdadera naturaleza material del objeto político llamado Sumar tiene que ver con su heterogénea estrategia territorial. Podemos —que sí es un partido de verdad— tiene estructura en todos los territorios, pero Sumar es un cascarón prácticamente vacío en todos ellos y esto Yolanda Díaz lo sabe perfectamente. Por eso, su estrategia para conformar la coalición electoral para las elecciones generales del pasado 23 de julio —diseñada con el arrinconamiento de Podemos como principal objetivo estratégico a cumplir— fue básicamente la de entregar diferentes territorios a actores políticos preexistentes (cualquier cosa menos Podemos) y, a cambio de ello, asegurar puestos para personas de su máxima confianza en aquellas circunscripciones en las que o bien no contaba con un aliado político significativo o bien podía pactar algún puesto si había suficientes para repartir. Así, Díaz entregó la totalidad de los puestos de salida en Aragón a la Chunta y en Baleares a Més, la inmensa mayoría de la candidatura en Catalunya a los Comunes y en la Comunitat Valenciana a Compromís, y buena parte de los puestos de salida en Andalucía al Partido Comunista y en Madrid a Más Madrid/Errejón. Con la mayoría de estos actores, además, Díaz ha establecido un acuerdo de no agresión en las autonómicas; lo que podríamos llamar «el modelo Compromís»: te cedo la práctica totalidad de los diputados en la papeleta de las elecciones generales a cambio de que me dejes algún pequeño hueco y renuncio a crear una estructura territorial de Sumar que pueda competir contigo en las elecciones autonómicas. Es evidente que este modelo sirve también para Catalunya —donde el partido de Díaz son los Comunes y, por eso, no va a crear nada más allí— o para Madrid, donde el partido de Díaz es Más Madrid.

Así, el significado material del anuncio que hemos conocido hace unos días es la consecuencia inevitable de que tanto Más País como Sumar sean ambos cascarones prácticamente vacíos en todos aquellos territorios en los que no hayan cedido por completo —o mayoritariamente— la representación a otro actor. Por supuesto que, en Andalucía, en Murcia, en las Castillas, en Euskadi, en Galicia, etc., Más País se va a disolver en Sumar. Primero, porque sería ridículo mantener dos marcas sin apenas ninguna persona detrás en cada comunidad autónoma donde no existe el modelo Compromís. Segundo, porque esto es lo único que puede poner encima de la mesa Errejón —además de su maltrecho capital mediático— para qué Díaz siga contando con él. Y, tercero, porque, políticamente, Más País y Sumar son básicamente lo mismo.

Después de haber descrito en términos materiales y organizativos la naturaleza de la operación, me voy a referir, para finalizar mi exposición, a esta coincidencia de proyectos políticos sin la cual sería imposible entender también qué es lo que está pasando.

Aunque la continuidad de las diferentes carreras personales puede explicar una parte de las alianzas y de las fusiones en política, no es suficiente una explicación basada únicamente en este elemento. Para que una relación entre dos organizaciones —por pequeñas que éstas sean a nivel de grupos humanos— llegue tan lejos como para disolverse la una en la otra, es evidente que hace falta una coincidencia prácticamente total en los planteamientos ideológicos y de praxis política. Y eso es exactamente lo que ocurre con Más País y Sumar. Aunque sus trayectorias y recorridos han sido distintos —básicamente por ser las trayectorias y recorridos de dos personas individuales—, su manera de enfrentar los problemas que tiene España y su práctica política es prácticamente idéntica. Como ya se ha escrito mucho en Diario Red al respecto, no me voy a extender innecesariamente en ello: estoy hablando de la práctica política de los Verdes Alemanes. Una práctica que entiende «lo verde» como una etiqueta amable para diferenciarse —mínimamente— de la socialdemocracia con el objetivo estratégico de sustituirla en el medio plazo y que se va derechizando progresivamente al entender el juego político como un mercado de demanda; como una operativa en la que hay que aceptar que los grandes medios de comunicación tienen una enorme influencia en la conformación de la opinión pública y, por lo tanto, no se puede tener éxito electoral si uno va en contra de los grandes consensos mediáticos, sean estos asumir la estrategia de la OTAN, enviar armas a Ucrania, pactar con los nuevos liberales —los ya extintos Ciudadanos en España—, no llamar «genocidio» al genocidio que está cometiendo Israel en la Franja de Gaza o renunciar al feminismo más combativo.

La unión definitiva entre los proyectos de Sumar y Más País supone la confirmación de la opción estratégica de Díaz por la praxis de «los verdes». Ese es el significado político de la operación —y lo que la hace ideológicamente posible— y eso es lo que representa en el nuevo tablero el partido de Díaz y Errejón.


Madrid –

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