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Uso del Glifosato

El polémico uso del Glifosato olvida de nuevo al ciudadano

Los lobbies de la Industria Química asienten y se sitúan en contra las Organizaciones Ecologistas y algunos Partidos de Izquierda, mientras los ciudadanos no saben no contestan


El pasado 13 de octubre el Parlamento Europeo no alcanzó la mayoría necesaria, para la prohibición o continuidad del uso del Glifosato, ahora la decisión la deberá tomar la Comisión Europea. Existía un compromiso desde 2017, para revisar la situación del herbicida éste año, tras una prórroga de uso inicial por 5 años. Ésta semana el mismo Parlamento, ha rechazado la reducción del uso de pesticidas al 50 %, que estaba recogida en diferentes programas de la Unión Europea, para luchar contra el impacto de la Emergencia Climática (Pacto Verde Europeo e Iniciativa de la Granja a la Mesa, entre otros).

Todos los Sindicatos Agrarios se han felicitado por la no prohibición, con matices en función de su posición más o menos a la izquierda. Éstos hechos desmontan el mantra, con el que se martillea continuamente a la opinión pública, con la Dictadura Verde de las Instituciones Europeas para hacer desaparecer a los agricultores.

Los lobbies de la Industria Química asienten y en contra las Organizaciones Ecologistas y algunos Partidos de Izquierda, mientras los ciudadanos no saben no contestan. Se supone que estamos representados por los Grupos Políticos del Parlamento, pero el debate que sin duda es de calado y sobre pasa el asunto del glifosato, no ha llegado a la ciudadanía que es quien compra y consume los productos alimentarios. Para los grandes medios de comunicación, tampoco ha sido un tema relevante.

El tema del glifosato, es un buen indicador de las posiciones defendidas por los diferentes grupos de interés en el Sistema Agroalimentario, las posiciones de los grupos políticos y la acción ciudadana. La importancia de su uso en todo el mundo y las polémicas que lo rodean, muestran que las mismas estrategias podrían hacerse extensivos a otros productos, cámbiese glifosato por plásticos de un solo uso, embalajes, abonos, bienestar animal, etc.

Al mismo tiempo, continúan las alarmas sobre su incidencia en la salud de las personas y el medio natural, aunque las agencias como la Organización Mundial de la Salud (OMS) o la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y la Agencia de Protección Ambiental (EPA) no encuentran motivos suficientes para cuestionar el glifosato.

Muchas ciudades del mundo han decidido no usarlo en sus jardines y las alertas por el aumento de problemas de salud en niños y adultos en países de uso muy extendido como Brasil y los USA, siguen llegando. La empresa alemana Bayer ha sido condenada judicialmente en varias ocasiones a pagar indemnizaciones por causar problemas de salud y por último Ecologistas en Acción, en un estudio realizado en 2021 y 22, han encontrado que el 22 % de las aguas superficiales, están contaminadas con glifosato a niveles que impedirían su uso como bebida.

¿Quién lo diseñó y para qué?

El glifosato es un herbicida de amplio espectro activo frente a todo tipo de vegetales, desarrollado por Monsanto Transnacional USA, que hace unos años pasó a manos por la alemana Bayer, para saber más ver El mundo según Monsanto.

El primer objetivo de Monsanto para el uso de éste herbicida (de nombre comercial Roundup) era ofertar a los cultivadores un pack de soja transgénica resistente al glifosato que permitía controlar todas las hierbas competidoras y cultivar año tras año lo mismo en las mismas parcelas (monocultivo). A la soja transgénica le siguieron otros productos transgénicos para las mismas prácticas, como algodón, caña de azúcar, etc. Esta estrategia fue una gran ayuda en las actuaciones de deforestación en los trópicos y la conversión de pastos en cultivos.

Las hierbas competidoras de los cultivos, se han combatido desde la antigüedad con el laboreo, la rotación de cultivos  y el pastoreo. La posibilidad de utilizar un herbicida total evita la necesidad de aplicar esas técnicas, está alineada con la tendencia al monocultivo y la especialización de las explotaciones que obtienen un buen retorno económico. Por ello hay un gran empeño en su mantenimiento por parte de los productores.

El glifosato solo o junto con otros químicos, es el herbicida más usado en el mundo, incluyendo España y Europa y millones de hectáreas de tierras dedicadas a todo tipo de cultivos de productos alimentarios, se riegan todos los años con él.

Una evolución a estudiar, reducir el impacto sobre nuestra salud:

Desde mediados del siglo XX, se ha podido disponer de gran cantidad de Antibióticos muy asequibles cualquiera podía comprarlos y usarlos, tanto en humana como veterinaria. Los llamados antibióticos de amplio espectro, activos frente a los procesos infecciosos más usuales, se usaban profusamente en personas y animales.

Los avisos de la Ciencia, la extensión del nuevo concepto de una salud (one health) con el aumento de Resistencias a los Antibióticos en los microorganismos, consecuencia del mal uso y abuso de los productos, ha cambiado la forma de actuar de profesionales y autoridades. Hoy no se puede comprar antibióticos sin una receta de médico o veterinario y algunos productos se reservan para tratar únicamente a las personas. Se ha informado que las muertes por infecciones, que no responderán a los tratamientos disponibles, será la principal causa de muerte en los países desarrollados.

La legislación también ha cambiado y la presencia de antibióticos en un producto de origen animal (carne, leche o huevos) implica una responsabilidad penal para los responsables, por un Delito Contra la Salud Pública.

Los costos ocultos ¿Falta de información?

La FAO (Food and Agricultural Organisation of the United Nations) desde 1947 publica anualmente un documento sobre el Estado Mundial de la Agricultura y la Alimentación, para orientar a las organizaciones y personas que deben legislar y tomar decisiones sobre el tema. En 2023 añaden el subtítulo de Revelar el Verdadero Costo de los Alimentos para Transformar el Sistema Agroalimentario. El estudio está basado en la Contabilidad de Costos Reales de 154 países del mundo, con datos de 2020.

Es una primera evaluación para cuantificar evaluar en conjunto tanto los servicios como los impactos en el Sistema Agroalimentario.

El montante de los costos ocultos lo estiman en 10 Billones (europeos) de dólares, el 10% del PIB mundial, varía entre países de renta alta, media o baja, tanto en las consecuencias como en el porcentaje de impacto económico.

En el documento se explica que los datos monetizables (producciones, precios de compra y venta, costos de insumos) están bien recogidos en las contabilidades de los países, por el contrario los impactos, no están ni bien definidos, ni hay una forma homologada de cálculo en todos los países. La FAO está comprometida en esa tarea.

Conocemos por ejemplo, los kilos de trigo producidos por hectárea, los costos de producción y los de transformación, los precios de compra y venta y el precio medio de un paquete de kilo de harina en la tienda, lo mismo para otros productos.

Sin embargo no hay acuerdo para dar valor económico, a la contaminación de un acuífero, de un suelo, la alteración de un hábitat de insectos o la salud de personas. Algunos impactos además persisten en el tiempo, por ejemplo el lindano se prohibió hace décadas, pero quedan tierras y depósitos contaminados sobre los que hay que intervenir o las resistencias a los antibióticos, que son consecuencia en buena parte de acciones del pasado.

A veces también una misma acción produce servicios e impactos, por ejemplo abonados que se lixivian y el exceso pasa a las aguas subterráneas.

La existencia de los costos ocultos es en general aceptada, pero al no tener de momento una consecuencia en los precios de los productos, hace que tengamos una percepción de los mismos más de tipo moral, por lo influye menos en el comportamiento de los ciudadanos.

¿Por qué no hay más movilización?

La Emergencia Climática, la contaminación y pérdida de fertilidad de los suelos agrícolas, la contaminación de aguas superficiales y acuíferos por abonos y productos agroquímicos, el exceso de residuos procedentes de la ganadería, el bienestar animal y la pérdida de biodiversidad y polinizantes y las afecciones para la salud humana, llevaron a la puesta en marcha en la UE de diferentes iniciativas legales, para revertir esas situaciones, entre ellos el Pacto Verde Europeo, la iniciativa de la Granja a la Mesa, la nueva PAC con los Eco Regímenes y la Ley de Restauración de la Naturaleza, dentro de la Agenda 2030.

Desde el minuto cero, diferentes Grupos de Interés (lobbies) haciéndose solidarios con la permanente situación de fragilidad de agricultores y ganaderos, han invertido tiempo y dinero en subrayar las consecuencias económicas negativas de tales iniciativas, disminución de la productividad, abandono del campo, ruina y hambre en el mundo, como si el abandono del medio rural y la disminución del número de explotaciones, fuera una tendencia que ha comenzado ahora mismo.

Se pide libertad de actuación, quejándose de las injerencias legales de técnicos y políticos, se pide la retirada de todas las normas conservacionistas y al mismo demandan subsidios públicos, para paliar algunos de los problemas con origen en la Emergencia Climática. En el caso del Glifosato y otros fitosanitarios, se propugna la libertad de uso.

Las agrupaciones de grandes explotaciones e interprofesionales, con intereses en la transformación y distribución, tienen una posición menos beligerante, empleando una semántica donde las palabras crecimiento sostenible, respeto al animal, mantenimiento de la población rural y alimentación de calidad, son omnipresentes, demandando más financiación cubrir posibles pérdidas e inversiones y más tiempo de adaptación.

Las Empresas Químicas de Fitosanitarios, mantienen un mensaje en la UE y otros muy distintos en el resto del mundo, en función de las legislaciones aplicables. Mientras mantienen sus lobbies como Grupo Renovación del Glifosato, Consejo Europeo de la Industria Química trabajando a tope en Bruselas para retrasar la aplicación de las normas, juegan un nuevo rol ante la opinión pública sobre el uso imprescindible de los químicos para la nueva agricultura.

El Parlamento Europeo que no tiene mayoría verde ni de izquierdas y por ahora son los únicos que defienden la aplicación completa de las normas, son el 19,57%. Las derechas que defienden las posiciones más cercanas al negacionismo climático son el 53,33% y hay un gran grupo que no se pronuncia. En la última votación para aplicar la reducción del uso de pesticidas al 50 % a la que nos comprometimos para 2030, el 49,70 % votó en contra y hubo un 19,30% de abstenciones, como si hubiera miedo a pronunciarse.

La participación de la ciudadanía, imprescindible para poner las cosas en su sitio

La situación es pues esquizofrénica, mientras el debate sobre el futuro se hurta de nuevo a la ciudadanía a la que solamente llegan mensajes, en un totum revolutum que no permite un buen análisis, los otros sectores implicados juegan sus cartas.

Los ciudadanos somos los clientes que van a consumir los alimentos y pagan y pagarán con sus impuestos cualquier impacto negativo. Debemos pues ser informados con todo lujo de detalle, para que podamos decidir con los votos tanto en las elecciones como en el consumo.

Es difícil entender que tanto las organizaciones de agricultores y ganaderos como las interprofesionales, no se alíen más con los ciudadanos para informar, debatir y acordar qué y cuándo hacer, invocando siempre el principio de precaución.

Ha habido suficientes muestras en décadas anteriores, de la presión de las Industrias en las decisiones políticas “informes científicos mediante” fabricados a medida y que se demostraron falsos, como para no ser desconfiados.

El caso del Glifosato, está mostrando es misma manera de proceder de todos y nos tiene que servir de enseñanza como ciudadanos para tomar posición y actuar en éste y otras situaciones similares.


Madrid –

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