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Elecciones argentinas – ¿Podría Milei disparar a gente en la avenida de Mayo y no perder votos?

Aunque Massa —el candidato del peronismo— y la racionalidad política se beneficien ahora del histrionismo de Milei, que ha hecho de oponérsele un proyecto existencial en si mismo, la tarea de la izquierda seguirá pendiente en Argentina


La Plata, Argentina, 15 de septiembre. En el epicentro de una multitud enfervorecida un hombre saca una motosierra y  la blande ante el público mientras la enciende entre alaridos. Es Javier Milei, el hombre que el próximo domingo 19 podría llegar a la Presidencia de la República.

La imagen recuerda a otro hombre de similar pelambrera alborotada. Aquel hombre estaba en Iowa, EEUU, cuando un 28 de enero de 2016, siendo candidato presidencial, decía:  “Podría disparar a gente en la Quinta Avenida (de Nueva York) y no perdería votos”. Aquel candidato era Donald Trump.

Discurso inflamado y estética de indomabilidad. Trump y Milei, Milei y Trump.

Javier Milei es un personaje imposible. Solo en esta extraña época en la que la política se vive como si se tratara de una serie de Netflix podríamos encontrar un personaje que más bien parece un exagerado villano de Marvel.

Javier Milei ha propuesto un libre-mercado de compra venta de órganos, “Mi primera propiedad es mi cuerpo, ¿por qué no voy a poder disponer de mi cuerpo?» dijo el candidato; en otra ocasión Milei calificó al papa Francisco de “imbécil” y lo calificó como “el representante del maligno en la Tierra”; el candidato afirma también que “el calentamiento global es una mentira” y pretende que los hombres puedan renunciar a la paternidad y a las obligaciones de mantener a sus hijos. Una de sus candidatas -Lilia Lemoine- se preguntaba en campaña por qué «un hombre debe hacerse cargo económicamente de una criatura cuando no la quiso tener».

Milei, como buen personaje imposible, tiene una vida imposible. Durante años convivió  con 5 enormes mastines en un piso de Buenos Aires. Sus mastines son animales diseñados mediante ingeniería genética, clones de “Conan”, un mastín original de Milei, fallecido en 2017. Milei afirma que habla con Conan a través de un médium y que su perro le ha comunicado con “el número 1” —así llama Milei a Dios—. Fue éste Dios quien —según Milei— le encargó hacerse con la presidencia de Argentina en 2023.

Tras la muerte de Conan, en un giro más del guion imposible, Milei remodeló su amplia vivienda de Buenos Aires eliminando todas las paredes. El objetivo era poder encadenar a los enormes perros a una distancia suficiente entre ellos que evitara que pudieran atacarse. Un buen día el propio Milei tropezó, cayó y al hacerlo invadió el espacio vital de uno de los perros que lo agredió. Aquel día acabó en el hospital.

Este es Milei. El hombre que podría salir a la Avenida de Mayo —la principal arteria de la capital argentina—, disparar a la gente y no perdería votos. Milei es hoy, según todas las encuestas,  un candidato con serias opciones de hacerse con la presidencia de Argentina.

Con un discurso ultraconservador, enemigo acérrimo del feminismo y de la ecología, su principal propuesta política es la dolarización y la eliminación del Estado. Milei no propone una transición o reformas, propone un reset al sistema, una revolución ultraconservadora.

Como en toda coyuntura política no hay respuestas fáciles o cerradas para explicar un problema complejo y de aristas múltiples y sin embargo algunos elementos nos dan pistas para entender el fenómeno Milei en Argentina.

En primer lugar es preciso constatar que el corazón del electorado de Milei son hombres jóvenes. ¿Por qué los jóvenes serían proclives a apostar por semejante personaje? Votar a Milei es claramente una actitud cuando menos temeraria pero no está desprovista de cierta lógica en un país en el que la situación económica le ha negado el futuro a muchos jóvenes, un país en el que la inflación devalúa no sólo el ahorro sino la propia apuesta de inversión educativa de unos jóvenes que ven cómo su apuesta vital central, la acumulación de capital cultural mediante el estudio, puede llegar a ser inútil en un país que lleva ocho años en crisis permanente.

Aún así, crisis mediante, Milei es demasiado. ¿A qué responde que los jóvenes sean tan “temerarios” como para llegar a votarle? Si acudimos a la ciencia, hoy día son muchos los científicos que sostienen que la adolescencia actualmente dura hasta los 24 años, antes se solía pensar que se extendía hasta los 19 años. En una publicación reciente de The Lancet sus autores señalaban como ejes del cambio del inicio  de la adultez la extensión de la educación, el retraso en el matrimonio y la paternidad. Entre los argumentos biológicos situaban que los seres humanos y su cerebro continúan madurando más allá de los 20 años, lo  que se ejemplifica en que en muchas personas las muelas del juicio no aparecen sino hasta los 25 años.

Si sociológicamente la adolescencia se ha prolongado, con ella se han prolongado actitudes que -según algunos de los autores referenciales de la adolescencia  como Stanley Hall o Erikson- les son propias, como la sensación de invulnerabilidad y el egocentrismo. Los valores del neoliberalismo ultra-individualista imperantes en la aldea global coadyuvan a ese narcisismo.

Por otro lado la lógica temporal inmediatista de las redes sociales aceleran aún más si cabe la corta caducidad de las experiencias de la juventud y aumentan el anhelo de vivencias cada vez más intensas y arriesgadas. La aceleración es ya un lugar común de nuestra época.

La juventud es también una época de definición de la propia identidad. En la adolescencia se abandona la identidad prestada de la infancia y se transita de la fase de identidad moratoria —una época de búsqueda de la identidad— hasta el logro final de identidad. Las crisis —storm & stress dirá Hall— no son ajenas a este periodo y es habitual que en el proceso de autoafirmación en la nueva identidad se busquen elementos definitorios duros y contrastes fuertes.

La propuesta de reset sistémico ultra-individualista y temerario que propone Milei parece encajar bien con el arquetipo social que dibuja este modelo.

No obstante lo dicho, es preciso destacar por qué  el fenómeno Milei ha impactado en mucho menor medida en las mujeres jóvenes. Lo cierto es que la fuerza del feminismo como identidad alternativa a ultraliberalismo de Milei es hoy la principal esperanza para derrotarle

No obstante lo dicho, es preciso destacar por qué  el fenómeno Milei ha impactado en mucho menor medida en las mujeres jóvenes. Lo cierto es que la fuerza del feminismo como identidad alternativa a ultraliberalismo de Milei es hoy la principal esperanza para derrotarle. Sin el horizonte constructivo del feminismo y  su capacidad para constituir identidad en positivo -también para los hombres pero sobre todo para las mujeres-, el apoyo a Milei de este sector de la juventud habría sido definitivo para volcar los resultados a su favor. Las  mujeres jóvenes son el muro que frena la revolución conservadora que propugna Milei.

Termino con un apunte. Milei y lo que representa no habrían sido posibles sin la derrota ideológica y política de la izquierda en el último gobierno. Alberto Fernández abandonó la batalla ideológica y aceptó -más o menos a regañadientes- los dictámenes económicos del Fondo Monetario Internacional. Al hacerlo dejó sin proyecto político —porque el del peronismo gobernante dejó de ser el suyo— a las clases populares. Al mismo tiempo dejaba sin horizonte que defender a las izquierdas argentinas que han vivido toda la legislatura en la diatriba imposible de tener un pie en el gobierno y otro en la oposición.

Aunque Massa —el candidato del peronismo— y la racionalidad política se beneficien ahora del histrionismo de Milei, que ha hecho de oponérsele un proyecto existencial en si mismo, la tarea de la izquierda seguirá pendiente en Argentina. Si este domingo se salva esta bola gol y el candidato que quiere eliminar el Estado de bienestar pierde, seguirá pendiente la tarea de construir un horizonte transformador ilusionante. Solo así podrá recuperarse a medio plazo el apoyo de los jóvenes y los no tan jóvenes.


Madrid –

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